Pedro Insua (Salamanca, capital del conocimiento) El faro de las ideas del Imperio español (1492-1550)

 PRÓLOGO

TOMÁS DE AQUINO EN SALAMANCA
Y LA EMANCIPACIÓN OCCIDENTAL DE LA RAZÓN

El que tengo a mi diestra de vecino
Fue mi hermano y maestro: él es Alberto
De Colonia, y yo soy Tomás de Aquino.

DANTE ALIGHIERI

Dios salva a la razón y Alá la condena

«Aristóteles sin Tomás es mudo» dijo Pico de la Mirandola. Y en efecto, Aristóteles habló, en cristiano, a través, curiosamente, del «buen mudo», según el apodo que se ganó Tomás de Aquino en Colonia, cuando era alumno allí de Alberto Magno. Con el (re) descubrimiento occidental de Aristóteles, en los siglos XII y XIII, la concepción cristiana del mundo, de la ciencia y de la política da un giro radical, fundamentalmente a través del tomismo, que traduce, esto es, interpreta pro domo sua, de un modo sistemático y convincente (doctor communis será llamado santo Tomás) al Estargita. Sin embargo, el Aristóteles islámico enmudeció para siempre tras la muerte de Averroes, sin apenas trascendencia en al ámbito musulmán: «El pensamiento islámico eliminó de su reflexión teológica, política y jurídica el logos griego», afirma Gougenheim.

A partir de ese momento, la filosofía de raigambre helénica comenzó a rodar como un espectro en el mundo islámico («una sombra de doctrina», dice Ibn Jaldún), inmicible, sin efectos sobre el plano político, moral o metafísico del mundo islámico. Las suras eternas y divinas del Corán, dictadas por Alá el profeta, prevalecieron como «palabra descendida» frente al logos griego, siempre mirado con recelo, cuando no con hostilidad, y bloquearon cualquier posibilidad de filtrado de la razón si no era al servicio del dogma islámico.

Así, ya en el siglo XIV, Ibn Jaldún considera contrarias a la ley religiosas las ciencias que califica de «racionales» o «filosóficas», entendiendo incluso que su influencia sobre el islam fue nefasta y reivindicando, además, explícitamente las posiciones de Alghazel al respecto. El título del capítulo XXIV, del libro VI, en donde tematiza este asunto, es suficientemente elocuente de la hostilidad que muestra Ibn Jaldún hacia la filosofía: «La filosofía es una ciencia vana en sí misma y nociva en su aplicación». Lo único aprovechable es la lógica, dice, que ayuda a agudizar el ingenio, porque las cuestiones naturales (la física) no tienen ningún interés para el creyente musulmán, así que, incluso a decir de Ibn Jaldún, «es un deber para nosotros desatenderlas».

El legado filosófico árabe quedará así completamente fuera de juego, en el ámbito del dar-al-Islan (de la casa del islam), congelado en el tiempo medieval, estrangulado por la ortodoxia islámica, que pone a la razón al servicio de la fe para preservarla de «las perturbaciones de los innovadores», dice Alghazel. Y es que, frente a la palabra eterna de Alá, cualquier innovación es sinónimo de herejía. La razón solo sirve de guardiana del dogma, de la palabra coránica increada, que, también es la ley. Porque el islam, además de una ortodoxia es, sobre todo, una ortopraxia, convertida en la Ley (la sharía), de consecuencias políticas transcendentales en la actualidad, con cientos de millones de fieles sometidos a ella.

América como prolongación de la victoria tomista y crisis del kemalismo.

Y es que, sin duda, uno de los principales terrenos en el que fructificó en Occidente la influencia de Aristóteles es en el de la política. De nuevo, la integración del aristotelismo político en el cristianismo, a través del tomismo, va a ser decisiva en el desarrollo de Occidente, en contraste con el islam. 

Santa Tomás defendió, también para la razón política, la independencia de la razón respecto a la fe, y esto, en cuanto el tomismo se embarque en la empresa imperial española, desde el puerto universitario de Salamanca (la Suma teológica desplazará aquí, en la Universidad de Salamanca a las Sentencias de Pedro Lombardo como manual de introducción a la teología), y surque los océanos, va a ser definitivo en la manera de orientar la acción de España en las Indias. La victoria tomista va a tener un alcance ya intercontinental, a partir del siglo XVI, desbordando el ámbito mediterráneo, en que se desenvolvía la disputa —la guerra— entre cristianismo e islam. Aquello que decía Renán, de nuevo en su Averroes y el averroísmo, de que «el siglo XVI no ha tenido un mal pensamiento que el siglo XIII no lo haya tenido antes que él», cobra aquí un sentido casi literal.

