Michel Onfray (Teoría de la dictadura)

ORWELL 
Y EL IMPERIO DE MAASTRICHT

[...] Parece que los tiempos post-totalitarios no descartan la posibilidad de un nuevo tipo de totalitarismo. Al contrario, esta forma de política perdura a lo largo de los siglos. Por su naturaleza dialéctica, es maleable y adopta diferentes apariencias con el tiempo.

El régimen nazi alemán murió en 1945, La Unión Soviética expiró en 1991, y las democracias llamadas populares del bloque del Este desaparecieron poco después. En cuanto a Europa, los dos totalitarismos a los que Orwell se refería ya no existen. Pero él pensaba más allá de los tiempos históricos en una forma pura de totalitarismo. 1984 y Rebelión en la Granja ofrecen dos oportunidades para reflexionar al respecto.

Resumo las tesis fundamentales de esta Teoría de la dictadura. ¿Cómo se podría establecer hoy día un nuevo tipo de dictadura?

He identificado siete elementos clave: destruir la libertad; empobrecer el leguaje; abolir la verdad; suprimir la historia; negar la naturaleza; propagar el odio; aspirar al Imperio. Cada uno de estos elementos se componen a su vez de aspectos particulares.

Para destruir la libertad, se necesita: mantener una vigilancia perpetua; arruinar la vida personal; eliminar la soledad; celebrar festividades obligatorias; uniformar la opinión; castigar el pensamiento crítico.

Para empobrecer el lenguaje, se necesita: practicar un lenguaje nuevo; usar la doble moral; eliminar palabras; oralizar el lenguaje; imponer un idioma único; suprimir las obras clásicas.

Para abolir la verdad, se necesita: enseñar la ideología; controlar la prensa; difundir noticias falsas; manipular la realidad.

Para suprimir la historia, se necesita: borrar el pasado; reescribir la historia; inventar la memoria; destruir los libros; industrializar la literatura.

Para negar la naturaleza, se necesita: sofocar el instinto de vida; controlar la sexualidad; higienizar la vida; intervenir en la reproducción.

Para propagar el odio, se necesita: crear un enemigo; fomentar conflictos; patologizar el pensamiento crítico; eliminar la diversidad,

Para aspirar al Imperio, se necesita: adoctrinar a los niños; controlar la oposición; gobernar con las élites; someter mediante el progreso; ocultar el poder.

¿Quién dirá que no estamos en ello?

Y, si estamos: ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Con quién? ¡Dónde? [...]

TEORIZAR LA DICTADURA

«La adopción definitiva de la neolengua había sido fijada 
para una fecha tan tardía:2050»

Vivimos 1984 al menos desde 1983... El libro de Orwell es una ficción verdadera, un sueño concreto, una utopía realizada, en otras palabras: un modelo de sociedad totalitaria que funcionó en el pasado pero que muestra igualmente que va a tener efectos en el futuro dado que está activo en nuestro presente. 

1984 se inspira, por supuesto, en los totalitarismos de la primera mitad del siglo XX, y muchos momentos en la obra recuerdan tanto al nacional-socialismo como el marxismo-leninismo. Sin embargo, este libro gélido y glacial también augura lo que podrían ser los regímenes futuros. Recordemos que la novela propone el horizonte de 2050 para llevar a cabo su programa de embrutecimiento de las masas y destrucción de la civilización. Tanto en la ficción como en la realidad, nos encontramos en ese período que apunta a la instauración de un imperio. Propongo la hipótesis de que el Imperio de Maastricht es una de las formas que toma la sociedad totalitaria descrita por Orwell en esta novela.

Desde hace medio siglo, se han desarrollado debates bizantinos entre aquellos que consideran que el totalitarismo marrón es peor que el totalitarismo rojo... Los nazis desde el principio querían un Estado racial, que resultaría menos defendible que el Estado de clase al que aspiraban los marxistas-leninistas. ¿Cuál es la diferencia para aquellos que perecieron en un campo nacional-socialista porque habían nacido judíos, pero también porque se convirtieron en comunistas o masones, laicos o Testigos de Jehová, resistentes u homosexuales, en  comparación con aquellos que murieron por haber nacido nobles o ricos, propietarios o pertenecientes a una línea militar que había servido al régimen zarista? ¿Qué diferencia hay, de hecho, para una cadáver, si se convirtió en uno porque nació judío o porque nació noble? Tanto el «judío» como el «aristócrata» eran condenados por nacimiento bajo cualquiera de estos regímenes [...]

