Luis Rojas Marcos (Nuestra incierta vida normal)

REÍRNOS

<<Los profanos en estas cosas se sentirán sorprendidos al saber que en el campo de concentración había sentido del humor. El humor es una de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia. Yo mismo entrené a un amigo que trabajaba a mi lado a inventarse cada día una historia divertida sobre algún incidente que pudiera suceder al día siguiente de nuestra liberación...>>.
El hombre en busca de sentido, 1946


Descubrir la comicidad de situaciones estresantes y reírse también protege nuestro equilibrio emocional. El buen sentido del humor nos permite ver las contradicciones y las ironías de la vida, lo que a menudo disminuye la intensidad de las emociones negativas que provocan las desgracias.
El sentido del humor es como un bálsamo protector. Su función primordial es aliviarnos el miedo y la inseguridad. Incluso el humor negro es saludable. Actúa de purgante psicológico que nos libera de obsesiones destructivas. La gran virtud del sentido del humor es que nos alegra la vida y, probablemente, también la prolonga.
A menudo, las situaciones de buen humor provocan en nosotros la risa. Este reflejo fascinante es un regalo de nuestra naturaleza que va incluido en nuestro equipaje al nacer. La risa es una expresión física de emoción agradable intensa. Consiste en la contracción simultánea de quince músculos de la cara, acompañada de respiraciones espasmódicas y de sonidos entrecortados irreprimibles. Suele aflorar en los niños entre cuatro y seis meses de edad en respuesta a estímulos táctiles, movimientos, sonidos o ademanes de personas conocidas. Al año, los pequeños se ríen de alegría ante situaciones sociales o circunstancias incongruentes o sorpresivas para ellos.
Desde que Charles Darwin publico, en 1872, su tratado sobre la expresión de las emociones, numerosos experimentos han demostrado que no sólo nuestras emociones internas son exteriorizadas espontáneamente en nuestro rostro, sino que las expresiones emocionales de muestro semblante, aunque sean en un principio  fingidas o provocadas artificialmente, termina por reproducir en nosotros los entendimientos genuinos que representan.
La conexión de ida y vuelta entre las emociones y sus manifestaciones corporales fue detectada hace muchos años por el psicólogo neoyorquino William James, quien señaló, por ejemplo, que silbar una sintonía alegre es la oscuridad no sólo podía neutralizar el miedo sino que incluso podía estimular alegría en el silbador.
La función de la risa, además de representar nuestro júbilo y buen humor, es liberarnos de la tensión y el estrés que acumulamos, descargar la ansiedad y los temores reprimidos, y ayudarnos a superar situaciones disparatadas. Una buena carcajada nos oxigena, alimenta en nosotros una perspectiva jovial y despegada de las frustraciones y sinsentidos cotidianos y, en definitiva, nos alegra la vida.

* Luis Rojas Marcos (La ciudad y sus desafíos) Héroes y víctimas

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