Julian Baggini (La queja) De los pequeños lamentos a las protestas reivindicativas

Al principio de este libro he dicho que mi objetivo era hacer frente a la percepción que tenemos de la queja como algo negativo, trivial y fundamentalmente inútil con la idea de que puede ser una fuerza positiva y constructiva que surge de la misma esencia que nos hace humanos. En su forma más noble, la queja -como expresión dirigida de un rechazo o incapacidad para aceptar que las cosas no son como deberían ser- se sitúa en el centro de todas las campañas para crear un mundo mejor y más justo. Pero en su forma, la queja errónea se manifiesta en una cultura de la reivindicación que socava la ética y la sustituye por un conjunto de actitudes legalistas que minan la responsabilidad, la libertad y la compresión apropiada de las contingencias de la vida.

Pero incluso a un nivel menos ambicioso, ser más sensible a la diferencia entre queja errónea y apropiada implica una infinidad de pequeñas diferencias en nuestras vida. Quejarnos de las cosas que no pueden o no deben ser cambiadas es un terrible gastos de energía. Inevitablemente, muchas de nuestras quejas, si no todas, son de ese tipo, pero siempre y cuando aceptemos que descargar nuestra bilis en estos casos no es más que una liberación catártica, o incluso una actividad placentera, no hay problema. Los problemas surgen cuando esas quejas llevan a la frustración y al estrés al no lograr advertir la inutilidad funcional de nuestras protestas.

Asimismo, resulta útil ser conscientes de la forma, y no solo del fondo, cuando nos quejamos. No hay necesidad de que las quejas nazcan de la ira, ni de que las expresamos agresivamente. El arte de la queja constructiva requiere conocer cuándo es más probable que un planteamiento sosegado vuelva a poner las cosas en su sitio, y cuándo la furia desatada es el único camino para forzar el asunto. También requiere ser específico y proporcionado respecto al objeto de nuestra queja.

Del mismo modo, resulta valioso reflexionar sobre aquello que las quejan dicen de nosotros, como individuos y generaciones, naciones y tal vez sexos: por nuestras quejas nos conocerán. La queja no es única en este sentido: en cierto modo todo lo que hacemos o decimos refleja algo más general. Pero la queja me parece especialmente reveladora e interesante, en parte porque no se la suele considerar digna de un examen serio, y en parte porque es una de las actitudes más humanas. 
Esto es lo que, en mi opinión, hace que la queja sea tan importante. Por lo tanto, buena parte de la vida tiene que ver con afrontar el salto entre cómo son las cosas y cómo deberían ser. ¿Qué grado de imperfección hemos de aceptar, y hasta qué punto tenemos que esforzarnos por que las cosas cambien? Es una pregunta a la que hacemos frente cada día, en el trabajo, con los amigos, los compañeros, nuestros cuerpos y mentes, en lo relativo a la política y la justicia social. Apenas es una distorsión afirmar que estas preguntar versan, efectivamente, acerca de si debemos quejarnos o perseverar, dirigir nuestra insatisfacción hacia los demás o asumir la responsabilidad, y de cómo poner en práctica esas decisiones.

Las estrategias generales no sustituyen al juicio prudente. Los individuos que habitualmente se guardan sus quejas para sí mismos pueden ser más difíciles de tratar que aquellos que se quejan de continuo: al menos, con estos, sabes lo que piensan. Sin embargo, pensar en la naturaleza de la queja errónea y apropiada nos proporciona el telón de fondo para elaborar juicios reflexivos.
Así pues, no crean a quienes afirman que haríamos mejor en quejarnos menos, no solo por que a menudo son individuos que tienen mucho que ganar si no se modifica el statu quo, sino también porque lo que importa no es la cantidad, sino la calidad de nuestras quejas. Volviendo a Martin Luther King, yo no diría <<Liberaos de vuestro descontento>>. En lugar de ello, he intentado transmitir la idea de que podemos canalizar ese descontento normal y saludable en una salida creativa de queja y acción positiva y constructiva que acerque el mundo a como debería ser.

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