Diego Fusaro (Sinistrash) Contra el neoliberalismo progresista

Antes no dejaban a nadie pensar con libertad. Ahora está permitido, pero nadie es capaz de hacerlo. Hoy la gente quiere pensar solo lo que se supone que debe pensar, y a eso lo consideran libertad.

O. Spengler, La decadencia de Occidente

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5.7 Homo migrans. La izquierda inmigracionista

Irlanda está entregando constantemente excedentes al mercado laboral inglés, reduciendo así los salarios y la posición material y moral de la clase obrera inglesa. ¡Y lo más importante! Todos los centros industriales y comerciales de Inglaterra, poseen ahora una clase obrera dividida en dos campos enemigos, proletarios ingleses y proletarios irlandeses. El trabajador inglés común odia al trabajador irlandés como competidor que reduce el nivel de vida. [...] Este antagonismo se mantiene artificialmente despierto y se ve acentuado por la prensa, el púlpito, las revistas cómicas, o sea, por todos los medios a disposición de las clases dominantes. Este antagonismo es el secreto de la impotencia de la clase obrera inglesa, a pesar de su organización. Es el secreto por el cual la clase capitalista mantiene su poder. Y esta última es plenamente consciente de ello. 

K. Marx, Carta a S. Meyer y a Vogt, 9 de abril de 1870

En un discurso pronunciado el 31 de marzo de 2014, la presidenta de la Cámara, Laura Boldrini, destacando exponente de la izquierda arcoíris italiana, explicó que la inmigración masiva debe ser aclamada como un factor intrínsecamente beneficioso, porque, entre otras razones, los inmigrantes son la «vanguardia del estilo de vida que pronto será el estilo de vida de muchos de nosotros». Las palabras de Laura Boldrini, que resumen esencialmente la posición de la new left posmarxista sobre el tema de la inmigración, son perfectamente compatibles con las del ultracapitalista John Elkann, presidente de la ex-Fiat que, en febrero de 2014, afirma expresamente: «la presencia de inmigrantes extranjeros es indudablemente un recurso», sin especificar, por supuesto, quién se beneficia realmente de este «recurso» (no debe pasar inadvertido que, un recurso, por definición, no tiene valor en sí mismo, sino en relación con el uso que otros pueden hacer de él).

Una vez más, la izquierda de las costumbres y la derecha del dinero parecen coincidir, a pesar de la aparente contraposición. De hecho, en su lógica general, la inmigración es actualmente promovida estructuralmente por el capital y defendida supraestructuralmente por la «retórica del migrante» típica del pensamiento único políticamente correcto de los pedagogos del globalismo izquierdista. El «reino animal del espíritu» actual necesita del «ejercito industrial de reserva» de los migrantes, explotados como nuevos esclavos, con el fin de destruir los derechos sociales que aún existen, aniquilar la fuerza organizativa residual de los trabajadores, reducir drásticamente los costes laborales y promover luchas de clases horizontales en la misma clase. En una palabra, para llevar a cabo, de la mejor manera posible, la lucha de clases desde arriba y la contraofensiva neoliberal contra el mundo laboral. Gracias a la complicidad del pensamiento único falsamente humanitario, el capital no pretende integrar a los migrantes, a quienes, por el contrario, considera armas prodomo sua en la lucha de clases. Pretende, más bien desintegrar también a los trabajadores nativos a través de los migrantes destruyendo lo que queda de su conciencia de clase y demoliendo sus derechos residuales. 

[...] Detrás del falso humanitarismo con el que las «bellas almas» de la kafkiana izquierda arcoíris celebran la inmigración, se esconde, en realidad, la inhumanidad de la explotación más abyecta de la mano de obra migrante y el horror del tráfico de seres humanos. El capital pretende producir una población de homines migrantes, un ejército industrial con capacidades laborales intermitentes y entregados al nomadismo y a la movilidad permanente, sin derechos de ciudadanía ni raíces en la tierra a la que son «deportados» para llevar a cabo los trabajos flexibles y precarios. 

[...] La inmigración no solo permite, como ya se ha dicho, ejercer una presión radical a la baja sobre los salarios de los trabajadores, sino que también rompe la unidad —cuando aún existe del movimiento obrero y, además, permite a la patronal eludir las crecientes obligaciones de la legislación laboral. El hecho de que la población migrante esté dispuesta por su condición a trabajar sin la tutela de los derechos y por cantidades de dinero irrisorias, esto significa que, en tiempos rápidos, también la población trabajadora tradicional no migrante y portadora de derechos deberá adaptarse a un trato similar, para no ser reemplazada y no precipitar en las filas del ejército industrial de reserva.

[...] El hipócrita elogio de la inmigración masiva por parte de la élite plutocrática y sus oratores posmodernos no puede explicarse únicamente por el ejército industrial de reserva que los migrantes van constituyendo, que abarata la mano de obra y aumenta sus debilidades.

Junto a esta razón, y relacionada con ella, hay otra. El nuevo perfil antropológico, coesencial a la época de la precariedad indefinida, corresponde al del homo globalis, es decir, al hombre sin identidad, sin raíces y sin ciudadanía; que es, al mismo tiempo, un homo migrans desterritorializado, apátrida y desarraigado, siempre dispuesto, maleta en mano, a desplazarse siguiendo los procesos de deslocalización y volatilización del capital. 

En el régimen de la precariedad, cada proyecto y cada vínculo son temporales, el sujeto debe poder desprenderse tranquilamente de todo, abandonando no solo el ideal de la estabilidad laboral y efectiva, sino también la esfera de la eticidad de hegeliana memoria. Debe librarse, al mismo tiempo, de todo arraigo territorial, permaneciendo dispuesto a las migraciones repentinas y a la persecución, más allá de los mares y las fronteras, de los llamados «desafíos de la globalización». 

[...] Más allá de la retórica opuesta y complementaria de la idiotez xenófoba y de la «papilla del corazón» del elogio apriorístico de la inmigración, cabe repetir que debemos identificar al enemigo no en quienes pasan hambre, sino en quienes la provocan; en quienes empujan a la gente a la desesperación, no en quienes están desesperados; en quienes generan pobreza, no en quienes son pobres; en quienes obligan a los seres humanos a huir, no en quienes huyen; en quienes provocan la inmigración, no en quienes la padecen; en quienes desarraigan, no en quienes son desarraigados. Los culpables no son quienes sufren la precariedad y la inmigración, sino quienes la provocan, las alientan, las justifican y las ennoblecen ideológicamente. En otras palabras, culpables no son los migrantes, es decir, las víctimas de los procesos de deslocalización forzada y deportación organizada, sino los oligarcas del globalismo y sus artífices, los que han desarraigado a poblaciones enteras después de haberlas reducido a la pobreza.

Fusaro, Diego (Pensar diferente) Filosofía del disenso

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