Alessandro Baricco (Next) Sobe la globalización y el mundo que viene

Preguntarse si las cosas son ciertas antes de preguntarse qué pensamos sobre ellas es un ejercicio que suena incluso ingenuo, de pasado de moda como está. La verdad de los hechos ha sido obligada a retroceder hasta la misma función que la masa de carne desempeña en la hamburguesa americana: tendría que ser el corazón y el sentido de la misma, pero se ha convertido en poco más que una excusa insignificante; casi por completo carente de sabor, justifica sin embargo todo el resto (salsa, ingredientes y, por derivación, el rito mismo de esa forma de comer, infantil, con las manos). No hay nadie que se queje nunca del hecho de que la carne no está buena. Por otra parte, nadie espera que esté buena. Nadie espera que la verdad de los hechos sea algo más que lo que suena verosímil o, al menos, lo que suena bien.


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