Michel Foucault (Estrategias de poder)

INTRODUCCIÓN A UN MODO DE VIDA NO FASCISTA

Políticas de verdad

Cada sociedad posee su régimen de verdad, su política general de la verdad, define los discursos que hacen funcionar como verdaderos o falsos, los mecanismos para sancionare a unos o a otros, las técnicas y procedimientos valorados para obtener la verdad, asigna, en fin, un estatuto a quienes se encargan de decir qué es lo verdadero. En nuestras sociedades la economía política de la verdad tiene unas características propias. Existe un debate en torno a la verdad, en torno al conjunto de reglas en función de las cuales se distingue lo verdadero de lo falso y se ligan efectos políticos de poder a lo verdadero. No se trata de un combate en favor de la verdad, sino en torno al estatuto de verdad y al papel económico-político que juega. Por <<verdad>> hay que entender un conjunto de procedimientos reglados por la producción, la ley, la repartición, la puesta en circulación, y el funcionamiento de los enunciados. La verdad está ligada circularmente a los sistemas de poder y a los efectos de poder, al <<régimen>> de verdad. Este régimen no es ideológico o superestructural, sino que fue una de las condiciones necesarias para la formación y el desarrollo del capitalismo. No se trata de liberar a la verdad de todo sistema de poder, ya que eso no es posible, sino de separar la verdad de las formas hegemónicas, sociales, económicas, culturales, en las que funciona. La cuestión por excelencia no es el error, la ilusión, la ideología, la conciencia alienada, es la verdad misma. 

Llamamos genealogía al instrumento artesanal que nos permite comprender las génesis y las transformaciones de los sistemas implícitos que, sin que seamos conscientes de ellos, determinan nuestras conductas, gobiernan nuestra manera de pensar, rigen, en suma, nuestras propias vidas. La genealogía está al servicio de la verdad entre otras cosas porque desvela las políticas de verdad y los intereses en juego, desvela los juegos de verdad y sus formas hegemónicas.

La genealogía foucaultiana es modesta y sectorial; lejos de cuestionar el todo social, el análisis enfoca y distingue distintos poderes y diferentes territorios en los que se articulan saberes y poderes específicos que vertebran históricamente las sociedades capitalistas. Más que a partir del poder estatal parte de relaciones materiales, específicas, de poder, que hicieron y aún hacen posible las formas de explotación y de dominación.

En la historia operan los poderes y se imbrican los saberes y en este sentido la genealogía es un saber histórico que da cuenta de procesos sociales que son inseparables del surgimiento y desarrollo de determinadas categorías de conocimiento.

La genealogía del poder foucaultiana es deudora de pensadores clásicos de las ciencias sociales, y especialmente de Karl Marx, Max Weber y Émile Durkheim. Todos ellos realizaron un trabajo epistemológico sobre los propios códigos de pensamiento con el fin de proceder a la crítica del conocimiento y de las condiciones del conocimiento, con el fin de objetivar las políticas de la verdad. Para todos ellos el análisis de los procesos sociales en la historia, en su génesis, es una condición para descubrir en el tiempo presente, sus funciones sociales. La genealogía permite descubrir en la historia continuidades históricas invisibles, pero también discontinuidades y metamorfosis allí donde aparentemente no hay cambios profundos o transformaciones radicales.

La genealogía del poder rastrea por tanto en la historia las condiciones de formación y desarrollo tanto de saberes como de mecanismos de poder que hacen posible la perpetuación del capitalismo, saberes y mecanismos que reenvían a prácticas sociales materiales e institucionales, pero también a prácticas discursivas y representaciones simbólicas. La genealogía es una mirada indiscreta y comprometida con la verdad que permite establecer las relaciones complejas y las filiaciones entre la materialidad del mundo social y las representaciones mentales.

Y si bien es cierto que existen relaciones complejas que articulan saberes y poderes, estas relaciones no son mecánicas. La genealogía es una metodología que, para desvelar esa articulación introduce las mediaciones. Y así Foucault no sólo plantea que es necesario estudiar las condiciones naturales de emergencia de los saberes, y las relaciones que se establecen entre formas específicas de saber, en particular las ciencias humanas y sociales y determinadas formas de ejercicio del poder, sino que analiza las transformaciones que conducen a una modificación en las reglas de formulación de los enunciados, en la política de la verdad misma. Pero para hacerlo, y puesto que ese régimen de verdad no resulta de una relación directa con las prácticas sociales sino del entrecruzamiento entre formas de ejercicio del poder y los campos del saber, es preciso llevar a cabo un paciente y reflexivo trabajo sobre las mediaciones, sobre la articulación entre las prácticas materiales, las prácticas políticas, y los discursos científicos, un trabajo que permite sacar a la luz la lógica profunda que liga los distintos tipos de prácticas sociales, ya que los discursos forman parte de esas prácticas, aunque tengan una relativa autonomía. Foucault es uno de los pocos analistas sociales que ha realizado este esfuerzo. Por ejemplo, en relación con el discurso clínico, muestra como la práctica política y social ha transformado las condiciones de formación, de inserción y de funcionamiento de este discurso, pero para ello era preciso explicar de forma matizada cómo surgen nuevas técnicas de observación, cómo y por qué se produce la reorganización del espacio hospitalario, cómo y por qué surgen las historias clínicas, y con ellas nuevas formas de transmisión del saber médico, en fin, era preciso analizar las nuevas funciones sociales del discurso médico en el interior del sistema administrativo y político, así como el nuevo enclave al que se aferran las teorías y las prácticas médicas: la gestión de la población. Ahora bien, todas esas transformaciones no sólo se traducen y se expresan en los conceptos, las técnicas, los métodos, los objetos médicos, sino que modifican las reglas de formación de los enunciados, las políticas de la verdad de la medicina moderna.

La genealogía de determinados discursos portadores de saber obliga a tener en cuenta las relaciones de poder que existe en la sociedad en el momento en que surgen y se solidifican esos discursos, en tanto que discursos portadores de verdad. Y así es como los discursos psiquiátricos, psicopatológicos, psicológicos y psicoanalíticos aparecen en Occidente ligados a condiciones sociales y políticas específicas, y desempeñan determinadas funciones sociales, entre otras la de contribuir a la psicologización del campo social.

Fernado Álvarez-Uría

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