Carlos París (En la época de la mentira)

LA DOMINACIÓN DE LAS MASAS MEDIANTE LA MENTIRA

Pero la situación es absolutamente inversa cuando la mentira se utiliza por el poder para mantener a las masas dominadas. Se hace presente aquí una estrategia absolutamente condenable, pero, por desgracia, nada difícil de conducir viento en popa. Ya Jonathan Swift hablaba de la <<natural tendencia de los pueblos a dejarse engañar por sus gobernantes>>. Analizar esta situación y denunciar, no sólo su historia, sino su escandalosa actualidad, su enorme fuerza en estos días, constituye el objetivo principal de estas reflexiones, la inquietud que me ha llevado a escogerla como tema de esta conferencia inaugural y proponerles, a través de mis palabras, la reflexión sobre la gravedad de la situación que vivimos en esta época de reinado triunfal de la mentira.

Marcuse pensaba que en el siglo XXI los recursos tecnológicos y comunicativos del poder para controlar a las masas llegarían al extremo de hacer innecesario el uso de la violencia. En realidad, lo que se ha producido es una nefasta simbiosis entre ambos procederes.

En este línea de manipulación y domesticación de las conciencias, no sólo topamos con la mentira como recurso, sino con el cultivo de mitos e ilusiones capaces de mantener sumisa a la población. Con el montaje de un falaz Retablo de las Maravillas.

LA GRAN CONTRADICCIÓN DE NUESTRA CIVILIZACIÓN

En este sentido, yo diría que nos encontramos en una civilización en la cual gozamos de un prodigioso desarrollo científico y técnico. Es asombrosa la manera en que hemos llegado a conocer el universo, el cuerpo humano, la vida entera, los mecanismos de la sociedad, y es prodigiosa nuestra inmersión en una tecnosfera que nos rodea y se sobrepone a nuestra relación con la naturaleza. Desde que salimos del sueño, no por la luz del sol, sino por el chillido de una aparato despertador, hasta que nos acostamos y apagamos, la electricidad guía y posibilita toda nuestra vida cotidiana, nuestra información y comunicación, nuestro trabajo, nuestros desplazamientos. Y, sin embargo, yo observaría que ese desarrollo científico y técnico, de que disfrutamos en una gran parte del mundo, es abismalmente desigual. Lejos de servir al conjunto de la humanidad, está orientado en nuestra civilización actual hacia el beneficio económico de minorías privilegiadas que establecen su poder sobre el planeta, sobre los seres humanos que lo habitan y sobre sus recursos, en una desenfrenada carrera que hunde multitudes en la indigencia, en la miseria y pone en peligro nuestra biosfera.

EL NIÑO COMPRADOR Y LA EXALTACIÓN DE LA INFANCIA

A la exaltación de la juventud que era típica de los fascismos, reemplaza ahora la glorificación de la infancia y el esfuerzo por la infantilización de la sociedad. Dinamismo que se refleja, evidentemente, en primer lugar, y, como, punto de partida, siguiendo a Barber, en la promoción de la figura del <<niño comprador>>. O, si quieren ustedes decirlo con mayor exactitud, el niño que mueve a su favor compras de los padres y madres. Y es que, deseando ampliar el mercado, buscando nuevos compradores, aparece la figura del niño, y se cae en la cuenta de que éste materializa al comprador realmente ideal, porque es el más sugestionable.
Aquel a quien es más fácil convencer y provocar en él necesidades más o menos artificiosas, pero convenientes para la venta de los productos que llenan las estanterías de los comercios. Y, curiosamente, las peticiones del infante se imponen a los adultos, ganados, no sólo por el natural amor a los hijos, sino por la mitología que se va produciendo de la infancia. A veces, bajo la influencia de la crítica de una sociedad ampliamente persuadida de que se ha tratado a los niños de una forma demasiado despótica. Sin matizar las diferencias de época, de clase, de país. Entonces, en radical giro, se piensa que, en lugar de asumir la obligación de educarles, hay que concederles todos los caprichos. Amplio fenómeno, que no es ahora posible analizar con detalle, pero que sería muy interesante traer aquí a debate.

Y, arrancando de esta base, se extiende una amplia maniobra de infantilización hacia los adultos. Cachivaches como la Play Startion y los juegos ofrecidos por los ordenadores se van incorporando al entretenimiento de las personas mayores. Y Barber, después de un meticuloso estudio, nos da una interesante lista de las películas que se están proyectando, obteniendo el mayor éxito de audiencia, resultando que son aquellas que, por su orientación y desarrollo, se revelan más apropiadas para niños y adolescentes, sobre todo para estos últimos.

Y a ello se añade toda la literatura tan curiosa en manos de la actual y poderosa industria cultural que rodea al escritor, en que la profundización y exposición de los problemas del presente, y de aquellos que afectan hondamente a la condición humana, es suplantada por el escapismo. En lugar de novelas como las de Galdós o de Balzac, en línea con lo primero, o de Goethe de acuerdo con lo segundo, irrumpen relatos que nos llevan hacia los temibles extraterrestres o a los misterios de los templarios y del Santo Grial convertidos por la propaganda en <<best sellers>>. Y que no recogen, tampoco, la tradición de la gran novela histórica, sino que aportan puras fantasías de entretenimiento pueril, destinadas a huir de la realidad, su exposición y su crítica. Mientras las obras de mayor categoría literaria, que tampoco faltan en nuestros días, marginadas por la tendenciosa crítica, agonizan en las estanterías, abandonadas en su esfuerzo de levantar una cultura creadora.

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