Daniel Cohen (Homo economicus, el profeta (extraviado) de los nuevos tiempos)

Democracia y capitalismo
Ninguna cuestión es más importante para el porvenir del mundo que la de saber si China, a medida que se enriquezca, se convertirá a su vez en una democracia. En 1989, el año en que cayó el muro de Berlín, se produjo otro acontecimiento igual de importate: las manifestaciones de la plaza Tiananmen fueron aplastadas con sangre. Los chinos comprendieron brutalmente que las pasiones políticas no son apropiadas. Desde entonces, <<la pasión por el beneficio sustituyó a la pasión política; todos, como un solo hombre, se alzaron por esa vía, y ése fue el principio del desarrollo económico en los años noventa>>. Con humor, Yu Hua cuenta que el país pasó del culto al presidente Mao, líder supremo, al culto de los <<líderes de la moda, la elegancia, el encanto [...]. La competencia es tan encarnizada y la presión tan enorme que los esfuerzos desplegados parecen una guerra>>.

<<Determinados intelectuales occidentales, prisioneros de esquemas preconcebidos, están convencidos de que la economía solo puede crecer con rapidez en una sociedad perfectamente de democrática. De ahí su perplejidad: ¿cómo es posible que la economía se haya desarrollado a una velocidad tan asombrosa en un país que carece hasta tal punto de transparencia en el plano político?>> Para Yu Hua, esa <<energía>> es la que liberó la revolución cultural. La violencia contra las personas sigue siendo la misma. Solo han cambiado las maneras. Mao Zedong dijo una frese que los jóvenes alumnos aprendían de memoria: <<La revolución no es una cena de gala [...], es un levantamiento, un acto de violencia por el cual una clase derriba a otra>>. Es esa misma violencia la que explica hoy en día el deseo de enriquecimiento.

Para un occidental es un misterio que un régimen despótico como el chino consiga evitar caer en el nepotismo y la corrupción. La respuesta es que China de hecho oscila hacia esos dos males. Se llama <<jóvenes príncipes>> a los hijos de los dirigentes que ocupan el lugar de sus mayores. En la prensa china aparecen regularmente casos de corrupción. La prensa internacional por su parte se hizo eco, a principios de 2012, de la caída en desgracia de uno de los más altos dirigentes del partido, Bo Xilai, <<príncipe rojo>> a su vez, cuya mujer, Gu Kailai, fue acusada de asesinar a uno de sus socios ingleses que al parecer intentaba hacerla cantar.

Yu Hua invierte la cuestión ritual de la relación entre democracia y prosperidad de una manera irónica y cruel. Según él, es la falta de democracia la que ha permitido el desarrollo fulminante de la economía. Las expulsiones violentas han permitido arrasar los terrenos destinados a convertirse en yermos industriales. La represión obrera limita los salarios. El 13 de noviembre de 2009, una habitante de Chengdu llamada Tang Fuzhen lanzó cócteles molotov contra los que habían acudido a demoler su casa, antes de inmolarse mediante el fuego. Ese suceso conmovió a la opinión pública. Cinco profesores de derecho de la Universidad de Pekín argumentaron que ahí se había vulnerado la Constitución. Pero un mes más tarde, el 16 de diciembre de 2009, otra mujer, al volver a casa después de haber hecho la compra, la encontró derruida.

Anatole Kaletsky habla de <<capitalismo 4.0>> para definir <<un capitalismo autoritario manejado por el estado e inspirado en los valores asiáticos>>. Lee Kuan Yew, el señor de Singapur, se convirtió en campeón del <<autoritarismo asiático>>, desprenciando los valores individuales y libertarios de Occidente, y explicando que el modelo asiático es a la vez más eficaz y más justo. En un libro esencial titulado Desarrollo y libertad, Amartya Sen le respondía que <<Aung Suu Kyi no es una intérprete menos autorizada de las aspiraciones del pueblo birmano que los dirigentes militares del país. Y me costaría mucho elegir>>, añade, <<desde el punto de vista del autoritarismo, entre Confucio o Platón>>. Pensar en la libertad como atributo es tener la molesta costumbre de juzgar el pasado por el presente, olvidar la Inquisición, las tragédias del siglo XX, etc.

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