Beatriz Talegón (Con la libertad no se juega) Radiografía del poder y sus nuevas máscaras

INTRODUCCIÓN

CARTA AL CIUDADANO INQUIETO

Si estás leyendo este libro, seguramente hayas llegado a él por estar viviendo circunstancias que no terminan de encajarte respeto a lo que entiendes por «libertad». Puede que tu «radar democrático» te haya alertado o que sientas de fondo una suerte de inquietud, de desasosiego..., la necesidad de encontrar respuestas ante una realidad que cada vez se corresponde con lo que en teoría debería ser. Me parece la reacción lógica y natural de quien trata de vivir de manera consciente y se siente, de algún modo, interpelado desde el compromiso ético. Podemos decir, querido lector, que a pesar de tener quizá diferentes puntos de vista en muchas cuestiones, estamos de acuerdo en que las cosas, en términos generales y en el contexto que nos ha tocado vivir, no discurren en la dirección que desearíamos. Convenimos en que hay asuntos esenciales que necesitan ser analizados, preguntas que debemos hacernos y respuestas que merecen ser construidas de manera conjunta.

Tal vez compartamos la sensación difusa de que el suelo democrático que creíamos inamovible se tambalea bajo nuestros pies. Que la realidad se nos presenta dejando a las palabras sin significado: la libertad parece haberse convertido en un eslogan vacío; la democracia, en una etiqueta comercial, y la verdad, en una mercancía que se vende al mejor postor. 

Te escribo esta carta como bienvenida a una lectura sobre cuestiones que nos inquietan y lo hago con la convicción de que tu inquietud, que es la mía, no es casual ni solitaria. Tengo la certeza de que experimentamos un malestar colectivo, que la sociedad democrática occidental comparte y que podemos denominar de muchas maneras distintas: crisis de confianza institucional, retroceso democrático global, erosión de las libertades civiles... Un malestar que tiene respaldo en los datos. Por eso te comentaba que no es una percepción subjetiva, que no estamos solos y que hay mucha verdad en pensar que algo se desmorona. Si nos asomamos a estudiar los informes que analizan la evolución y las tendencias a nivel mundial, salvando las diferencias metodológicas y sus matices marcados por las «líneas editoriales», podemos afirmar que coinciden en el diagnóstico: se está produciendo un deteriodo continuo de la democracia a nivel global, al tiempo que los sistemas autoritarios se fortalecen.

No resulta sencillo sacar conclusiones, puesto que los datos que se nos presentan son, muchas veces, interesados, y, por ende, sesgados. Se maquillan, se «cocinan» para luego utilizarlos como apoyo a las múltiples teorías existentes. Por eso es importante asomarse sin ánimo de dar nada por sentado. A nuestra inquietud hay que ponerle ciertos márgenes de prudencia. Es importante no caer en la trampa de la polarización [...]


ESPAÑA: ENTRE «TIERRA DE CONQUISTADORES» Y NUEVAS FRONTERAS INVISIBLES

[...] El proyecto europeo no avanzará jamás si esto supone hacer peligrar algún tipo de beneficio para Estados Unidos. Y hasta que eso no lo tengamos claro, seguiremos sometiendo nuestras libertades, nuestra soberanía, bajo cualquier excusa que permita que los mecanismos se impongan de manera «temporalmente perpetua». 

Cada vez es más evidente que, hoy en día, la agricultura, la ganadería y la pesca españolas se ven amenazadas gracias a las políticas que emanan de Bruselas. Es una realidad, no una opinión. Nuestra fuente fundamental de soberanía, que es la productividad del sector primario, está absolutamente sometida y maltratada. Por increíble que pudiera parecernos hace cincuenta años, actualmente es casi imposible comprar unas judías verdes de origen nacional en un supermercado, o unos limones, o un sandía. El sector cárnico, el lácteo, el pesquero no consiguen levantar cabeza. ¿Nos están llevando a donde querían? ¿Quiénes? 

En este punto recomiendo leer a Joan Garcés. Su obra Soberanos e intervenidos nos da las claves para comprender los mecanismos que han hecho posible que estemos donde estamos. Una obra cada más conocida y que merecería ser estudiada en los Institutos de Educación Secundaria. Esos mismos donde la historia reciente se le dedica infinitamente menos atención  que a nuestras cuevas de Atapuerta (con todos mis respetos). Es el constante sinsentido, el que podemos ver si prestamos atención: ante nuestros ojos, en nuestro carro de la compra y en nuestras facturas mensuales.

¿Qué sentido tiene la política de transición ecológica cuando se imponen macroproyectos que destrozan nuestro entorno natural? ¿Cómo es posible que se impulsen este tipo de planes salvajes solo por el puro beneficio de fondos de internaciones, arrasando los campos, los ecosistemas y la vida en los pueblos? Nos pretenden convencer de las bondades de este tipo de energías cuando, en realidad, han supuesto daños al entorno, inversiones particulares que siguen todavía pagando elevadas facturas de luz y de gas, porque la libertad de generar nuestra propia energía no está reconocida materialmente. Otra frontera invisible más. 

Y hablando de fronteras invisibles, a nadie se le escapa que, como en los tiempos de la antigua Roma, convivimos con personas que no tienen los mismos derechos y con otras que tampoco tienen las mismas obligaciones. Resulta evidente que la libertad en estos días depende fundamentalmente de la capacidad económica por encima de leyes, cartas magnas y tratados. Pero es importante que la realidad parezca otra cosa, porque en este juego de espejos en que se ha convertido la libertad, una cosa es la apariencia y otra, la realidad material.

Responder ahora a la pregunta inicial quizá sea más complicado, ¿verdad? Por eso no nos viene mal pensar sobre ella, asomarnos a conocerla y reflexionar si somos lo suficientemente valientes como para defenderla. 

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