J.Ortega y Gasset (¿Qué es el conocimiento?)


Cuando los lingüistas hablan de la significación de una palabra cometen, más o menos a sabiendas, una impropiedad. Por la sencilla razón de que una palabra no es nada. No hay una palabra; hay sólo esta palabra con otras palabras en una frase. Y el auténtico significado de una palabra es el que tenga en una frase determinada. Separada de ella se convierte en fragmento de sí misma, en mero trozo o esquema. La palabra es un mínimo órgano inseparable del organismo de la frase, y sólo en la totalidad de ésta cobra y rinde su propio sentido, como una cabeza o un brazo no son propiamente si no están insertos en un tronco. Hasta aquí, sin embargo, llegan con nosotros los lingüistas. El sentido de una frase no está íntegro. Una frase se piensa y se dice en alguna situación vital, y sólo en ella posee su pleno sentido. Es decir, que una frase se piensa y se dice por algo y para algo, como órgano del organismo que es una situación vital determinada.


Bertrand Russell (Ensayos escépticos)


Una vez establecida con firmeza, el Estado consideró que esta institución de la educación universal podía tener muchos usos. Hacer más dóciles a los jóvenes, tanto para bien como para mal. Mejora los modales y reduce la delincuencia; facilita la acción común orientada a la concreción de fines públicos; y consigue que la comunidad responda mejor a las directrices que recibe de un determinado centro de poder. Sin ella no puede existir la democracia, salvo como entidad formal huera. Sin embargo, la democracia, según la conciben los políticos, es una forma de gobierno, es decir, un método para lograr que la gente haga lo que sus dirigentes desean que haga sin dejar en ningún momento de tener la impresión de no estar realizando sino sus propios deseos. Por consiguiente, la educación estatal ha terminado adquiriendo un cierto sesgo. Enseña a los jóvenes (hasta donde le es dado hacerlo) a respetar las instituciones existentes, a rehuir toda crítica fundamental de los poderes fácticos en activo y a mirar con recelo y desdén a las naciones extranjeras. Incremente, asimismo, la solidaridad nacional a expensas tanto del internacionalismo como del desarrollo individual. Los perjuicios que puedan causarse a la evolución personal proceden de un indebido énfasis en el valor de la autoridad. Se estimula más el cultivo de las emociones colectivas que el de las individuales, y se reprime con toda severidad cualquier discrepancia con las creencias dominantes. Se desea establecer la uniformidad, puesto que esta resulta muy conveniente para el administrador, que se desentiende del hecho de que únicamente pueda lograrse mediante la atrofia mental. Tan grandes son los males que de todo esto se derivan que puede uno preguntarse seriamente si, hasta la fecha y considerada en su conjunto, el balance de la educación universal ha sido más positivo que negativo o viceversa.

Voltaire (La Doncella de Orléans)

Hermana de la muerte, implacable Guerra, que proporciona laureles a los bandidos que llamamos héroes; monstruo sangriento, tus crímenes despoblaron la tierra, rociándola de lágrimas y de sangre; pero cuando el amor añade sus desgracias a las que proporciona Marte; cuando la cariñosa mano del tierno amante derrama la sangre de la mujer que adora; cuando clava el puñal en el seno de la mujer cuyos labios ardientes llevan la marca de sus enamorados besos; cuando ve que se cierran a la claridad del día los ojos que le miraban con amor, semejante escena causa mayor efecto en los corazones sensibles que la muerte de cien guerreros que el rey paga para que arriesguen la vida en las batallas.

Benigno del Río Molina (La invención del paisaje: un ensayo sobre la condición humana

Al verter el té en la taza, el liquido aprende de inmediato a constreñirse entre las paredes de cerámica, al igual que las palabras y silencios y gestos de los participantes en la ceremonia expresan implícitamente el reconocimiento de los límites. El quizá fuera el mayor maestro de la ceremonia del té, Rikyu (1521-1591), diseñó también los jardines que rodeaban a los pabellones. En cierta ocasión, e inexplicablemente para muchos, casi ocultó una sublime vista del mar al fondo. Deliberadamente plantó dos setos enormes y junto a ellos mandó colocar un cuenco de piedra. Cuando el visitante se inclinaba para tomar agua del cuenco, observaba su imagen finita y pequeña en la superficie del agua, pero, luego, al alzar la vista, veía por el espacio de entre los dos setos una grieta de luz, un vislumbre: el resplandor de la inmensidad del mar al fondo, y entonces tomaba conciencia de que, a pesar de ser efímero y limitado, era parte de un universo infinito.
No obstante, si la ceremonia del té enseña que el hombre es una parte minúscula de la inmensidad, el arte de la espada, que practican los samurais, enseña como fijar la atención, pero no en el propio ser, ni en la espada del contrincante, sino en la anulación del yo. Calvino relata, entonces, un apólogo zen en el que el arte de la espada, que era un antiguo arte espiritual en el Japón, aparece relacionado con el paisaje:
El alumno de un gran forjador de espadas pretendía haber superado al maestro. Para probar cuán afiladas eran sumergió una en un riacho. Las hojas secas que arrastraba la corriente al pasar por el filo de la espada se cortaban en dos. El maestro metió en el arroyuelo una espada que él había forjado. Las hojas corrieron evitando la lámina.

