Roger Scruton (Sobre la naturaleza humana)

GENES Y MEMES

Sabemos que la especie humana se ha adaptado a su entorno, pero también que ha adaptado su entorno a ella. Ha conseguido transmitir adaptaciones a su descendencia, pero no solo genéticamente, sino también culturalmente. Ha conformado su mundo mediante la información, el lenguaje y el diálogo racional. Y aunque la biología puede tener en cuenta todo esto e incluirlo en la teoría de la evolución, esta, en primer lugar, no tendrá que ocuparse de la replicación de los genes, sino de la reproducción de las sociedades. Ahora bien, las sociedades humanas no son solo grupos de primates que cooperan, son comunidades de personas que viven juntas por mutua decisión y que organizan su mundo mediante conceptos morales que la mente de un chimpancé no puede concebir. Posiblemente, en el futuro la ciencia cognitiva pueda integrar esta clase de nociones en una teoría del cerebro y de sus funciones, e incluso puede que sea al fin y al cabo una teoría biológica. Pero tendrá que demostrar su verdad frente a aquellas que afirman que hay capacidades exclusivas del hombre y que, según Wallace, son superfluas desde el punto de vista de las «demandas evolutivas», y no frente a la que tiene en cuenta solamente los rasgos que compartimos con los animales.

Hoy en día los filósofos que defienden este último punto de vista tienen que hacer frente a una influyente corriente de opinión que predomina en la vida intelectual desde la publicación de El Gen egoísta de Richard Dawkins. A juicio de este, la selección natural podría dar cuenta de todos los fenómenos de la cultura humana, siempre que aceptemos que la cultura se desarrolla de acuerdo a los mismos principios de los organismos individuales. Así como el organismo humano es una máquina que "sobrevive" y se desarrolla gracias a genes que se autorreplican, la cultura también lo hace gracias a unos "memes" autorreplicantes, es decir, gracias a unas entidades mentales que emplean energía cerebral para multiplicarse, como los genes usan la energía de las cédulas. Igual que los genes, los memes requieren de un espacio vital o Lebensraum y el éxito de su tarea depende de que encuentren el nicho ecológico adecuado para reproducirse. Ese nicho es el cerebro humano.

Un meme es una entidad cultural autorreplicante que, alojada en el cerebro de los seres humanos, usa el propio cerebro para reproducirse, del mismo modo que una melodía pegadiza se va reproduciendo mediante el silbido y el tarareo y logra difundirse por toda la comunidad humana, como sucedió con La donna è mobile la mañana después del estreno de Rigoleto. Dawkins cree que las ideas, las creencias y las actitudes son las formas en que esas entidades autorreplicantes se propagan como enfermedades, aprovechándose de la energía de sus portadores. "Así como los genes se propagan de un cuerpo a otro a través del esperma y los óvulos, los memes se propagan de un cerebro a otro por un proceso que se puede denominar, en un sentido amplio, imitación". Dennet aclara que este proceso no es necesariamente perjudicial: entre los parásitos, hay organismos simbióticos, que coexisten sin causar daño, y mutualistas, que mejoran eficazmente la habilidad del portador para sobrevivir y prosperar en su entorno.

Pero para considerar esta teoría remotamente plausible, deberíamos diferenciar entre los memes de la ciencia y otros de tipo "cultural". Los memes científicos están sometidos a un estricto control por parte del cerebro en que se hospedan y este acepta las ideas y teorías debido a su interés por la verdad. Los memes "culturales" se encuentran fuera del ámbito de inferencia científica, por lo que pueden desmadrarse y ocasionar todo tipo de desórdenes cognitivos y emocionales. No están sujetos a ningún tipo de control, sino que siguen su propio desarrollo reproductivo, indiferentes a las metas u objetivos del organismo en el que se alojan.

Como metáfora, la teoría es atractiva, pero ¿qué explica? En términos meméticos, las teorías absurdas surgen del mismo modo que las verdaderas y el acuerdo que conciten las últimas es solo una distinción retrospectiva a su éxito reproductivo. La única diferencia que conseguiría explicar este éxito sería distinguir entre memes que mejoran la vida de sus portadores y los que destruyen o coexisten simbióticamente. Pero es precisamente propia del ser humano la capacidad de distinguir entre las ideas y la realidad que representan, considerar proposiciones sin aceptarlas o cambiar de opinión, sometiendo sus ideas a una instancia de la razón, así como admitirlas o rechazarlas sin tener en cuenta su coste reproductivo.

Esta actitud crítica, además, no se desarrolla únicamente en el ámbito de la ciencia. Matthew Arnold describió acertadamente la cultura como "una persecución de nuestra total perfección por medio del conocimiento en los asuntos que más nos preocupan, lo mejor que haya sido pensado y dicho en el mundo y, a través de este conocimiento, proyectar una corriente de pensamiento libre y fresca sobre nuestros hábitos y nociones rutinarios.

Como ocurre también con otros muchos, Dawkins, atado una concepción de la ciencia propia del siglo XIX, pasa por alto la reacción a la misma que surgió en ese mismo siglo y que decía algo así como "esperad un momento: la ciencia no es el único modo de obtener conocimiento. Existe también un saber moral, que es propio de la razón práctica; hay también un conocimiento emocional, como el proporcionado por el arte, la literatura y la música. Y posiblemente exista también un saber trascendente, propio de la religión. ¿Por qué privilegiarla ciencia? ¿Solo porque pretende explicar el mundo? ¿Por qué no dar importancia también a aquellas disciplinas que lo interpretan y nos ayudan a habitarlo".

* Roger Scruton (Usos del pesimismo) El peligro de la falsa esperanza

No hay comentarios:

analytics