Luciano Canfora (La historia falsa)

EL CHIVO EXPIATORIO

El desafió consiste en tratar de entender el movimiento histórico, que continúa incesante bajo nuestros ojos. Las clases se han transformado profundamente, es claro que el obrero fabril del mundo industrializado no será el sujeto de la superación (si la hay) de las actuales relaciones de fuerza. Por otra parte, la polarización entre riqueza y miseria se ha profundizado y propagado por todo el planeta.

Eso no quita que el obrero empleado, que defiende justamente los derechos que ha conquistado en el curso de un siglo de luchas, sea hoy el blanco de una campaña hostil, maquillada en sus términos y chantajista en sus modos. Se le ordena que renuncie a sus conquistas, cuya obstinada defensa penalizaría (y ésta es la acusación paradójica) a las generaciones futuras. Aferrado a sus <<privilegios>>, a esos poco más de 1.000 euros mensuales que -en el mejor de los casos- gana y a las garantías sociales y estatutarias que ha obtenido, el obrero es presentado como el ciego egoísta que se desinteresa por el destino de las generaciones futuras.

Raras veces ha alcanzado estas cotas la desvergüenza de quien pretende, desde su torre de absoluto bienestar, dar una lección de ética y de política a los asalariados que se las arreglan para subsistir.

Esta gente impúdica señala, frente a las generaciones <<jóvenes>> de cuya suerte se declara preocupada, al obrero protegido como enemigo que les roba su futuro e impide su presente. La identificación del chivo expiatorio es un viejo truco. Aquí el chivo expiatorio hacia el que canalizar el descontento es el sindicato que defiende a los trabajadores estables. Lejos de reconocer que es la supremacía del beneficio -fundamento intocable y sagrado del sistema- la que arroja fuera del mercado de trabajo a generaciones enteras, se recurre a la hábil y chantajista denuncia del egoísmo (¡) de quien, por suerte, aún no ha sido expulsado y no se resigna a reducir el salario y a empeorar sus condiciones de trabajo para <<salvar el euro>>.

Se puede establecer un paralelismo clarificador. En tiempo, fue el nacionalsocialismo el que creó, con incesante repetitividad, el blanco falso: los judíos. Para explicar las desventuras y las miserias del pueblo alemán en la última fase de los quince años weimarianos, se encontró el chivo expiatorio: el judío <<tirano>>. Y la denuncia fue tan insistente que se convirtió en sentido común. La técnica del chivo expiatorio está ya probada. Nubla la vista. Decir que el sindicato (FIOM) que defiende a los ya ocupados es el enemigo de los jóvenes desempleados, equivale a señalar al <<ávido>> judío como causa de la pobreza de los proletarios alemanes. 

Si los banqueros y los magnates se resignasen a reducir sus beneficios, lo que quiere decir reducir el horario de trabajo a igual salario y aumentar los puestos de trabajo, el problema de los jóvenes estaría al menos encaminado a solucionarse. Pero ¿cuál es el dogma? Que el beneficio no se toca, es sagrado. Hace falta lanzar una campaña contra esta peligrosa caza al chivo expiatorio.

También en el caso del ataque al Estado del Bienestar, el presupuesto intocable es que el beneficio debe mantenerse intacto e incluso acrecentarse. El chantaje es el siguiente: si no se aceptan nuestras condiciones, condiciones, <<deslocalizamos>> (Polonia, Bosnia, Rumanía, etc., a vuestro gusto.

Es evidente que la reducción del horario de trabajo y el respeto a las conquistas sociales en el campo de las pensiones (sobre todo, para los trabajos más agotadores) crearía más puestos de trabajo: pero perjudicaría indudablemente los beneficios.

Frente a un escenario como éste se reacciona: a) con la fuga de los capitales, b) con inversiones en el extranjero, en países donde la esclavitud o la semiesclavitud están vigentes.

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