Henry David Thoreau (Cartas a un buscador de sí mismo)

Me digo a mí mismo: dedícate un poco más a la labor que dices dominar. Usted no está satisfecho o insatisfecho con usted mismo sin razón aparente. ¿No posee una cualidad del intelecto de inestimable valor? Si existe algún experimento que le gustaría llevar a cabo, adelante. No deje espacio para las dudas que no le sean satisfactorias. Recuerde que no tiene por qué comer si no está hambriento. No lea los periódicos. No deje pasar ninguna oportunidad de sentirse melancólico- Y en cuanto a la salud considérese sano. No se empeñe en encontrar las cosas tal y como usted cree que son. Haga lo que nadie más puede hacer por usted. No haga otra cosa.
No es fácil hacer de nuestras vidas algo decente, sea cual sea la actividad que realicemos. Debemos retirarnos constantemente al caparazón de nuestros pensamientos, como tortugas, con cierta impotencia. Y, sin embargo, hay algo en todo esto que va más allá de la filosofia.
No malgaste ninguna reverencia ante mí. Apenas soy capaz de mantenerme sentado donde sea que me encuentre. Estoy seguro de que mis conocidos no me juzgan con propiedad. Piden mi consejo sobre asuntos importantes, pero ignoran incluso hasta dónde llegan mis carencias materiales. No tengo otra ropa que la que visto cada día. Tan descuidado como soy con mi aspecto exterior, pues bien, aún más descuidado soy con mi sustancia interior. Si entrera y saliera, mis trapos sucios y mis miserias serían visibles.
¿No merecería la pena descubrir la naturaleza de Milton? ¿Ser nativo del universo? Yo también venero Concord, pero soy feliz cuando descubro, en océanos y bosques lejanos, la materia de miles de Concords. Me siento perdido hasta que doy con ella. Encuentro entonces menos diferencia entre una ciudad y un pantano que antes. Es un pantano, no obstante, demasiado sombrío y triste para mí, y me gustaría ver en él menos búhos, ranas y mosquitos. Prefiero, en cualquier caso, un lugar más cultivado, libre de miasmas y cocodrilos. Soy demasiado sofisticado, esto es lo que le dijo.
[...] En cuanto a conformarse con lo que tenemos y vivir la propia vida interiormente, no pienso demasiado en ello. No deje que su mano derecho sepa lo que hace la izquierda en relación a este asunto. Vería cómo fracasa. Tanto como al intentar caminar hacia ese hierro afilado que te divide en dos. ¿Le gustaría poner a prueba su capacidad para resistir la dilatación? Es un esfuerzo que ningún alma puede aguantar por mucho tiempo. Cuando Dios tira de un lado y el Diablo de otro, ambos con los pies bien plantados -por no hablar de la conciencia, que nos tala transversalmente- casi todas las vigan revientan. 
No me atrevería a invitarle formalmente a que venga a Concord, porque soy por completo consciente de que las bayas no abundan en mis campos, y que debemos despejarlos para poder admirar el paisaje. No obstante, venga, como sea, y así podremos vernos.

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