James Burke y Robert Ornstein (Del hacha al chip)

Actualmente, el seductor atractivo del mundo de los médicos, con sus batas blancas, sus instrumentos relucientes y sus dones salvavidas han conseguido <<medicalizar>> la sociedad, y la terminología y la ética del hospital se han introducido en la vida cotidiana. El médico es el nuevo chamán, estrechamente asociado a los valores materialista de la elevación continua del nivel de vida, la mejora de la salud individual y el crecimiento incesante de los cuidados médicos aportados a la comunidad. Sobre todo, el médico representa una forma <<científica>>, objetiva, de juzgar el comportamiento social (con términos que recuerdan el vocabulario de la medicina y la estadística) como <<sano>>, <<enfermo>> o <<anómalo>>.
Paradójicamente, aunque la medicina es la actividad especializada más estrechamente ligada a las preocupaciones personales del individuo, es quizá más isotérica y excluyente que cualquier otro ámbito científico, ya que los más preocupados por la salud (los pacientes) son los que menos poder de decisión tienen.
Gracias a la revolución bacteriológica y una concentración reduccionista en los fenómenos microscópicos, es mucha la gente que hoy día juzga las dimensiones humanas de la salud como incuantificables, y prácticamente ha desaparecido de la medicina. En las ciencias médicas no se dedica apenas atención al conjunto de lo humano, y menos aún a las culturas no occidentales y en su planteamiento no reduccionista de las relaciones entre la salud individual y el entorno, ya que los fabricantes de hachas occidentales han cortado casi del todo el vínculo que los une.

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