La idea del zoon politikón aristotélico trasladada a América por los españoles, en la consideración  tomista (frente al agustinismo político) de que es la razón, y no la fe, la que legitima los títulos de dominio de una sociedad sobre el territorio, es la que definió la norma imperial española en las Indias (su «lucha por la justicia», dicho por Lewis Hanke). No es la fe cristiana la que legitima un buen orden político, de tal modo que el indígena americano no pierde, por su condición pagana (infiel), sus títulos de propiedad sobre el territorio. La conservación de los reinos de las Indias, su no aniquilación, es consecuencia directa de esta visión laica («natural») del poder político que se desarrolló en Salamaca como una prolongación del tomismo político. América no fue un territorio de guerra —de guerra santa, cruzada— contra el pagano porque el tomismo, al balancearse en favor de la racionalidad como facultad independiente, sirvió de protección a la población indígena. «La diversidad de religión no justifica la guerra», diría Vitoria, casi como divisa que se podría enmarcar en piedra, a propósito del enfoque de la labor de España en las Indias. 

En contraste con ello, el islam, sin un Tomás de Aquino que haya elaborado una concepción laica del poder político, concibe al resto del mundo no islámico como «casa de la guerra», dar-al-Harb, y el único trato con el infiel, prescrito por el Corán, es el de su destrucción («combatidlos hasta que no exista disidencia y sea toda la religión la de Dios», dice el Corán). El propio Averroes defiende, en El libro del «Yihâd», que todos los politeístas han de ser combatidos». En este sentido, no es difícil imaginar qué hubiera sucedido en América si el derrotado hubiera sido santo Tomás. 

El derecho (fiqh), y por lo tanto la justicia, en el área de difusión musulmana siguió siendo una especialidad enteramente islámica, ceñido a la órbita del hierocratismo trazado por el Corán, la sharía y los hadices. El kemalismo (la idea de un Estado laico), creado en Turquía tras la caída del Sultanato, al termino de la Primera Guerra Mundial, ha sido un fenómeno de corta duración, hoy en día totalmente en crisis, puesto que en el islam todo se termina atrincherado teocráticamente en torno a la literalidad de la letra coránica.

Así que, de algún modo, el descubrimiento y conquista de América es una prolongación del triunfo de santo Tomás sobre Averroes, representado en Santa María Novella. El expansionismo oceánico católico, inaugurado por el viaje colombino, corre, impulsado por el racionalismo tomista, en relación de proporción a la contracción del mundo islámico impermeable a la filosofía y las ciencias modernas, que va languideciendo hasta convertirse en ese «hombre enfermo de Europa» (en expresión atribuida al zar Nicolás I, en referencia al Imperio otomano), que gira fanáticamente al alrededor del Corán. El dinamismo occidental hunde sus raíces, pues, en esa ventana abierta a la razón, y su compatibilidad con la fe cristiana, que proporciona la obra de santo Tomás de Aquino en contraste con el estancamiento de la cultura islámica, y su cierre de filas dogmático alrededor del Corán. 

Insua, Pedro (1492 España contra sus fantasmas)

Juan Jesús Mora Molina (La Ilustración Oscura) Y si la democracia fuese un error?

Prólogo

Las grandes alternativas a la democracia liberal quedan sepultadas en el siglo XX. El fascismo es derrotado en 1945 y el comunismo soviético se desmorona en 1991. Desde entonces se decreta el «fin de la historia» con el triunfo del liberalismo. El mundo asiste a la combinación de libre mercado, democracia y derechos humanos como horizonte insuperable. Sin embargo, aun cuando este sea el discurso dominante, emergen enérgicas fuerzas opositoras a la democracia liberal, sobre todo tras la crisis económica de 2008 y la pandemia del COVID-19. 

A comienzos del siglo XXI, surge en la blogosfera un grupo transgresor que se posiciona contra las narrativas progresistas dominantes. Algunas de estas ideas circulan previamente en determinados entornos universitarios de primer nivel. Estudiantes y jóvenes intelectuales editan publicaciones y revistas críticas con la democracia, el igualitarismo y la razón ilustrada. Se expande la idea de que no merece la pena reformar la democracia liberal, al ser el mayor ejemplo de ineficacia, caos y decadencia. Modernidad y liberalismo solo ocasionan degeneración y corrupción, por lo que deben ser erradicados en el futuro.

Al nuevo escenario político se diseñará utilizando la revolución tecnológica: inteligencia artificial, criptomonedas, secesión digital o gobernanza tecnocrática. En definitiva, la libertad se ha convertido en un problema, hay que suprimirla.

Esta nueva corriente de pensamiento recibe diversos nombres, entre los que destaca el de «Ilustración Oscura», también conocida como «neorreacción» o «NRx». En la actualidad, la Ilustración Oscura no es una ideología de alcance reducido. Se alimenta del desencanto frente a las promesas de prosperidad incumplidas por la globalización. Ya no es una curiosidad digital de las muchas que existen en Internet. Sus propuestas consiguen captar la atención de Gobiernos, empresas, medios y corporaciones tecnológicas. 

Este libro se propone cartografiar  la Ilustración Oscura. No se trata de una defensa ni de una refutación, sino de un ejercicio de comprensión sistemática. Cartografiar, en este contexto, significa trazar el mapa de un territorio intelectual complejo e incendiario. Se busca identificar sus orígenes, distinguir sus figuras principales, ordenar sus conceptos fundamentales, exponer sus argumentos, señalar sus tensiones internas y evaluar su presencia en el debate público. 

