Satisfyers. El paroxismo del narcisismo
El satisfyers es el juguete sexual más famoso. El vibrador de nuestro tiempo. Un sofisticado artilugio electromecánico para una época sextech de fusión de sexo, tecnología y placer. Orgasmos tecnológicamente inducidos. Inducidos sin siquiera contacto físico ni estimulación eléctrica alguna. «Tecnología de aire de placer» (Pleasure Air Technology), como se describe este artilugio. Ya siendo poco glamurosa esta definición, llamar al objeto aspirador o ventilador del clítoris (que es básicamente lo más preciso) sería peor incluso que succionador, como se suele referir a él. La alusión a que hace «masaje de aire sin contacto» también es bastante prosaica. La marca que lo fabrica, Womanizar ("Mujeriego", lo que recuerda a la canción de Britney Spears), desdice de los tiempos que corren. No obstante, su último desarrollo se anuncia como el «nuevo succionador de clítoris, Womanizar Next, para elevar la estimulación sin contacto gracias a la tecnología 3D Pleasure Air».
De todos modos, sin el afortunado nombre de Satisfyer el mundo de los vibradores no sería tan vibrante. Su denominación es afortunada, por lo pronto, para su fabricante, porque siendo un nombre de marca cubre prácticamente todo el campo de los vibradores o juguetes sexuales. Parecido a como funciona la Casera como referencia de las gaseosas. Más allá de la fortuna de la marca, el significado de satisfyer sugiere que es satisfactor, proveedor de satisfacción. Por lo demás, su presentación es un prodigio de diseño tecnológico y estético. Un nombre que viene que ni pintado para nuestros días. Nada casual. Un signo de los tiempos.
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Como diseño tecnológico tiene integradas en su aparente simplicidad una variedad de prestaciones personalizadas, incluidos diferentes programas de vibración, el acoplamiento a otros dispositivos, tecnologías y aplicaciones (Spotify, móvil, tablet, Apple Watch, bluetooth) y control remoto (para usar en compañía de otras personas no presentes). Es manejable y silencioso. Si hay teléfonos móviles inteligentes (smartphone), también existen juguetes sexuales inteligentes (smart sex toys). Como diseño estético es un objeto coqueto, suave, redondeado, pequeño, llevable en el bolsillo, discreto, de color de oro rosado. Cuqui y no fálico. Nada que ver con un vulgar consolador. Que no sea fálico es fundamental en el contexto de la política de orgasmos en orden a resituar el orgasmo en el clítoris y no en la vagina a expensas de la penetración o cualquier consolador fálico. Tú misma. Empoderamiento y glamour. Icono de la liberación sexual femenina.
El satisfyer es otra cosa: tecnología y estética, moda y placer en el marketing del sexo para mujeres. No obstante, a pesar de su especificidad femenina, también existen satisfyer diseñados específicamente para hombres (Satisfyer Men). Desde masturbadores a estimuladores de próstata, concebidos para satisfacer las necesidades masculinas. La Fórmula 1 de la masturbación, dijo alguien. En pareja o en grupo, cada cual con su satisfyer, como con el móvil, solos juntos. Haciéndose selfis. De apoteosis del individualismo (selfis) a su paroxismo (satisfyer). El satisfyer lleva a otro nivel el individualismo subjetivista narcisista con epicentro ahora en el clítoris. Si los selfis vienen a ser la apoteosis del individualismo representado por una autofoto de la cara, el satisfyer representaría el paroxismo centrado ahora en puntos sexuales y zonas erógenas. Un placer autoproducido y aumentado gracias a una prodigiosa tecnología y estética que lo facilita y promueve. Personalizable, no fálica ni binaria.
La novedad no está en producirse placer a uno mismo, que no haría falta inventarlo, sino en el cambio social que pondera su autoproducción (para el caso, masturbación) por encima de las relaciones sexuales que implican la relación con alguien. Al fin y al cabo, el cuerpo sexual está hecho evolutivamente hablando para la relación. Claro que también la relación sexual se podría entender como masturbación compartida supuesta la imposibilidad de la fusión de dos personas que se aman en una, como la fusión de las llamas de dos velas según santa Teresa de Jesús imaginaba la relación con el amado, una relación mística después de todo.
Lo cierto es que en tiempos del satisfyer, culturalmente hablando, estaríamos pasando de las relaciones sexuales a la relación con uno mismo facilitada y aumentada por una sofisticada tecnología. A juzgar por el énfasis en la autosuficiencia, la autonomía y la independencia, parece que la relación de uno consigo mismo mediada por un artefacto tecnológico está sacándonos de un subdesarrollo evolutivo para llevarnos a una nueva dimensión si n depender de los demás y quedar las relaciones sexuales como una mera opción. Se ha pasado de la masturbación como pecado y enfermedad a liberación sexual. Sexualidad independiente que vincula sexo con placer y autonomía personal sin deberes ni pasividad.
[...] Hay algo, sin embargo, de las prestaciones del satisfyer que parece desdecir de la política del orgasmo y de la sexualidad femenina: la relación mecánica y la rapidez de la satisfacción. Se solía reprochar de las relaciones sexuales con los hombres que fuera una relación mecánica debido a su funcionamiento como una máquina y, dado el caso, la eyaculación precoz. La resolución rápida de las relaciones sexuales como la eyaculación precoz pudo tener ventajas evolutivas en su día, pero hoy ya no casa con el tiempo de la satisfacción sexual sin prisas (slow sex, sexo zen). Sin embargo, la conexión y el tiempo sin prisa parecen quedar atrás con el satisfyer, a no ser que lo que cuente sea el rendimiento, la eficacia y la eficiencia en conseguir orgasmos rápidos. Si es así, nada mejor que el turbosuccionador satisfyer para orgasmos exprés.
La tecnología y el rendimiento suelen estar asociados a los hombres. Se podría pensar entonces que los hombres, valiéndose de la tecnología —su producción, marketing y rendimiento—, se las han arreglado para seguir organizando el placer sexual de las mujeres ahora con su complacencia y (falsa) conciencia de hacerlo por y para sí mismas, El sexo lento basado en la relación que supuestamente se echaba de menos parece estar de más en tiempos del satisfyer. Por aclamado que sea, el satisfyer no deja de ser un producto tecnológico al servicio del capitalismo consumista y del rendimiento sin perder tiempo en el sexo y, además, como ansiolítico y motivador para volver a tajo. Un invento tan aclamado no puede ser malo, pero tampoco es para dejar de pensar. ¿Cómo hemos llegado aquí?

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