John R. Searle (La construcción de la realidad social)

¿Qué es el realismo?

En una formulación preliminar, he definido el realismo como el punto de vista según el cual el mundo existe independientemente de nuestras representaciones del mismo. Eso trae consigo la consecuencia de que si nunca hubiéramos existido, si no hubiera habido nunca representaciones de ningún tipo -ni enunciados, ni creencias, ni percepciones, ni pensamientos, etc.- el grueso del mundo habría seguido su curso inalterado. Salvo el minúsculo rincón del mundo que está constituido o se ve afectado por nuestras representaciones, el mundo habría continuado existiendo y sería exactamente el mismo que es ahora. Una ulterior consecuencia es que cuando todos nosotros muramos y todas nuestras representaciones mueran con nosotros, la inmensa mayoría de los rasgos del mundo quedarán inalterados; seguirán exactamente como antes [...]

[...] En la historia de la filosofía, la palabra <<realismo>> ha sido usada en una gran variedad de significados. En el sentido medieval, el realismo es la doctrina de que los universales tienen una existencia real. En nuestros días, se oye hablar de <<realismo modal>>, de <<realismo ético>>, de <<realismo intencional>>, de <<realismo matemático>> y cosas por el estilo. Para los propósitos de esta discusión, daré por estipulado que <<realismo externo>> y <<realismo>> (RE, para abreviar) nombran el punto de vista esbozado en el párrafo anterior. Me sirvo de la metáfora <<externo>> para destacar el hecho de que el punto de vista en cuestión sostiene que la realidad existe fuera de, o externamente a, nuestro sistema de representación [...]

[...] Antes de escrutar los argumentos en favor y en contra del realismo, necesitamos distinguirlo de otros puntos de vista con los que a menudo es identificado. La primera confusión consiste en suponer que el realismo es idéntico a, o al menos implica la, teoría de la verdad como correspondencia. Pero el realismo no es una teoría de la verdad, y no implica ninguna teoría de la verdad. Estrictamente hablando, el realismo es consistente con cualquier teoría de la verdad, porque es una teoría de la ontología, no una teoría del significado de <<verdadero>>. No es en absoluto una teoría semántica. Es, pues, perfectamente posible sostener el RE y negar la teoría de la correspondencia. En una interpretación normal, la teoría de la correspondencia implica el realismo, puesto que implica que hay una realidad a la que los enunciados corresponden si son verdaderos, pero el realismo, por sí mismo, no implica la teoría de la correspondencia, pues no implica que <<verdad>> sea el nombre de una relación de correspondencia entre los enunciados y la realidad [...]

[...] Recapitulemos: el realismo, según yo uso el término, no es una teoría de la verdad, no es una teoría del conocimiento y no es una teoría del lenguaje. Y si se insiste en encasillarlo, podrá decirse que el realismo es una teoría ontológica: dice que existe una realidad totalmente independiente de nuestras representaciones.

Pero aún necesito exponer y eliminar una ulterior ambigüedad en la noción de realismo, una ambigüedad perdifusa en la tradición filosófica. Típicamente, los filósofos que discuten de estos asuntos los abordan como si tuvieran que ver con el modo en que de hecho es el mundo. Piensan que lo que anda en juego en la disputa entre el realismo y el idealismo, pongamos por caso, es la existencia de la materia o de objetos en el espacio y el tiempo. Se trata de un profundo error. Propiamente entendido, el realismo no es una tesis sobre cómo es de hecho el mundo. Podríamos estar completamente equivocados en todos y cada uno de los detalles acerca de cómo es el mundo, y sin embargo el realismo podría ser verdadero. Realismo es la concepción según la cual las cosas tienen una manera de ser que es lógicamente independiente de todas las representaciones humanas.  El realismo no dice cómo son las cosas, sino sólo que tienen una manera de ser. Y <<cosas>> en las dos sentencias anteriores, no significa objetos materiales, ni siquiera objetos. Es como el sujeto impersonal de <<llueve>>, no una expresión con referencia [...]

[...] Hay varias cosas inquietantes a propósito de estos ataques al realismo. La primera es que los argumentos contra nuestra idea de sentido común de que existe una realidad independiente son a menudo vagos y oscuros. A veces ni siquiera llegan a plantearse argumentos claramente formulados. En segundo lugar, los puntos de vista alternativos, los puntos de vista que se oponen al realismo, son a menudo igualmente oscuros, y están formulados de manera poco clara. Incluso entre filósofos analíticos, muchas discusiones recientes sobre el realismo resultan sintomáticas de la laxitud general que se ido abriendo paso en los dos últimos decenios. ¿Cuáles son exactamente las proposiciones que se afirman? ¿Cuáles exactamente las que se niegan? ¿Y cuáles son exactamente los argumentos para la afirmación y para la negación? En vano buscarán ustedes respuestas a estas cuestiones en la mayoría de las disputas que se dan sobre estos asuntos. Estoy convencido, por lo demás, de que esta negligencia general no es accidente. En cierto modo, resulta gratificante para nuestra voluntad de poder la idea de que <<nosotros>> hacemos el mundo, que la realidad misma no es sino una construcción social, alterable a voluntad y susceptible de cambios futuros en cuanto <<nosotros>> nos sintamos inspirados. Analógicamente, parece ofensivo que tenga que haber una realidad independiente constituida por hechos brutos -ciegos, ajenos a razones, indiferente y manifiestamente impávidos ante nuestras preocupaciones-. Y todo esto forma parte de la atmósfera intelectual general que hace que versiones antirrealistas del <<postestructuralismo>> como la deconstrucción parezcan intelectualmente aceptables, incluso seductoras. Mas, no bien formulan ustedes las tesis y los argumentos de los antirrealistas de un modo abierto, desnudo y sin afeites, tienden a parecer ridículas. De aquí la obscuridad y aun el obscurantismo que rezuman muchas de esas discusiones -no todas.

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