Lo que significa el final de la Modernidad
La crítica a la Modernidad no genera una alternativa, sino el desplazamiento del pensamiento y la razón hacia el nihilismo. Si para la razón ilustrada el conocimiento nos permite explicarnos la realidad de una manera relativamente objetiva, la crítica posmoderna sitúa el conocimiento como un producto fabricado para mantener determinadas posiciones sociales, privilegios o poder. Si el pensamiento liberal-democrático provinente de la Ilustración se centra en la libertad, la igualdad y la dignidad humana, la teoría crítica francesa lo focaliza todo en el victimismo de carácter cultural. El cambio de paradigma implica la negación de cualquier posibilidad de verdad, aunque sea de manera temporal y aproximada. Para los nuevos filósofos, solo hay un juego de lenguaje que no explica nada porque, de hecho, su relativismo cultural hace que las cosas sean completamente distintas según la pertenencia cultural de quien analiza los hechos. Para algunos, el progreso es una aproximación, una metáfora de la posibilidad de mejora de la condición humana en los ámbitos económicos, tecnológicos, sociales y políticos. Mientras tanto, los críticos se instalan en un cinismo extremo, negando cualquier posibilidad de establecer un proyecto colectivo. Mientras que el sistema democrático inherente al mundo de la razón se propone como un mecanismo de resolución de conflictos propios de la condición humana, los pensadores de la Teoría Crítica, alemanes y franceses creen que el conflicto entre culturas es inevitable. Se acercan, por tanto, a la idea del "choque de civilizaciones" que Huntington planteará años después.
De hecho, ya Max Weber hablaba, a finales del siglo XIX, de la disolución de la Ilustración con una intensidad que la hacía irrecuperable. Muchos pensadores de aquel siglo, empezando por Burke, pero también De Maistre, De Bonald, Lamennais, o Spengler, creían que las ideas de la razón solo conducían al desastre. En la Escuela de Frankfurt, algunos de sus autores relevantes la ven como la fuente, aunque involuntaria, del totalitarismo del siglo XX. La idea de progreso se ha debilitado mucho, calificándola como una "ilusión de finalidad", de certeza y de utopía que, según los posmodernos, hay que superar. Aún hoy en día, hay una izquierda que podemos calificar de "posmoderna", que cree que el pensamiento ilustrado es mecánico y esencialista, machista y eurocéntrico. Aunque la Ilustración no proporciona un sistema ni una cosmovisión cerrada, se le atribuye un carácter limitador que niega la diversidad de posibilidades de aproximación al conocimiento. Se ha impuesto el relativismo, con todas las consecuencias que esto conlleva. Pero, en realidad, la oposición fundamental a la Ilustración, desde sus contemporáneos, es de clase. Es el desprecio por los dogmas, prejuicios y privilegios, y la denuncia de la opresión y la desigualdad, lo que configura el movimiento ilustrado.
En realidad, el posmodernismo parece no entender que las ideas ilustradas, el liberalismo, el estado de derecho o la democracia no son ni pretenden representar una "verdad", sino el establecimiento de unas reglas de funcionamiento y una actitud para superar el juego de intereses y contradicciones que afectan a cualquier sociedad en cualquier momento de su historia. Esa es su virtud. La racionalidad no niega las contradicciones, de hecho, acepta el conflicto, pero pretende minimizarlo estableciendo formas de control y equilibrio del poder, respeto a la libertad y dignidad de las personas, fijando la posibilidad de mejora y progreso. La razón ilustrada es una afirmación de humanismo global, no particular de culturas fragmentadas. La convivencia obliga a aceptar y proteger la pluralidad, lo cual no implica posicionarse de manera relativista. La razón también tiene ciertas dosis de escepticismo, pero el pensamiento posmoderno la pervierte hasta convertirla, casi, en cinismo.
El posmodernismo identifica la razón y el conocimiento científico con la colonización, la deshumanización, las guerras mundiales y el Holocausto. Creen que valorar la Ilustración equivale a defender los horrores producidos en el mundo desde el siglo de las luces, que en realidad el "progreso" ha significado la imposición de Occidente sobre el resto del mundo, destruyendo y transformando la diversidad de culturas y de "mundos" que existían. Sin embargo, si lo analizamos de manera más concreta, no es la Razón la que ha provocado los peores episodios de la historia de la humanidad, sino más bien la falta de ella. La historia de la humanidad está llena de violencia, gran parte de ella gratuita, y muchas "culturas ancestrales" no resultaron precisamente ejemplares en este sentido. La razón ilustrada no significa la instauración del bien contra el mal, ni puede evitar los conflictos. Lo que sí hace, se usen o no, es ofrecer mecanismos suaves para la resolución de diferencias y enfrentamientos. Precisamente, el Holocausto es el resultado de una perversión culturalista llevada al extremo, no de la razón, sino de un régimen político no democrático que apelaba a los mitos y sueños de una cultura ancestral puramente imaginada.
El pensamiento francés establece, en la línea de Heidegger, la teoría de los puntos de vista, según el cual las ideas son igualmente válidas, aunque muchas han sido devaluadas por prejuicios contra determinadas culturas. No se puede evaluar ninguna formulación en función de su racionalidad, sino por su posicionalidad y la predisposición a utilizar los discursos que le corresponden según su adscripción. A nivel práctico, esto representa negar la misma noción de conocimiento, porque convierte cualquier afirmación en el resultado de una fe, una creencia que predetermina e impide cualquier posibilidad de análisis y razonamiento. Desaparece la noción de un lenguaje común. No hay verdadera capacidad de diálogo. Los monólogos se alternan o se superponen, pero no hay posibilidad de entendimiento, ya que los lenguajes son distintos.
[...] Carlo Bardoni (2016) reflexiona sobre el hecho de que el posmodernismo nos ha legado la ilusión de vivir en un mundo libre de necesidades e ideologías, abierto a las promesas de un consumo ilimitado, un espectáculo deslumbrante y la exaltación de la individualidad, incluso a costa de llevarnos a la inseguridad laboral, la incertidumbre y la soledad. Probablemente sea el crítico literario Terry Eagleton (2017) quien ofrezca una de las mejores definiciones del movimiento posmoderno, del que inicialmente participó, aunque terminó distanciándose. Lo entiende como un movimiento que rechaza los valores universales, las grandes narrativas históricas y la posibilidad de un conocimiento con pretensiones de verdad o certeza. A diferencia de los ilustrados, no ve razones sólidas para justificar la existencia humana ni la posibilidad de establecer un sentido y un propósito en la historia. No hay un ideal de progreso justificable, y sus pensadores se instalan en el pesimismo, el nihilismo y el subjetivismo. Ponen en el centro la cultura en su diversidad y establecen un relativismo según el cual no se pueden determinar valores universales.
Para Slavoj Žižek (2023), la crisis de la razón ilustrada y la negación del ideal de progreso en el capitalismo actual han llevado al predominio del hedonismo. Ya no hay ninguna tradición en la que podamos fundamentar nuestra identidad, ni posibilidad de un proyecto más allá de la reproducción hedonista. La transgresión permanente se convierte en así en norma, con el deseo definitivamente liberado. En su opinión, «hoy todo el mundo puede imaginar en fin del mundo, pero nadie puede imaginar un orden social diferente».

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