Theodore Zeldin (Conversación) Cómo el diálogo puede transformar tu vida

Hemos llegado al final de una etapa de la cultura. Ya no disponemos de una literatura o un arte que pueda ayudarnos a inventar el tipo de conversación que necesitamos si queremos superar la reiteración de nuestra impotencia y confusión. Las descripciones de la desesperación, la incoherencia y la violencia nos vuelven aún más impotentes. Durante casi un siglo, se nos ha educado para creer en las virtudes de la introspección. Pero seguir planteando la vieja pregunta de <<¿quién soy?>> no puede ayudarnos a avanzar. Por muy fascinante que se considere uno mismo, existe un límite para lo que uno puede saber de sí mismo. Las otras personas son infinitamente más interesantes y tienen infinitas más cosas que decir.

Especialmente ahora en que la gran inspiración de la generación actual es otorgar a los dos sexos los mismos derechos y el mismo respeto. La conversación es el mejor medio para crear las condiciones para esto: mejor que las leyes, porque las leyes no pueden cambiar las mentalidades y la conversación sí puede. No puede existir una conversación satisfactoria sin respeto mutuo. El respeto revela la dignidad de los demás. Empecemos por la vida privada y otras formas de igualdad y se acabarán extendiendo por la vida pública.

Por eso necesitamos modelos de cómo la conversación desarrolla la igualdad, modelos creados por un esfuerzo conjunto de hombres y mujeres. Sabemos muchísimo sobre cómo pueden ir mal las relaciones. Resulta mucho más duro demostrar cómo pueden ir bien, sin arrogancia o ingenuidad ni el temor a que una vez analizado el amor, este pierda su magia. Necesitamos un tipo nuevo de novela y películas que creen la visión de cómo las personas pueden vivir juntas como iguales, con humor. Todas las civilizaciones anteriores han tenido modelos de vida virtuosa. Pero para nosotros no tienen sentido porque parecen sorprendentemente aburridas. No obstante, existe un número creciente de personas que, en privado, están haciendo algo verdaderamente interesante y excitante al intentar darse valor entre ellas. Están haciendo algo nuevo, porque esta es la primera vez en la historia en que hombres y mujeres han recibido una educación similar y realizan los mismos trabajos. No hay nada más difícil que conseguir la confianza sin arrogancia. Esta es la base de todos los logros que valen la pena. Necesitamos un arte que muestre cómo crece el coraje. Y si los artistas famosos están demasiado atormentados para saberlo, entonces tendremos que hacerlo sin ellos, para darnos cuenta de que también nosotros somos artistas, aunque humildes, y que generar una conversación entre iguales es, en este momento, el arte supremo.

Nuestros ancestros creían que podían ser valientes al imitar a héroes valientes. Nosotros tenemos demasiada conciencia de nuestra fragilidad para hacer lo mismo y por eso hemos pasado a identificarnos con los antihéroes. Creo que el héroe de nuestra generación no es el individuo, sino la pareja, porque dos personas juntas suman más de lo que son por separado. El teatro más inspirador de la actualidad tiene lugar en nuestros hogares, cuando las conversaciones improvisadas nos dejan sentir que los seres humanos no somos sólo criaturas despreciables, sino que también podemos ser inspiradores, valientes y esperanzados. A veces ocurre, aunque nos gustaría que aconteciera con mayor frecuencia. Necesitamos cineastas que nos expliquen cómo puede ocurrir, sin sentimentalismo ni complacencia. Las películas pueden tener un efecto revolucionario en nuestras conversaciones. Por primera en la historia podemos vernos como nos ven los demás. 

Nuestras conversaciones privadas marcan una diferencia en el mundo. Una relación puede empezar química o románticamente, pero la conversación le añade algo infinitamente precioso. Cuando nuestras ideas se enfrentan y se transforman mediante el intercambio verbal, adquirimos conciencia de todo lo que debemos a los demás, de lo mucho que un compañero puede contribuir al propio desarrollo intelectual, moral y emocional, aunque uno siga siendo una persona individual y única. En el ámbito privado es donde se aprende mejor a aceptar las críticas. Dos individuos, conversando con honestidad, pueden sentirse inspirados por el sentimiento de que están unidos en una empresa común con el objeto de inventar un arte de vivir juntos que no se ha intentado antes. 

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El término <<exclusión social>> no sólo se aplica a los pobres, sino también a todos los que tienen una configuración mental que los confina a una sola profesión.

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