EL PROGRESISMO NIHILISTA
EL MAL TAMBIÉN PUEDE PROGRESAR

¿Quién negará hoy que el retrato del totalitarismo pintado por Orwell nos recuerda más o menos a un cuadro de nuestra época?

Lo que nos presentan como un progreso es un camino hacia el nihilismo, un camino hacia la nada, un movimiento hacia la destrucción. De la misma manera que se puede hablar de un progreso del cáncer u otra enfermedad que conduciría inexorablemente a la muerte, el culto actualmente dedicado al progreso simplemente por ser progreso, por aquellos mismos que, como resultado, se. denominan progresistas, se asemeja a una genuflexión frente al abismo, antes de precipitarse en él, como los borregos de Panurgo en las olas... El progreso se ha convertido en un fetiche y el progresismo en la religión de una época sin lo sagrado. La esperanza de un tiempo desesperanzado, la creencia de una civilización sin fe. Uno puede no suscribirse a esta religión nueva y preferir el ateísmo social trágico que no se arrodilla ante ninguna trascendencia. Este rechazo a la fe que da seguridad constituye lo libertario.

[...] Séptima tesis: el Imperio está en marcha. ¿Qué Imperio? Los ejecutores de la Europa de Maastricht desearon el fin de las naciones. Incluso un diputado de la mayoría presidencial presentó con total franqueza la desaparición de lo que queda de la soberanía nacional francesa como el horizonte del macronismo. ¿No es esto el cumplimiento del deseo de François Mitterrand que, el 20 de enero de 1983, había afirmado en el Bundestag que «el nacionalismo es la guerra». Si tenía razón, también debió haber comprendido que sobre todo la Europa de Maastricht, presentada como una nación que reemplazaba las antiguas naciones, ¡también se incluí en su comentario!

Afirmar que el capitalismo aspira a la dominación mundial no puede ser catalogado como conspiración: es un proyecto confesado... La Europa de Maastricht, alimentada por antiguas naciones, fue concebida como una máquina de guerra capitalista cuyo corazón nuclear es el liberalismo. El mercado debe ser la ley. La creación de una moneda única fue de hecho su primer acto. Fue, al mismo tiempo, su confesión.

Las personas son arrojadas a esta jungla como animales a los que se deja que se peleen entre ellos con el fin de que la lucha de los mejor adaptados decida la supervivencia de unos, mientras que otros desaparecerán por falta de adaptación suficiente. Los ganadores, los vencedores, la raza de los señores, los primeros de la cuerda, plantarán su bandera azul estrellada en la espalda de los cadáveres de las víctimas que caen a medida que avanza hacia lo que los imperios de Maastricht llaman su ascenso hacia el techo del progreso. 

Esta nueva forma de darwinismo social se presenta como la fórmula progresista a la que se debe suscribir, a menos que se quiera ser considerado como un enemigo de la humanidad...

¿Qué es este progreso del que los supuestos progresistas nos hablan constantemente? La cosa es clara: en un mundo donde los progresistas han destruido la libertad, el progreso equivale a estar constantemente vigilado, espiado, observado; es no tener vida privada, íntima, personal; es ignorar cada vez más la calma, la soledad, el silencio; es ser clasificado, calificado, catalogado, registrado para ser solicitado más eficazmente por el mercado; es participar colectivamente en fiestas obligatorias, donde el ocio está organizado, cronometrado, calibrado, regulado, codificado, normalizado, medido; es convertirse en un hombre unidimensional con un pensamiento simplificado; es sobresaltarse ante los crímenes denunciados por la policía del pensamiento, es quizá tambien disfrutar de denunciarlos, luego juzgar, indignarse, condenar, ejecutar...

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