La libertad no nace del poder, sino del juicio de los hombres. Pensar por uno mismo es la primera forma de resistencia.
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14. 2.- Desde la segunda fase de la gran guerra civil europea del siglo XX, una guerra de perspectivas —cuya etiología hay que buscar en la contrarrevolución soviética—, devenida más completamente mundial, la derecha y la izquierda han convergido finalmente en el consenso político: la conspiración de los partidos consensuados contra las libertadas en lugar del partido único de los regímenes totalitarios. «El consenso, decía Philippe Muray, ha desplazado al comunismo, porque por fin lo ha realizado». Es el comunismo por arriba. En efecto, la sovietización no terminó con la implosión de la URSS. El bolchevismo —el jacobinismo modernizado por Lenin—, declaró la guerra a la humanidad armado con el Estado, contagió al mundo entero y, como decía Borges, uno termina pareciéndose a su enemigo. El consenso político es una nomenklatura tecnocrática economicista semejante a la soviética, que consagra las distopías de Huxley y Orwell como los mejores manuales de teoría del Estado o del gobierno.
14. 3.- Otros aforismos de Gómez Dávila ayudan a entender, porque son reaccionarios, el Premio, el Centro Diego de Covarrubias y la tradición liberal que representan: «solo el pensamiento reaccionario, aclara el escritor colombiano, no lleva el estigma ideológico, porque es desnuda y franca defensa del privilegio de la diferencia». Al reconocer y defender las diferencias que suscita la libertad, «escapa el reaccionario a la servidumbre de la historia [el historicismo], porque persigue en la selva humana la huella de pasos divinos». Gómez Dávila describe así la figura del reaccionario: «Ser reaccionario es defender causas que no ruedan sobre el tablero de la historia, causas que no importa perder. Ser reaccionario es saber, que solo descubrimos lo que creemos inventar; es admitir, que nuestra imaginación no crea, sino desnuda blandos cuerpos. Ser reaccionario no es abrazar determinadas causas, no abogar por determinados fines, sino someter nuestra voluntad a la necesidad que no constriñe, rendir nuestra libertad a la exigencia que no compele; es encontrar las evidencias que nos guían adormecidas a la orilla de estanques milenarios. El reaccionario no es el soñador nostálgico de pasados abolidos, sino el cazador de sombras sagradas sobre las colinas eternas».
28.- La política liberal se diferencia de la cratológica en que no es coactiva sino curativa, medicinal, equilibradora de los cambios que provoca la libertad. Y de la utópica, en que se atiene a la realidad histórica, al presente.
28. 1.- La techkné politiké, el descubrimiento griego «el arte de gobernar a los hombres libres» (Aristóteles), cuida farmacológicamente de los cuerpos políticos, las poleis entre los griegos, las naciones en Europa, imitando a la medicina. Una idea probablemente de origen egipcio, reforzada por el cristianismo con la confesión sacramental que sana el alma de los cuerpos individuales. Su finalidad consiste en mantener el orden espontáneo del cuerpo político regulado por su propio Derecho encarnado en los usos y las costumbres, a través de los cuales lo descubre el juez en cada caso concreto. Pues el auténtico Derecho es, como el romano, el de los juristas, tradición conservada en el iuris commnis o common law anglosajón, extraído de la realidad social.
28. 2.- Esta concepción del Derecho es muy distinta de la de los legisladores, que, en vez de respetar el Derecho, lo instrumentalizan para satisfacer los fines del poder y, en último análisis, para adaptar el orden social natural y espontáneo al artificioso orden estatal. El mismo common law apenas se conserva formalmente. Los gobernantes proceden de la democracia de las mayorías, que impresionan también a los jueces, que, idealizados y armados con los derechos humanos, son uno de los mayores peligros para la libertad en los mismos países anglosajones. «En nombre de la nueva religión de los derechos del hombres, el principio sagrado de la "no discriminación" afirma la tiranía del juez y de las minorías. Y a esto se le llama con énfasis, "Estado de derecho"».
28. 3.- Jueces, hombres públicos en principio honrados y la gente normal e ingenua, presionados por las mayorías, reales o inventadas por los media, los lobbies y los grupos que se presentan como sus representantes o sencillamente por los demagogos e impostores que pululan siempre en torno al poder, aceptan fácilmente los «valores» de los intereses y opiniones capaces de acceder a los pasillos del poder y de las ideologías. Utilizando las leyes como armas, adaptan los usos, las costumbres a las conveniencias estatales, que suelen coincidir con la herejía secularista o laicista.
28. 4.- La explicación inmediata del estado de cosas, es la revolución contracultural de mayo del 68, colofón de la revoluciones francesa y soviética, con el que comenzó la gran desintegración de las sociedades. El 68 ha vencido y está en el poder, dice Eric Zemmour. «Un poder que pretende ser rebelde. Y que siempre tacha a sus opositores de conservadores. Cuando, la verdad sea dicha, los conservadores son ellos». Tan conservadores, que Zemmour es optimista: cree que se está gestando la revuelta. La revuelta, si se produce, ¿enterrará definitivamente las dos grandes contrarrevoluciones? Wait and see.
29.- El liberalismo auténtico reconoce son reservas, que las sociedades son conflictivas y no las condiciona. Parte de que las libertades, nunca se insistirá tanto bastante, son previas a los derechos, cuya función consiste en protegerlas o ordenarlas en caso de conflicto. No pretender controlar, rehacer o transformar la vida espontánea, natural: los hábitos, las costumbres, los usos, en definitiva, las tradiciones, «el sufragio universal de los siglos» (Vázquez de Mella), «la democracia de los muertos (Chesterton). La política liberal confía en el hombres. Deja vivir «habitualmente» a las personas individuales, las familias, a los pueblos y a las naciones, personas colectivas, de acuerdo con sus creencias, costumbres y tradiciones de la conducta. «Es muy mala política, prevenía Montesquieu en El Espíritu de las leyes (XIX,14), cambiar por medio de las leyes lo que debería ser cambiado por las costumbres».
El auténtico liberalismo político no «legisla». Se milita a declarar y cuestionar el Derecho, cuya función no consiste en servir de instrumento a la voluntad de poder para imponer la tiranía de los valores o un orden nuevo inventado como mejor; u óptimo si está libre de conflictos. En el primer caso se suspende provisionalmente la libertad ad kalendas; en el segundo, se mata la libertad.

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