El enfoque adoptado es el de un especialista en filosofía política y del derecho, pero el resultado aspira a ser accesible a un auditorio amplio, no necesariamente especializado. Se trata de un ensayo divulgativo, pero riguroso en el tratamiento de las fuentes, lo que facilita —dentro de la complejidad de la materia— una aproximación clara a los contenidos. La renuncia a las notas a pie de página es consciente. Se recurre a tablas comparativas para una mejor compresión de las diferencias y afinidades entre autores y corrientes. 

En la elaboración de este trabajo se ha utilizado herramientas de inteligencia artificial como apoyo técnico en diversas tareas: sistematización de información, organización comparativa de materiales o generación inicial de esquemas. Dichas herramientas han operado en todo momento bajo el estricto control intelectual del autor, que asume íntegramente la selección conceptual, la interpretación de las fuentes, la construcción y la responsabilidad formal sobre el contenido. 

El libro se organiza en cuatro bloques temáticos, concebidos para guiar al lector desde los fundamentos más abstractos hasta las proyecciones más concretas del fenómeno neorreaccionario [...]


CAPÍTULO 1.
¿QUÉ ES LA ILUTRACIÓN OSCURA?

«Lo que la democracia no ha arruinado 
todavía, lo está arruinando. Es esencialmente 
destructiva tanto para el gobierno como para la cultura. 
No puede durar indefinidamente»

Nick Land

DEFINICIÓN Y MARCO CONCEPTUAL

La Ilustración Oscura (del inglés Dark Enlightenment) es un movimiento intelectual contemporáneo de corte tecnoautoritario. Rechaza radicalmente los pilares ideológicos de la Ilustración: la democracia, la igualdad, el progreso lineal y la razón universal. Tambien conocida como neorreacción (en adelante NRx), surge en Internet a finales de la década del 2000. Su propósito declarado es superar lo que diagnostica como la «gran descomposición» de la humanidad, manifestada en una «crisis antropológica», una «degeneración biocultural» y en una «decadencia civilizatoria» terminal. 

Como alternativa, la Ilustración Oscura propone modelos de sociedad basados en jerarquías naturales, en la selección tecnológica de las élites y en formas de autoritarismo estable. Se ambición última es la sustitución del paradigma liberal por organizaciones de gobierno más eficaces, donde la libertad individual sea extirpada como «problema». 

La Ilustración Oscura, a diferencia de otras reacciones antiliberales como el fascismo, el tradicionalismo católico o el comunismo, no persigue la restauración de un pasado idealizado. Busca diseñar un futuro postliberal desde cero, combinando elementos del Antiguo Régimen (monarquía, aristocracia y desigualdad estamental) con herramientas propias de la era digital (cibernética, vigilancia masiva y algoritmos). Su horizonte no es «regresar» a 1788, sino construir una «modernidad alternativa», en la que el liberalismo sea desplazado por la tecnocracia, el corporativismo y la selección biológica. 

Por su particularidad, la Ilustración Oscura no constituye un pensamiento homogéneo ni una «escuela» filosófica al uso. Se trata, más bien, de una constelación de ideas, blogs, manifiestos y figuras dispersas en la red, con denominadores comunes, pero sin relación formal «maestro-discípulo». El ecosistema que caracteriza a la Ilustración Oscura se articula en torno a seudónimos, foros, pódcast y subculturas digitales.

DE LA NEORRREACIÓN A LA ILUSTRACIÓN OSCURA

El término reaccionario tiene su origen histórico en la oposición a la Revolución francesa y en defensa de los valores del Antiguo Régimen. En la actualidad, se asocia con posiciones nostálgicas que anhelan el retorno a etapas ya pasadas: franquistas en España, comunistas en Rusia, neofascistas en Italia o el «gran reemplazo» en Francia. La neorreacción se presenta como algo distinto, ya que su propósito no es restaurar un régimen pasado, sino actualizar la lógica del absolutismo y del feudalismo por medio de los avances tecnológicos.

En 2010, Arnold Kling acuña el concepto «neorreaccionario» para referirse al bloguero norteamericano Curtis Yarvin. Este último inicia en 2007, en su blog Unqualified Reservations,  una cruzada sistemática contra la modernidad, con un discurso antidemocrático, tradicionalista y antiigualitario, bajo el seudónimo de Mencius Moddbug. 

El término neorreaccionario tiene éxito y es adoptado por el influyente bloguero británico James Alexander (Anomaly uk), quien lo hace viral. De este modo, la neorreacción empieza a a desarrollarse antes de tener un nombre consolidado. De hecho, Yarvin denomina a su pensamiento «formalismo» en A Formalist Manifesto, que podría considerarse el primer texto neorreaccionario. Con este término, afirma que el poder político debe entenderse y organizarse como si el Estado fuese una empresa privada. 

Años después, cuando otras figuras importantes del movimiento se autoidentifican como neorreaccionarios, se afianza esta expresión. En 2012, Nick Land rebautiza a la corriente de pensamiento NRx como «Ilustración Oscura». Desde entonces, formalismo, neorreacción e Ilustración Oscura son conceptos ideológicos intercambiables.

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