Émile Auguste Chartier - Alain (Mira a lo lejos) 66 escritos sobre la felicidad

EL ARTE DE BOSTEZAR

Un perro que bosteza junto al hogar es la señal que invita a los cazadores a aplazar sus preocupaciones hasta el día siguiente. Esa fuerza de la naturaleza que se estira sin miramientos y contra todas las normas de educación es algo digno de ver y empuja a imitirla de un modo irresistible; todos los presentes se estiran y bostezan, preliminares de irse a dormir. No quiere decir que el bostezo sea señal de cansancio, sino más bien un permiso concedido a la atención, gracias a una profunda aireación del saco visceral. Con este enérgico gesto, la naturaleza anuncia que se contenta con vivir y que está cansada de pensar.
Cualquiera puede comprobar cómo la atención y la sorpresa cortan, como suele decirse, la respiración. La fisiología, en este aspecto, elimina cualquier género de dudas, mostrando cómo los poderosos músculos defensivos están ligados al tórax y sólo pueden contraerlo y paralizarlo en cuanto se ponen en movimiento. Y es evidente que el gesto de levantar los brazos, señal inequívoca de capitulación, también es el más indicado para bostezar enérgicamente. Ahora resulta fácil comprender cómo cualquier preocupación nos encoge literalmente el corazón, y cómo el esbozo de la acción presiona enseguida el tórax y comienza la ansiedad, hermana de la espera; el hecho de esperar, aunque sea algo de poca importancia, es suficiente para provocarnos la ansiedad. A ese molesto estado le sucede la impaciencia, una rabia contra uno mismo que no solucionada nada.
Podemos preguntarnos por qué los bostezos se contagian como una enfermedad. Yo creo que son más bien la gravedad, la tensión y el aire de preocupación quienes se transmiten como una enfermedad; el bostezo, por el contrario, al ser una revancha de la vida y un recobrar la salud, se contagia por lo que tiene de abandono de la seriedad, como una enfática declaración de despreocupación. Es la señal que todos estaban esperando, como la orden de romper filas. Es un bienestar que no puede ser rechazado; la gravedad ha encontrado su punto débil.
La risa y los sollozos son soluciones del mismo tipo, pero más contenidas y también más enfrentadas, ya que se entabla una lucha entre dos ideas, una que encadena y otra que libera. En cambio, mediante el bostezo, todas las ideas se dispersan, tanto las que oprimen como las que liberan; la facilidad de la vida las eclipsa. Es, de nuevo, el perro que bosteza.
Todo el mundo sabe que el bostezo es una señal favorable en ese tipo de enfermedades denominadas nerviosas y que están provocadas por la mente. Pero creo que el bostezo, como el sueño que anuncia, es saludable en todo tipo de enfermedades; es la señal de que nuestra mente siempre tiene mucho que ver en las enfermedades. Esta idea nos resulta menos sorprendente si pensamos en el daño que podemos hacernos al mordernos la lengua; el sentido figurado de esta expresión demuestra hasta qué punto el arrepentimiento -justamente denominado remordimiento- puede llegar hasta la lesión física. El bostezo, por el contrario, no entraña riesgo alguno.

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