Luis Racionero (El Mediterráneo y los bárbaros del Norte)


En el siglo XX el bárbaro está dentro de la sociedad ocupando los estratos del hombre medio. El paso de estos <<primitivos>> resignados hasta el siglo XIX a bárbaros, es la rebelión de las masas, anunciada por Ortega hace medio siglo.

En la decadencia de Occidente el bárbaro destructor no es una raza exterior invasora sino un proletariado interno que exige sus derechos: la clase no privilegiada invade los espacios y estilos de la vida reservada a la élite del acien régime. No hay movimientos de pueblos sino movilidad social; la savia nueva de esta barbarie contemporánea es el pop art, los mass media y el consumo de masas. Se habla de una nueva Edad Media. No se vea en este análisis una censura contra el legitimo derecho del hombre medio por acceder a los privilegios de la élite: es una constatación de los hechos y del enorme problema que se plantea. Resulta imposible acomodar las demandas de la rebelión de las masas dentro de las estructuras mentales y económicas del siglo XIX aún vigente hoy. Ahí radica el problema crucial de nuestro tiempo: o se sojuzgan las masas cosa que ya se intentó en los fascismos, y que no me parece recomendable, o se cambian las estructuras mentales y económicas para disolver las masas en individuos con personalidad.

Georg Brandes (Nietzsche - Un ensayo sobre el radicalismo aristocrático)

La enfermedad penosa, dolorosa, que comienza a manifestarse cuando tenía treinta años de edad y que durante largos periodos le obliga a una existencia de eremita, lo desprende de todo romanticismo y lo libera de decadencias venerables. Ella lo aleja radicalmente del pesimismo, al que condena en este pensamiento altivo <<El que sufre no tiene derecho de ser pesimista>>. La enfermedad lo hace filósofo en el sentido estricto de la palabra. Su pensamiento, ávido de investigaciones, se interna en los senderos prohibidos: esto es considerado como un valor. ¿ No se podría decir lo contrario? ¿Es esto considerado como un bien ¿ No es más bien un mal? ¿Pero sería pretender que el diablo lo sea igualmente? ¿No estamos nosotros equivocados? ¿ No somos engañadores y engañados todos?
Entonces de la larga enfermedad nace el deseo apasionado de la salud y de la alegría que acometen al convaleciente frente a la vida: la luz, el calor, la alegría y la libertad de espíritu y horizontes de pensamientos, visiones de auroras nuevas, de fuerza creadora, de poder poético. Y entra durante largo tiempo en el estado de noble orgullo y de éxitos, fenómenos concomitantes de la actividad creadora.

Rafael Echeverría (Antología del lenguaje)

Kairós, para los griegos, era aquel momento del tiempo oportuno, del tiempo adecuado, de la ocasión en que la posibilidad se manifiesta en la temporalidad para luego desaparecer en ella. A través del káirós, se reconocía que el valor de una acción se realizaba en el tiempo y que no todo tiempo es igual. A veces se actúa demasiado temprano, otras veces demasiado tarde. Pero también algunas veces se actúa en el tiempo justo o correcto. Para referirse a este último, los griegos acuñaron el término kairós.
Kairós era un término habitualmente utilizado por los atletas para referirse a aquel momento en el que se les daba la oportunidad de realizar un determinada acción. En el deporte del tiro al arco, por ejemplo, se lo utilizaba para referirse a la apertura u oportunidad para disparar, al cilindro por el cual la fecha tiene que pasar en su trayectoria hacia el objetivo.
El mismo término también era usado por los corredores de carros de caballos para referirse a aquel momento en el que se les abría un espacio para adelantar a su contrincante. Durante buena parte de la carrera los corredores sabían que no podían sino mantenerse atrás de aquel que había tomado la delantera. Pero muchas veces surgían momentos en los que se producía una apertura, una oportunidad, para acelerar los caballos y pasar delante. A tales momentos los llamaban kairós.

