Anthony Clifford Grayling (La elección de Hércules) El placer, el deber y la buena vida en el siglo XXI

Hacer realidad una sociedad civil, como el medio apropiado para llevar una vida ética, requiere una educación liberal. Por educación libertal entiendo una educación que incluya la literatura, la historia y la apreciación del arte, y que dé a estas el mismo peso que los temas científicos y práctivos. La instrucción científica es un componente especialmente importante de la educación liberal; tanto su los nuños siguen estudiando las asignaturas científicas en los niveles superiores de su escolarización como si no, deberían seguir recibiendo regularmente clases de ciencia para que puedan contribuir de una forma adecuada y competente a las decisiones públicas relativas a los efectos que la ciencia y la tecnología pueden tener en sus vidas.
La educación en el arte y en las humanidades abre a la gente la posibilidad de ser más reflesivos y de estar mejor informados, especialmente en lo que respecta a la diversidad de la experiencia y el sentimiento humano, tal como existe aquí y ahora, y tal como existió en el pasado o existe en otras partes. Esto hace que la gente sea más capaz de apreciar los intereses de los demás, de manera que puedan tratarlos con respeto, simpatía y generosidad, por muy diferentes que sean las opciones que ellos tomen y por muy diferentes que sean los factores que hayan influído en sus vidas. Cuando el respeto y la simpatía son mutuos, el resultado es que las diferencias que puedan dar lugar a fricciones, e incluso provocar una guerra, pueden ser salvadas o cuando menos toleradas. La tolerancia es más que necesaria en un mundo que, de lo contrario, se vería amenazado por las oposiciones que demasiado a menudo conducen al asesinato.
Debo admitir que el cuadro que acabo de presentar es manifiestamente utópico; han existido sin duda oficiales de la SS que leían a Goethe y que escuchaban grabaciones de Beethoven antes de ir a trabajar a los campos de exterminio, o sea que la educación, incluso la de tipo liberal, o sea que la educación, incluso la de tipo liberal y aculturadora recién evocada, no garantiza automáticamente que las personas que la reciben se vuelvan mejores, Pero sí lo hace con mayor frecuencia que la estupidez y el egoísmo resultante de la falta de conocimientos y de la adopción de un punto de vista empobrecedor.
La educación liberal en este sentido ya no es considerada como un ideal de Occidente contemporáneo, y muy especialmente en los países anglófonos. Como hemos decho más arriba para lamentarlo, la educación está excesivamente limitada a los jóneves, y es en todo caso un tipo ded educación orientado al objetivo específico de conseguir un empleo al salir de la escuerla.
Esto constituye incuestionablemente un pérdida, pues el objetivo de la educación liberal es producir gente que desee seguir aprendiendo una vez que haya terminado su educación formal; gente que sea reflesiva e enquisitiva y que sepa encontrar las respuestas a sus preguntas cuando lo necesite. Esto es especialmente importante en relación con los siempre presentes y reiterativos dilemas morales y políticos de la sociedad, que tiene que ser renegociados cada vez que aparecen. En una buena sociedad, sus miembros están a la altura de este reto porque son personas informadas y capacitadas.

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