George Steiner (Errata) El examen de una vida


Siempre he desconfiado de la teoría a la hora de resolver mis asuntos emocionales, intelectuales y profesionales. En la medida de mis posibilidades, encuentro sentido al concepto de teoría en las ciencias exactas y, hasta cierto punto, en las ciencias aplicadas. Estas constituciones teóricas precisan, para su verificación o refutación, de experimentos cruciales. Si son refutadas, serán sustituidas por otras. Pueden formalizarse lógica o matemáticamente. La invocación a la teoría en el terreno de las humanidades, en la historia y en los estudios sociales, en la evaluación de la literatura y las artes, me parece mendaz. Las humanidades no son susceptibles ni de experimentos ni de verificación (salvo en un plano material, documental). Nuestras respuestas a ellas son pura intuición. En la dinámica de la semántica, en el flujo de lo significativo, en la libre interacción de interpretaciones, las únicas proposiciones son una opción personal, de gusto, de remota afinidad o de sordera. No cabe la refutación en sentido teórico. Coleridge no refuta a Samuel Johson; Picasso no se acerca a Rafael. En las humanidades, la teoría no es más que intuición que se vuelve impaciente.

Jostein Gaarder (El mundo de Sofía) Novela sobre la historia de la filosofía

-En un sentido más amplio se puede hablar de una corriente naturalista desde mediados del siglo XIX, hasta muy adentrado nuestro propio siglo. Por naturalista se entiende un concepto de la realidad que no admite ninguna otra realidad que la naturaleza y el mundo perceptible. Un naturalista considera, por lo tanto, al hombre como parte de la naturaleza. Un investigador naturalista se basará exclusivamente en hechos dados por la naturaleza, es decir, ni en especulaciones racionales, ni en ninguna otra forma de revelación divina.
-¿Esto es válido para Marx, Darwin y Freud?
-Decididamente sí. Las palabras clave de mediados del siglo pasado son <<naturaleza>>, <<historia>>, <<evolución>> y <<crecimiento>>. Marx había señalado que la ideología de los seres humanos es un producto de la base material de la sociedad. Darwin demostró que el ser humano es el resultado de un largo desarrollo biológico, y el estudio de Freud del subconsciente mostró que los actos de los hombres se derivan, a menudo, de ciertos instintos animales.
-Creo que entiendo lo que quieres decir con <<naturaleza>>, ¿pero no sería mejor hablar de una cosa cada vez?
-Vamos a hablar de Darwin, Sofía. Supongo que te acordarás de que los presocráticos buscaban explicaciones naturales a los procesos de la naturaleza. De la misma manera que ellos tuvieron que librarse de las viejas explicaciones mitológicas, Darwin tuvo que librarse de la visión de la Iglesia sobre la creación de animales y hombres.
-Pero fue en realidad un filósofo?
-Darwin era biólogo e investigador de la naturaleza. Pero fue el científico de los tiempos modernos que más que ningún otro desafió la visión de la Biblia sobre el lugar del hombre en la Creación de Dios.
-Entonces me vas a hablar un poco de la teoría de la evolución de Darwin, ¿no?


Charles Dickens (Tiempos difíciles)

Centenares de obreros. Centenares de caballos de vapor. Allí en la fábrica. Se puede calcular con precisión lo que la máquina es capaz de hacer con una libra de combustible, pero ni todo un equipo de expertos en deuda pública sería capaz de calcular la capacidad para el bien y para el mal, para el amor y el odio, para el patriotismo y el descontento, para la virtud que, degradada, se torna en vicio -y viceversa- que puede albergar, en un instante, el alma de cualquiera de esos silenciosos servidores de compuesta expresión y regulados movimientos. El misterio, que en la máquina brilla por su ausencia, es insondable incluso en el más insignificante de los hombres. Estremece pensar que se pretenda invertir los términos y aplicar medida a lo que no la tiene.
Pese a la lluvia, el día había clareado lo bastante para poder apagar las llameantes luces del interior de la fábrica. Las serpientes de humo, resignándose a la maldición de toda aquella tribu, se veían obligadas a reptar bajo el aguacero. Y, en el patio de atrás, el vapor del conducto de escape, los barriles y la chatarra desechada, los brillantes montones de carbón, la ceniza que lo invadía todo, quedaban velados por la lluvia y la bruma.
El trabajo prosiguió hasta que, a mediodía, sonó la sirena. De nuevo el resonar de los zuecos en el pavimento. Los telares, los engranajes y los tejedores, todos desconectados durante una hora.

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