Antonio Gala (La pasión turca)

El ser humano es muy propenso a dictar sentencias; y más, cuando más ignorante y cuanto más lejos le queda aquello que condena. <<Esto es estúpido>>, se escucha a todas horas. Y más aún: <<Esto es malo; esto es desordenado, y esto contra la Naturaleza. Yo, que estoy en el orden y en la inteligencia, y en la bondad, lo afirmo y ratifico>>. Cuánta necedad. ¿Qué sabe nadie de lo que está detrás o debajo o dentro o al trasluz de aquello que aparece? Juzgar a los demás, qué fatigoso y qué arriesgado, con lo difícil que es ya conocerse uno mismo. Yo hablo aquí -o escribo, y eso que es solo para mi- de lo que entiendo que pasa y que me pasa; pero no estoy convencida de decir la verdad íntegra; ni siquiera convencida de acertar con lo que pretendo decir, o con la forma de decirlo para que no se desvirtúe... En definitiva, lo que escribo es el reflejo -y nada más, y pálido- de lo que hago y lo que siento; su reflejo en otros, más aún que en mí.

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