August Strindberg (Pequeño catecismo para la clase baja y otros ensayos)

Sobre el descontento general, sus causas y remedios
De todas las grandes cuestiones que tenemos en el orden del día, los obreros piensan que la suya es la única que puede solucionar la cuestión social general, los campesinos la suya, la mujer la suya, los criados la suya y sin embargo todas esas cuestiones sólo pueden solucionarse en conexión con todas las otras. Yo no pertenezco a ningún partido político, no tengo pasiones de partido que me cieguen, pero creo que por haber estado dentro de todas las clases, desde criado (como preceptor) hasta funcionario, he podido ver las cosas desde un buen número de puntos de vista, luego en los libros he verificado y precisado mi juicio, y finalmente en soledad he tratado de ordenar lo que he vivido y aprendido. Cuando salgo pues a opinar sobre la sociedad no es porque me considere completamente competente para ello, sino porque me considero tan competente como los que tienen fama de serlo, y además lo hago como un deber, pesado pero obligado.

Todo por la patria
Aprender insensibilidad para los propios sufrimientos conlleva el inconveniente de que uno se hace insensible para los de los demás y eso se llama primero brutalidad y luego crueldad.
Si se aprende a sufrir en silencio las injusticias, uno se convierte en un insensible, y obedecer ciegamente forma esclavos o tiranos.

La Academia sueca y el premio Nobel
Finalmente un par de palabras sobre mi relación personal con la Academia.
Como claramente se desprende de mi obra literaria, nunca he ambicionado ser académico; hasta he manifestado abiertamente mi desprecio por dicho instituto. Lo que desprecio no puede despertar mi envidia; por eso rechazo la acusación que se me ha lanzado de que me he sentido marginado en la última elección de miembros. Y aprovecho la ocasión para informar a mis amigos de la prensa que han mencionado mi nombre entre los candidatos a la Academia que nuncá aceptaré un puesto entre los Dieciocho, suponiendo que se me ofreciese, lo que considero impensable, pues supongo que la Academia seguirá igual de fiel a su tradicional gusto literario yo el mío.
¡El que me aprecie, que me siga!

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