Luis Racioneo (Oriente y Occidente)

Alan Watts en su Libro del tabú, explica magistralmente cómo, durante dos mil años, nos han educado para creer que las personas son un ego metido en un saco de piel, cuando en realidad el hombre no es esta dualidad de cuerpo y mete, de animal racional que se pretende en Occidente, sino un cuerpo-espíritu indiferenciado  siendo lo material y lo mental indistinguibles, manifestaciones, por canales de expresión distintos, de un mismo poder formativo del cuerpo-espíritu.
Watts demuestra que la sensación prevalente de que una persona es un ego separado, encerrado en su caso de piel, es una alucinación incongruente con la ciencia occidental y con las religiones filosóficas del Este. Esta alucinación ha sido causada por modos de pensar en imágenes, modelos, mitos y lenguajes, que se han usado durante miles de años sobre la percepción. Pocos suelen descubrir, por ejemplo, que los pensamientos y emociones más íntimos no son realmente personales, sino pensados en términos de lenguaje e imágenes que vienen dadas por la sociedad.

             El centro de la cuestión es el mudo en que nos concebimos como seres humanos, nuestra sensación de estar vivos, de existencia individual y de identidad. La mayoría tenemos la sensación de que <<yo>> es un centro de percepción y acción, que vive dentro del cuerpo físico, un centro que confronta un mundo exterior de gentes y cosas, entrando en contacto a través de los sentidos con un universo extraño. Hay figuras del lenguaje corriente que reflejan esta ilusión: <<Yo vine al mundo>>, <<Debes afrontar la realidad>>, <<La conquista de la naturaleza>>. Esta sensación de ser solitarios y efímeros visitantes en el universo está en total contradicción con todo lo conocido en las ciencias sobre el hombre y los demás organismos vivos. No <<venimos>> al mundo; salimos de él, como las hojas de un árbol. Igual que el océano <<ondula>>, el universo <<puebla>>. Cada individuo es una expresión de todo el ámbito de la naturaleza, una acción única del universo total.
El mero hecho de aceptar la existencia del yo como una realidad objetiva inclina a adoptar una postura de imposición del yo propio sobre las circunstancias para conseguir lo que <<uno>> desea. Por supuesto, esta actitud no es rechazable; es la actitud heroica de Prometeo, que ha conseguido para Occidente el progreso material. No se puede pretender, con la filosofía oriental o con otra cualquiera, atacar la opción voluntarista de vivir la vida diciendo adónde se quiere ir. Lo que sí interesa es conocer y sospesar los conflictos implicados en esta posición; por eso hablamos de dimena. La filosofía oriental ayuda a ver que el propio concepto de ego es ya una opción, y avisa para que, sea cual sea la opción que se adopte, asimilando el ego o disolviéndolo, se ve la encrucijada mental y que hay más de un camino.


                 En vano partimos el agua del torrente con el hierro,
                 en vano bebemos para ahogar la pena.
                 ¡Cuando el deseo humano está en guerra con el destino,
                 sólo vale una cosa, y sólo una!:
                 izar velas y dejar que el viento y el agua nos lleven

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Los nudos mentales que ahogan al occidental ante diversas situaciones de la vida se pueden afrontar de otra manera desde la perspectiva oriental. Sin embargo, los nudos mentales aunque se aflojan con el pensamiento, sólo se deshacen viviendo. La filosofía sólo sirve para dar un punto de vista, una opinión sobre el mundo. Tenemos la opinión oriental, sobre los básicos dilemas occidentales; pero la última palabra la tiene la acción.
Los nudos mentales y los síntomas psicosomáticos que provocan se deben a los deseos. Los conflictos vienen de los deseos; donde no hay deseo no hay problema. Los deseos son el ego, y los recuerdos. La identidad o ego se construye con recuerdos, que son el pasado, y con deseos que son el futuro; el yo es un conjunto de recuerdos y proyectos. Cuando se eliminan recuerdos y proyectos, el pasado y el futuro, ¿qué queda?, aquí y ahora.
Todo el trabajo consiste en eliminar los deseos. Si nada se desea no puede haber conflicto, decepción, presión. Se actúa, pero sin intención, sin preconcepción, sin presión, con wuwei.
Todos los problemas vienen de los deseos: eliminar los deseos es eliminar el ego, y con ambos, los conflictos. Disminuir la atención, aumentar la atención, he ahí todo el secreto: <<choiceless awareness>>.
Ahí reside toda la cuestión. Es muy sencillo de resumir, simple de expresar, como todo lo fundamental, pero muy difícil de poner en práctica. Lo he expuesto con toda claridad; pero ¿quién es capaz de realizarlo? Ahí está la dificultad. Pero, por difícil que sea en la práctica, en teoría es muy simple. Todo lo anterior se resume en ello. Y el exponerlo con claridad se me agradecerá llamándome divulgador: si hubiera escrito trescientas páginas densas y oscuras sobre la noción del yo, el ser y la nada o el concepto de substancia, se me tendría por un pensador profundo y consistente.


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