Jordi Pigem (La nueva realidad) Del economicismo a la conciencia cuántica

MODERNIDAD Y ESQUIZOFRENIA

La esquizofrenia es una psicopatía moderna. A diferencia de otros trastornos de los que hay constancia en la antigüedad clásica, no hay casos conocidos de esquizofrenia antes de finales del siglo XVIII.
El mundo contemporáneo está lleno de prodigios y oportunidades. Pero su luz crea intensas sombras. La aceleración, la fragmentación y la mecanización del mundo de hoy generan despersonalización y alienación, hasta el punto de que puede decirse que <<la experiencia de la vida en los siglos XX y XXI reproduce muchas de las experiencias que hasta ahora eran de dominio exclusivo de los esquizofrénicos>>. Ello implica que las personas con tendencias al racionalismo malsano encajan perfectamente en trabajos propios del sistema tecnocrático  en ámbitos como la burocracia, la tecnología y parte de la ciencia. Esta correlación ya había sido sugerida por Karl Jaspers:

Uno estaría tentado de hablar de una afinidad particular entre la histeria y el espíritu reinante ante del siglo XVIII, afinidad que existiría entre la esquizofrenia y el espíritu de nuestro tiempo.   

Como afirman en un articulo reciente Novella y Huertas, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales de CSIC:

              La esquizofrenia [...] no es sino el testimonio más dramático de una cultura [...] que a todos nos lleva a relacionarnos con el mundo, los demás y nosotros mismos desde el parapeto de una reflexividad que nos aleja de la espontaneidad, la inmediatez y -como deploran los románticos- quizá también de la vida. Una cultura que, como no podría ser de otra manera, lleva así en su núcleo el germen y el fundamento de su propia alienación.

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CAMBIO DE RUMBO

La física cuántica nos muestra que la visión materialista y mecanicista resulta falsa cuando nos acercamos al núcleo de la realidad.
La coyuntura social y económica nos muestra que la búsqueda de la prosperidad a través del crecimiento material es hoy insostenible.
La neurociencia nos muestra que la visión materialista del mundo surge de un tipo de pensamiento, lógico, lineal y literal, que debería estar al servicio de un tipo de pensamiento más amplio y vital: holístico, participativo, contextual y relacional.
La evolución del conocimiento nos muestra que el universo es un lugar mucho más fascinante de lo que habíamos pensado, que la realidad se manifiesta a través de nuestra participación en ella, a partir del presente, en una aventura abierta y creativa.
Esto sabemos. Debería ser suficiente para cambiar nuestra visión del mundo, nuestros valores y prioridades. Para transformar lo que hacemos y lo que somos.
Dicho de otro modo, la evolución del conocimiento nos invita a imaginar un mundo en el que veríamos:

la prosa al servicio de la poesía,
la razón al servicio de la intuición,
lo material al servicio de lo personal,
lo analítico al servicio de lo holístico,
lo cuantitativo al servicio de lo cualitativo,
la información al servicio de la imaginación,
lo calculable al servicio de lo creativo,
lo tangible al servicio de lo intangible,
lo mecánico al servicio de lo vital,
el poder al servicio del amor,
el tener al servicio del ser.

Con este cambio de rumbo quedan atrás milenios de historia en que nos habíamos esforzado en dominar y controlar la realidad.
Ya no hace falta controlarla, porque es, somos nosotros.

* Jordi Pigem (Inteligencia vital) Una visión postmaterialista de la vida y...

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