TURISTOPÍA AÑO 2060
Turistopía describe una sociedad en el año 2060 creada por las máquinas y gobernada por los bienhechores, una élite formada por políticos, empresarios, arquitectos y directores de serie de ficción. Estos financian y diseñan Turistopía, donde solo existen dos clases de personas: los turistas (conocidos como los outdoors) y los que sirven a los turistas (llamados indoors), y que a su vez aspiran a convertirse en turistas.
¿Por qué en el año 2060 el único proyecto de vida para ser humano es ser turistas? Hace años que el turismo se consolidó en el imaginario de la gente como una utopía que predicaba la felicidad, la igualdad y la abundancia, conceptos centrales en la literatura utópica occidental, así que los turistas corren en busca de la utopía turística. Estos desean vivir en el mundo de la abundancia y la felicidad como los poderosos. Ser únicos. Huir de sociedades aburridas. Diferenciarse. Encontrarse con lo salvaje. Lo auténtico. Lo único. Lo excepcional. Lo extraordinario. Huir del supermercado de su barrio. Recuperar el deseo sexual. Huir del temor a no estar en movimiento. Ser modernos. Disfrutar de todas las bocanadas de aire marino antes de morir. Vivir una ficción. Una utopía de escape.
El turista no es diferente de aquellos terrícolas de la novela distópica Crónicas marcianas de Ray Bradbury que huían a Marte porque «tenían miedo o porque no lo tenían, porque eran felices o desdichados, porque se sentían como los Peregrinos, o porque no se sentían como los Peregrinos. Cada uno de ellos tenía una razón diferente. Abandonaban mujeres odiosas, trabajos odiosos o ciudades odiosas; venían para encontrar algo, dejar algo o conseguir algo; para desenterrar algo, enterrar algo o alejarse de algo. Venían con sueños ridículos, con sueños nobles o sin sueños». Crónicas marcianas, publicada en 1950, tras la Segunda Guerra Mundial, y en plena Guerra Fría, comprende una serie de relatos sobre los terrícolas que huían a Marte ante la amenaza nuclear y la destrucción de la Tierra: «¡No me dejen en este mundo horrible! ¡Tengo que escaparme! ¡Va a haber una guerra atómica! ¡No me dejen en la Tierra1», grita desesperado el protagonista de una de las historias.
La diferencia entre los terrícolas de Crónicas marcianas y los turistas es que estos no huyen temerosos de una catástrofe nuclear, sino que desean turistificar del todo la Tierra. Quieren, sin desearlo, encontrar lo mismo en todas partes y emular a los grandes viajeros, pero sin correr ningún riesgo en el viaje, hoteles limpios donde alojarse y Google Maps. El turismo es un contrapeso a las insatisfacciones de la vida moderna y el aburrimiento que provocan los lineales del supermercado a rebosar de yogures. La vida moderna es alienante, y el turista busca la autenticidad, ausente en la sociedad en la que vive, y que cree que puede encontrar en otros lugares.
De este modo, los turistas viven en la llamada ciudad Outdoor, que es la ciudad turística y el corazón de Turistopía. Se trata de un paraíso de lujo, confort y exclusividad, diseñado para brindar una experiencia inolvidable a aquellos que disponen de los medios para disfrutar de sus privilegios. Outdoor es camaleónica y, a igual que las ciudades invisibles de Italo Calvino, puede ser todas las ciudades desde Madrid hasta Tokio, y cualquiera de los lugares de afluencia masiva de turistas, desde Benidorm hasta Venecia, pasando por Croacia y el lugar más cutre del mundo.
En el año 2060, Outdoor ha traído un nuevo orden político, económico, social y cultural que avanza imparable, convirtiendo todo lo que encuentra a su paso en hoteles y restaurantes para turistas. Cada ciudad Outdoor busca desesperadamente, con la complicidad de los bienhechores, su propio strip vegasiano. En el 2026, las iglesias y los conventos cristianos más emblemáticos, después de que los creyentes fuesen reducidos a pequeños grupos minoritarios practicantes, pasaron a ser resort exclusivos para turistas ricos, al igual que antes los fueron para la realeza y los religiosos, mientras que los turistas pobres se hacen selfies en las redes sociales. «Yo estuve allí». Los turistas pobres se conforman con mirar de frente el edificio singular donde se hospedan los turistas ricos.
[...] Así los outdoors y los indoors viven obsesionados con ganar tiempo para dedicarlo a ser turistas, y para conseguirlo se vuelven adictos a la tecnología, que les libera de efectuar tareas cotidianas como realizar compras o cocinar, hasta reducir la gastronomía a un menú único, y el mundo a una gran fábrica de hamburguesas y platos similares. El porcentaje de compañías que venden de manera online no ha parado de crecer desde el año 2022, cuando lo hacía el 30% de ellas, casi tres puntos más que en 2021, y las transacciones a través de Internet suponían ya el 20% del total de la ventas en España, y el 73% de la población de entre 16 y 74 años había comprado entonces alguna vez a través del canal online. En los hogares españoles, la compra de platos preparados alcanzó un consumo per cápita de casi 17 kilos al año en 2023. Tener tiempo para estar en movimiento, aunque no sea geográfico, como el que tiene lugar en los gimnasios, es la obsesión de todos los habitantes de Turistopía, porque en un mundo donde todo se mueve muy rápido, existe el miedo de no alcanzar las promesas turísticas que la aceleración tecnológica ha puesto al alcance de todos, en tan solo 8 días y 7 noches.
[...] La película Danzad, danzad, malditos (1969) de Sydney Pollack, que fue un éxito mundial en los años 60, muestra la cara más amarga del sueño americano, y puede que del turismo. Está ambientada en pleno crac económico del 29, cuando se organizaban competiciones que consistían en hacer bailar a parejas de forma continuada, día y noche, con pausas mínimas, y donde la pareja que resistía bailando más tiempo ganaba. En medio de una miseria terrible, gentes desesperadas, de toda edad y condición, se apuntaban a estos extenuantes maratones de baile hasta caer exhaustos por la fatiga, para conseguir que el deseado premio les sacara de los apuros. Aplicando esta metáfora al turismo, esto sugiere que, al igual que los bailarines en la maratón, muchos turistas podrían estar atrapados en un ciclo de búsqueda incesante de la felicidad a través de experiencias turísticas. Los turistas a menudo tienen altas expectativas de que sus viajes les proporcionen felicidad y satisfacción. Sin embargo, estas expectativas pueden ser inalcanzables a largo plazo, lo que lleva a una búsqueda continua o bucle de nuevas experiencias para llenar ese vacío.
[...] Por otra parte, junto con el elenco de actores principales de Turistopía, están los outsider, que habitan en zonas geográficas despobladas, envejecidas y alejadas de la ciudad, que reclaman a los bienhechores recibir turistas para progresar económicamente, y a la vez desean ser turistas para gozar de la utopía turistópica. Aunque, después de enriquecerse con la llegada de los turistas a sus tierras, grupos de outsider han comenzado a rechazarlos por masificar sus playas o romper con su presencia la vida apacible de sus pueblos y no respetar su cultura, alimentando la turismofobia.
Por último están los disidentes que, agrupados en movimientos turismofóbicos de naturaleza política diferente, quieren destruir Turistopía denunciando la homogeneización cultural, el deteriodo medioambiental y la reducción de la individualidad y la autenticidad en las experiencias humanas. Muchos disidentes añoran un mundo desaparecido donde ellos disfrutaban de una Turistopía menos masificada e igualitaria.

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