Erich Fromm (Psicoanálisis de la sociedad contemporánea)

En la actualidad, toda regresión desde la libertad hacia un arraigo artificial en el estado o en la raza es síntoma de enfermedad mental, ya que tal regresión no corresponde a la fase evolutiva ya alcanzada y tiene por consecuencia fenómenos indiscutiblemente patológicos.
Independientemente de que hablemos de "salud mental" o del "desarrollo maduro" de la especie humana, el concepto de salud mental es un concepto objetivo, al que hemos llegado por el examen de la "situación humana" y de las necesidades y exigencias que de ella nace. De ahí se sigue, como indique en el capítulo II, que la salud mental no puede definirse como "adaptación" del individuo a su sociedad, sino que, por el contrario, se la debe definir como adaptación de la sociedad a las necesidades del hombre, y por el papel de ella en impulsar o impedir el desarrollo de la salud mental. Si el individuo está o no está sano, no es primordialmente un asunto individual, sino que depende de la estructura de su sociedad. Una sociedad sana desarrolla la capacidad del hombre para amar a sus prójimos, para trabajar creadoramente, para desarrollar su razón y su objetividad, para tener sentimiento de sí mismo basado en el de sus propias capacidades productivas. Una sociedad insana es aquella que crea hostilidad mutua y recelos, que convierte al hombre en un instrumento de uso y explotación para otros, que lo priva de un sentimiento de sí mismo, salvo en la medida en que se somete a otros o se convierte en un autómata. La sociedad puede desempeñar ambas funciones; puede impulsar el desarrollo saludable del hombre, y puede impedirselo; en realidad, la mayor parte de las sociedades hacen una y otra cosa, y el problema está sólo en qué grado y en qué dirección ejercen su influencia positiva y su influencia negativa.
Esta idea de que la salud mental debe determinarse objetivamente y que la sociedad tiene a la vez una influencia impulsora y una influencia deformadora sobre el hombre, no sólo contradice la idea relativista, que hemos examinado más arriba, sino otras dos ideas que me propongo examinar ahora.   Una de ellas, decididamente la más popular hoy, quiere hacernos creer que la sociedad occidental contemporánea, y de modo más especial "el tipo de vida norteamericano", corresponde a las necesidades más profundas de la naturaleza humana y que la adaptación a ese tipo de vida significa salud mental y madurez. La psicología social, en vez de ser un instrumento para crítica de la sociedad, se convierte de este modo en una apología del statu quo. Desde este punto de vista, los conceptos de "madurez" y de "salud mental" corresponden a la actitud que puede desearse de un trabajador o un empleado de la industria o de un negocio. Para dar idea de este concepto de adaptación, tomo la definición que el Dr. Strecker da de madurez emocional. "Defino la madurez -dice- como la capacidad de perseverar en un empleo, la capacidad de rendir en una ocupación más de lo que se pide, de veracidad, de persistencia para llevar a término un plan a pesar de las dificultades, capacidad para trabajar con otras personas dentro de un conjunto organizado y bajo una autoridad, capacidad para tomar decisiones, voluntad de vivir, flexibilidad, independencia y tolerancia". Está completamente claro que lo que aquí da Strecker como madurez son las virtudes de un buen trabajador, un buen empleado o un buen soldado de las grandes organizaciones sociales de nuestro tiempo; son las cualidades que suelen mencionarse en los anuncios que solicitan un director-ejecutivo jove. Para él, y para otros muchos que piensan como él, madurez es lo mismo que adaptación a nuestra sociedad, sin preguntarse nunca si esa adaptación que experimenta es la adaptación a un modo saludable o a un modo patológico de conducir la vida.

* Erich Fromm (El arte de escuchar)

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