Herbert Marcuse (La sociedad carnívora)

Podemos resumir esta situación fatal con la cual nos enfrentamos. El cambio social radical es objetivamente necesario, en el doble sentido de que es la única probabilidad de salvar las posibilidades de la libertad humana y más allá de eso, en el sentido de que los recurso técnicos y materiales para la realización de la libertad están allí disponibles. Aunque esa necesidad esté presente manifiestamente, la necesidad subjetiva para ese cambio no es predominante. Y no predomina precisamente entre los sectores de la población tradicionalmente considerados com agentes del cambio histórico. La necesidad subjetiva es reprimida, en base también a una premisa doble: primeramente, en virtud de la satisfacción real de las necesidades y, en segundo lugar, mediante la administración y manipulación macizas de las necesidades, o sea, por un control social sistemático no sólo de la conciencia sino también del inconsciente humano. Este control ha sido posibilitado por las propias realizaciones de las mayores creencias libertadoras de nuestro tiempo, la Psicología, y principalmente el Psicoanálisis y la Psiquiatria. Que ellas pudieran volverse (y se volvieron) al mismo tiempo instrumentos poderosos de supresión, uno de los más eficaces medios de supresión, también es uno de los aspectos terribles de la dialéctica de la liberación.
Para mí, esa divergencia entre la necesidad objetiva y subjetiva cambia completamente la base, las perspectivas y la estrategia de la liberación. Esta situación presupone la aparición de nuevas necesidades, cualitativamente diferentes y asimismo contrarias a las necesidades agresivas y represivas predominantes: la aparición de un nuevo tipo de hombre con un impulso vital y biológico para la liberación y con una conciencia capaz de rasgar tanto el velo material como el ideológico de la sociedad opulenta. En otras palabras, la liberación parece ser atribuible a la apertura y la dinamización de una dimensión profunda de la existencia humana, de este lado material tradicional y por ella oculto. No es una dimensión idealista, situada más allá de la base material, sino más bien una dimensión más material que la base material, una dimensión subyacente en esta última. Más adelante daré un buen ejemplo de lo que quiero decir.
[...] Como ya dije, las nuevas necesidades y satisfacciones tienen un base muy material. Ellas no han sido ideadas; son derivación lógica de las posibilidades técnicas, materiales e intelectuales de la sociedad industrial avanzada. Ellas son inherentes y resultan una expresión de la productividad en la sociedad industrial, avanzada, que hace mucho tiempo atrás volvió obsoleto todos los tipos de ascentismo del universo interior, toda la disciplina del trabajo sobre la cual se fundó la moralidad judeo-cristiana en pleno.
¿Por qué esa sociedad está superando y negando ese tipo de hombre, el tipo tradicional de hombre, y las formas de su existencia así como la moralidad a la cual él debe tanto de sus orígenes y fundamentos?
Esa productividad nueva y desconocida, que no fue anticipada, reconoce el concepto de una nueva tecnología de la liberación. En tal punto sólo puedo mencionar rápidamente lo que tengo en la mente: tendencias arrolladoras y, en verdad, aparentemente utópicas como la convergencia de la técnica y el arte, la convergencia del trabajo y del ocio, la convengercia del sector de la necesidad y del sector de la libertad. ¿Cómo? No sujetos más a los dictámenes de la lucratividad y de la eficacia capitalistas, a los dictámenes de la escasez quer actualmente es perpetuada por la organización capitalista de la sociedad, al trabajo socialmente necesario, podrían volverse (se volverían, ya encontramos esa tendencia) cada vez más científicos. La experimentación técnica, la ciencia y la tecnología podrían volverse (se volverían) un juego con las pontencialidades hasta entonces ocultas -metódicamente escondidas y bloqueadas- de los hombres y las cosas, de la sociedad y la naturaleza.
Ello significa uno de los más antiguos sueños de toda teoría y práctica radicales. Significa que la imaginación creadora, y no sólo la racionalidad del principio de desempeño, se convertirían en una fuerza productiva aplicada a la transformación del universo social y natural. Significaría la aparición de una forma de realidad que surge de la tarea y del medio de desarrollo de la percepción y la sensibilidad del hombre.
Agrego ahora un concepto drástico: esto significaría una realidad "estética", la sociedad como obra de arte. Hoy, esa es la posibilidad de liberación más utópica, más radical.

* Herbert Marcuse (El hombre unidimensional)
* Herbert Marcuse (Eros y civilización)

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