Frank Tirro (Historia del jazz moderno)

LOS ESTILOS FUNKY Y HARD BOP

El funky jazz y el hard bop tuvieron origen en otros géneros característicos de la música negroamericana de los años cincuenta (el gospel y el rhythm-and-blues) y sesenta (el soul). Este estilo jazzístico de enorme swing, acento en la síncopa y visible influencia del blues estaba en absoluto contraste con el cuidadoso diseño en contrapunto y la sonoridad matizada del cool jazz. Los pianistas Bobby Timmons y Horace Silver, los trompetistas Donald Byrd y Kenny Dorham, el saxofonista Hank Mobley y el batería Art Blakey fueron protagonistas en el establecimiento de un sonido agresivo, marcado por el blues y de ritmo binario que combinaba las innovaciones de Charlie Parker  el bebop con la tradición expresiva de los cantantes de gospel. Poco más tarde, una segunda generación de músicos virtuosos y agresivos como el trompetista Clifford Brown, el saxofonista Sonny Rollins y el batería Max Roach tomaron el relevo en el campo del hard bop o West Coast jazz para ejecutar un bebop de estilo modificado, que retenía el empuje rítmico y el sonido cortante del funk y a la vez se valía de unos tempos exageradamente acelerados y de diversos patrones métricos y formales. Estos músicos de la West Coast norteamericana desdeñaban la falta de compromiso emocional inherente a las escuelas cool y West Coast y hacían bandera de rasgos propios del hot-jazz: sonido instrumental robusto, alta dinámica, energía incendiaria en los temas acelerados, mayor acentuación y compromiso emocional en la interpretación de las baladas.

En su mayoría de raza negra, los músicos encuadrados en el estilo funky o hard bop no podían estar más en desacuerdo con el concepto que los músicos de la Costa Oeste tenían del swing, esa cualidad que se refiere al ritmo y la vitalidad de toda interpretación jazzística. El ritmo poderoso y los timbres bien definidos de los artistas del funky no tenían nada que ver con las actitudes, los valores y técnicas exhibidas por los músicos de cool [...]

ALGO NUEVO Y ALGO VIEJO

En esta época de florecimiento estilístico, las escuelas de cool, West Coast, East Coast y third stream coexistían con tendencias como el bebop, el swing o el jazz tradicional. La complejidad de la escuela jazzística de momento adquiere una interesante matización cuando se observa que varios músicos se trasladan de un estilo a otro sin demasiada dificultad. Como hemos observado con anterioridad, muchos jazzmen desarrollan su propia personalidad artística, personalidad que, una vez recompensada con el reconocimiento público, tiende a mantenerse inmutable durante el resto de la carrera musical del interesado. Quienes aportan cambios estilísticos de envergadura suelen ser músicos jóvenes, o sea, carentes de reconocimiento generalizado, músicos excepcionales, en el sentido de que están dispuestos a comprometer su reputación an aras de la experimentación artística, o músicos víctimas de las circunstancias, en el sentido de que su «innovaciones» no son de fecha reciente, pero sí son repentinamente reconocidas por músicos, críticos o público en general. Son muy escasos los músicos verdaderamente capacitados para trasladarse de un estilo a otro sin dificultad. Una muestra de esta capacidad la ofreció Stan Getz en 1953, cuando se unió en una sesión de estudio a un quinteto liderado por Dizzy Gillespie. En la versión acelerada que estos artistas efectuaron de It Don´t Mean a Thing se observan los mejores rasgos del bebop. Mientras la trompeta con sordina de Gillespie vuela y despliega toda su panoplia de recursos aprendidos en la calle 52, Oscar Peterson ejecuta un veloz solo que le consagra como uno de los pianistas de jazz dotados de mejor técnica y swing. Max Roach se las ingenia para mantener un ritmo incesante y Stan Getz batalla con los demás como si llevara años encuadrado en la formación. Estamos ante un disco excepcional en el que varios músicos que no colaboran regularmente aúnan talento individual y gran uniformidad estilística.


Horace Silver Quintet - Song For My Father

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