Anna Caballé (Carlos Castilla del Pino) Cinco conversaciones sobre la psiquiatría, la felicidad, la memoria, los libros...


AC.
He leído en Italo Calvino recientemente un comentario que me ha hecho pensar. Dice que en el siglo XX se han impuestos las motivaciones existenciales; el simple hecho de estar en el mundo, de vivir, es suficiente para ser sujeto de pleno derecho al disfrute de lo disponible. Y dice Calvino con su ética marxista: yo no lo comparto, no amo a la gente por el simple hecho de que estén ahí. El derecho de existir hay que ganárselo y justificarlo con lo que se da a los demás y no únicamente con lo que se recibe. Algo así decía Hannah Arendt: <<Somos del mundo y no sólo estamos en él>>. Es decir, tenemos obligaciones. ¿Está de acuerdo?
CC.
Estoy de acuerdo con estos principios. Son principios de una ética laica, despojada de la hipocresía religiosa. Me parece que tan necesaria es la relación cómoda con el entorno cuanto con uno mismo, porque de lo contrario aparece la culpa, la mala conciencia, el descontento interior, la envidia, el malestar íntimo... y todo ello conduce a la infelicidad, aunque los logros en el <<mundo>> hayan sido muchos.

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