Stefan Zweig (Amok)

-¿Amok?... Creo recordar que se trata de... una especie de embriaguez entre los malayos.
-Es más que una embriaguez..., es una locura, una especie de rabia humana..., un ataque de monomanía homicida, insensata, que no se puede comparar con ninguna intoxicación alcohólica... Durante mi estancia allí yo mismo estudié algunos casos (cuando se trata de los demás uno siempre es muy sensato y objetivo), aunque sin desentrañar en ninguno de ellos el terrible secreto de su origen... De alguna manera guarda relación con el clima, con aquella atmósfera sofocante y pesada que ataca los nervios como una tormenta, hasta que estallan... Pues bien, el amok... sí, el amok es esto: un malayo, un hombre cualquiera, sencillo y de buena pasta, bebe su brebaje..., está ahí sentado, abúlico, indiferente, abatido..., igual que yo estaba en mi habitación...y, de repente, se pone de pie de un salto, coge su puñal y sale corriendo a la calle..., corre en línea recta, siempre derecho..., sin saber adónde... Todo cuanto se interpone en su camino, hombre o animal, él lo abate con su kris y el delirio de la sangre lo vuelve aún más furioso... Mientras corre le sale espuma por la boca, aúlla como un loco..., pero sigue corriendo y corriendo, no mira a la derecha ni a la izquierda, corre lanzando gritos agudos, con su ensangrentado puñal, siguiendo siempre esa misma y espantosa línea recta... Las gentes de los poblados saben que ninguna fuerza puede detener al loco homicida..., de modo que, cuando lo ven, previenen a los demás con ritos de: <<¡Amok, amok!>>, y todo el mundo huye...pero él corre sin oír, corre sin ver, derriba todo lo que encuentra a su paso... hasta que lo matan de un tiro como a un perro rabioso o cae él mismo, exhausto, echando espuma por la boca...

>>Una vez lo vi desde la ventana de mi bungalow... Fue espantoso... Pero sólo por el hecho de haberlo visto, puedo comprenderme a mí mismo en aquellos días..., porque fue también así, exactamente así, como aquella horrible mirada siempre al frente, sin ver nada a la derecha o a la izquierda, con esa obsesión, me lancé detrás de aquella mujer... No sé lo que hice en aquella disparatada carrera, a una velocidad frenética, todo ocurrió tan deprisa... Al cabo de diez minutos, no, cinco, no, dos..., en cuanto lo supe todo de aquella mujer, su nombre, su dirección, su sino, regresé rápidamente a mi casa montado en una bicicleta prestada, metí un traje en la maleta, tomé algún dinero y me dirigí en mi coche a la estación del ferrocarril... Me fui sin avisar al funcionario del distrito..., sin nombrar a un sustituto, abandoné la casa dejándola como estaba. Los criados me rodearon, las mujeres, atónitas, me hicieron preguntas, yo no les respondí, ni siquiera me volví..., me dirigí a la estación y subí al primer tren que salía en dirección a la ciudad... Sólo una hora después de que aquella mujer hubiera entrando en mi casa yo echaba a perder mi vida y me precipitaba al vacío como un amok...

>>Corría como un loco... Dándome de cabeza contra la pared. Legué a las seis de la tarde..., a la seis y diez minutos estaba en su casa y me hacía anunciar... Era..., usted lo comprenderá..., era la cosa más absurda y más estúpida que podía hacer..., pero el loco homicida corre con los ojos vacíos, no ve dónde corre... Al cabo de unos minutos regresó el criado..., cortés y frío..., la señora no se encontraba bien y no podía recibirme. 

>> Salí tambaleándome... Durante una hora estuve aún dando vueltas alrededor de la casa, obsesionado por la insensata esperanza de que ella saliera a buscarme... Sólo más tarde tomé una habitación en un hotel de la playa y me llevé dos botellas de whisky... Gracias a ellas y a una doble dosis de veronal al fin conseguí dormirme... y aquel sueño pesado y cenagoso fue la única pausa en aquella carrera entre la vida y la muerte.

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