Hans Sedlmayr (La Revolución del arte moderno)

En el afán de pureza de las artes, tal como lo ha entendido el arte moderno, se oculta de forma inadvertida algo del espíritu de la ciencia moderna. Los <<elementos puros>> de la química, las <<línea puras>> de la evolución, la <<lógica pura>>, son tan sólo algunas manifestaciones concretas de ese espíritu. Y no cabe ninguna duda de que la ciencia moderna debe agradecer quizás la mayor parte de sus enormes éxitos a esa capacidad para aislar materias, elementos y fenómenos y representarlos de forma pura. Pero dicha pureza es ajena a la esencia del arte. En cuanto la acepta, el arte ya se encuentra en vías de conformarse con un ámbito inferior.

Fernando Pessoa (El banquero anarquista)


Las injusticias de la Naturaleza, ésas, no las podemos evitar. Pero las de la sociedad y sus convenciones -éstas, ¿por qué no evitarlas? Acepto -no tengo otro remedio -que un hombre sea superior a mí gracias a los dones de la Naturaleza -el talento, la fuerza, la energía; no que sea mi superior por cualidades bastardas, con las que no salió del vientre de su madre, sino que fueron dadas por arte de birlibirloque desde que puso el pie en este mundo -la riqueza, posición social, la vida fácil, etc. De la rebelión motivada por estas consideraciones surgió mi anarquismo de entonces -el anarquismo que, como le he dicho, mantengo hoy sin la menor alteración. 

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<<Lo peor de todo es que aún no existe un sistema que pueda considerarse intermedio entre el capitalismo y el anarquísmo, no ya que sea superior en materia de libertad al capitalismo, sino que al menos le iguale. El socialismo y el capminísmo se basan en la idea de igualdad, pero desprecian la de libertad. Son peores que el sistema burgués, que al menos, al basarse en el individualismo, se basa indefectiblemente en algo que contiene en germen la libertad. El socialismo y el comunismo vuelven al Estado omnipotente, y a los hombres iguales bajo ese monstruoso Rey Absoluto, que ni siquiera tiene un cuerpo al que poder matar. Con el socialismo y el comunismo el burgués pierde y el trabajador no gana. El burgués pasa a ser esclavo, cosa que antes no era; el obrero, igual por fin al burgués. continúa siendo, bajo distinto amo, el esclvo que siempre ha sido. En el sistema burgués un trabajador siempre puede, gracias al trabajo o a la suerte, o a cualquier otro motivo, conseguir un dinero, ir subiendo, incluso llegr a disponer de cierto grado de libertd -la libertad que puede dar el dinero. En el régimen socialista o cumunista no hay esperanza. Es la perfecta realización del infierno en la tierra, y en el infierno, según parece, todo el mundo es igual.
<<Comprenderá que yo no pueda aceptar el socialismo y el comunismo, en ninguna de sus distintas manifestaciones, como paso hacia el anarquismo, por la simple razón de que andar hacia atrás no es la forma más sencilla de ir hacia adelante. Lo cierto, amigo mío, es que el socialismo y el comunismo son regímenes de odio, y dicho sea en abono de la humanidad, los regímenes de odio no pueden durar.
¿- Regímenes de odio?
- El objetivo del socialismo y el comunismo no es elevar al trabajador, sino rebajar al burgués. El trabajador se queda como estaba, cuando no peor, como ya se ha dicho. Lo que pierde el burgués no lo gana el obrero.El anarquísmo, por el contrario, es un régimen de amor, y nadie desea ver sojuzgado a quien ama.
- De acuerdo, comprendo. Pero ¿ no habrá otro tipo de sistema intermedio, realmente intermedio, entre el capitalismo y el anarquísmo?


Arthur Schopenhauer (Manuscritos Berlineses) Sentencias y aforismos


La pluma es al pensamiento lo que el bastón al caminar; sin embargo, el paso más ligero se da sin bastón y el pensamiento más cabal tiene lugar sin pluma. Ahora bien, cuando uno empieza a envejecer necesita tanto del bastón como de la pluma.





* Arthur Schopenhauer (Diarios de viaje)

Antonio Tabucchi (Sostiene Pereira)

Y en ese momento a Pereira le vivo a la cabeza una frase que le decía siempre su tío, que era un escritor fracasado, y la repitió. Dijo: La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parece ocuparse sólo de la fantasías, pero quizá diga la verdad.

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