Gilles Lipovetsky (Gustar y emocionar) Ensayo sobre la sociedad de seducción

Los efectos de la seducción consumista van más allá de los límites de la esfera económica. La idea de que el capitalismo tardío ha edificado una nueva cultura, cuya principal característica es la de contribuir a la infantilización de los adultos a través del culto a los goces inmediatos, materialistas y narcisistas, va viento en popa. Al sustituir a la ética ascética del protestantismo, el ethos de carácter infantil hipermoderno incita a permanecer siempre joven, a comprar productos cool concebidos para la juventud, obtener satisfacciones sin esperas, sin esfuerzo ni complejidad: cada vez más, se conduce a los jóvenes y adultos a preferir «lo fácil a lo difícil, lo sencillo a lo complejo y lo rápido a lo lento». De esta forma, cada día un poco más, dominan los gustos de los adolescentes, lo superficial y anecdótico, lo insignificante y pueril. Es el momento de la infantilización de la cultura, de la regresión de carácter infantil de la población adulta y de la comercialización de la puerilización.

Los signos que ilustran esta dinámica son innumerables. Los adultos gastan a todo tren, deambulan por las calles en patinete, se visten como jóvenes con dibujos de Mickey en las camisetas, zapean sin parar, están enganchados a los mensajes instantáneos y juegan a los videojuegos. Todo el mundo quiere parecer joven. Sin embargo, por muy innegables que sean estos hechos, no justifican la tesis de la regresión infantil de los individuos. Hablar de infantilización del consumidor es estigmatizar una fase del capitalismo de la que nuestra época se aleja cada día un poco más debido a la revolución digital y la medicalización de las costumbres de vida. La era del consumo pasivo, «hipnótico» o «espectacular» (Debord) ha quedado atrás. Cada ves más los consumidores se informan en la red, visitan las páginas para comparar precios, buscan «buenos planes», se muestran atentos a los precios. Los que marcan nuestra época no son los consumidores puerilizados, sino los consumidores que reflexionan antes de comprar e intentan optimizar las ataduras de los precios y del tiempo relativas a las compras.

La organización de las actividades de ocio y las vacaciones van acompañadas de búsquedas de informaciones y oportunidades en internet. El hipercosumidor no se ha convertido en el comprador impulsivo que nos describe y que solo busca la facilidad y la simplicidad: lleva a cabo por sí solo todo un conjunto de tareas que movilizan conocimientos. Tiende a convertirse en un experto. Como ahora comprar implica actualizar los conocimientos, las informaciones, la comparación, las elecciones «iluminadas», lo que prima no es tanto puerilidad sino el auge de una actividad reflexiva de masa que utiliza actividades cognitivas. 

¿La cultura consumista se afirma en la despreocupación y la impulsividad irreflexiva? Nuestra época ve acentuarse las preocupaciones relativas a la salud y las enfermedades, el consumo excesivo de medicamentos, los comportamientos de prevención y los exámenes médicos. Del mismo modo se multiplican las medicinas blandas y alternativas, los gestos con vistas a encontrarse mejor, la búsqueda de calidad de los alimentos, el gusto por los productos bio y sanos, las prácticas de meditación y relajación. Respecto a esto, triunfan las búsquedas de calidad de la vida más que el ethos de carácter infantil. En todas partes retrocede la organización tradicionalista de las costumbres de vida en beneficio de una relación con el consumidor que se ha vuelto problemática, exigente e inquieta. A pesar de que domina la figura del consumidor optimizador, se asiste al mismo tiempo al advenimiento de un consumidor ético o responsable, dispuesto a pagar más por artículos que preservan el medio ambiente, productos fabricados en el propio país o de comercio justo. Lejos de imponerse como un ethos generalizado, la despreocupación no deja de retroceder. La sociedad de seducción no impide en absoluto el fuerte aumento de los miedos y las preocupaciones relativas al cuerpo y la salud. Detrás del fun adolescent progresa un consumidor vigilante y ansioso. No se trata de una cultura de carácter infantil, sino de una cultura de prevención y sensibilización ante los riesgos de «mantenimiento sanitario» y autovigilancia. 

¿ALIENACIÓN, ADICCIÓN O SEDUCCIÓN?

A lo largo de los años sesenta, la alineación se afirmó como un concepto clave de las teorías que denunciaban la «sociedad administrada», el consumismo y los medios de comunicación de masas. De la Escuela de Fráncfort a los situacionistas, la problemática de la alienación se impuso con el fin de hacer una crítica radical de la «sociedad de la abundancia», una de cuyas consecuencias más importantes es la generalización de los procesos de desposesión de uno mismo. Primero unido a la relación con los otros (Rousseau) y luego a la religión (Feuerbach) y al trabajo (Marx), el concepto de alienación se extendió al consumo. Acusado de convertir al hombre en un extraño para sí mismo mediante la acumulación de seudonecesidades y la difusión de estereotipos de la cultura de masas, el capitalismo de seducción fue puesto en la picota en tanto que sistema de sometimiento y separación consumada confundiéndose con la «negación de la vida», la pérdida de sí mismo, la «fabricación concreta de la alienación». 

A partir de los años setenta y sobre todo en los ochenta, las críticas filosóficas del concepto de alienación, así como el ascenso de las nuevas problemáticas del individuo, condujeron al eclipse de dicha problemática hasta entonces en el candelero. Aunque el concepto ya no haga furor, la idea que transmite sigue estando en el centro de los análisis críticos.

* Gilles Lipovetsky y Jean Serroy (La cultura-mundo) Respuesta a una..

Carlos Astiz (El proyecto Soros) Y la alianza entre la izquierda y el gran capital. Globalitarios y pobresistas en un programa común que nos lleva a la pobreza y tiranía.

El doctor mexicano Jorge Ballesteros ha hecho una «traducción» de los puntos de *ODS desde la perspectiva de sus impulsores que aquí nos permitimos reproducir:


Objetivo 1: Fin de la pobreza en todas sus formas, en todas partes.

Traducción: Poner a toda la población en la asistencia social del gobierno, cupones de alimentos, subsidios de vivienda y otros que nos harán obedientes del gobierno mundial. No hay permiso para que las personas se ayuden a sí mismas (lo que hemos comentado del valor del esfuerzo para ser personas libres), en cambio sí un gobierno que proporciona dinero mensual, subsidios para productos de primera necesidad como alimentos y medicinas, calificándolo como acabar con la pobreza. 

Objetivo 2: Fin del hambre, logrando la seguridad alimentaria, una mejor nutrición y promover la agricultura sostenible.

Traducción: Invadir todo el planeta con los transgénicos y semillas patentadas por las transnacionales, al tiempo que se aumenta el uso de herbicidas bajo la falsa pretensión de incrementar la producción de los cultivos alimentarios. Plantas modificadas genéticamente por ingenieros sin que se tenga idea de las consecuencias a largo plazo de la contaminación genética o del efecto en animales...

Objetivo 3: Asegurar una vida sana y el bienestar para todos en todas las edades.

Traducción: Exigir vacunas para todos los niños y adultos para todo tipo de cosas, amenazando a los padres con la detención y el encarcelamiento si se niegan a cooperar. Llamando a los programas masivos de medicación, prevención y afirmando que esto es lo mejor para la salud de los ciudadanos, como operaciones de control de la población, en especial en países pobres.

Objetivo 4: Garantizar una educación de calidad, inclusiva y equitativa que promueva actividades de aprendizaje permanente para todos.

Traducción: Impulsar estándares de educación que producen trabajadores obedientes en vez de pensadores independientes, erradicar los valores tradicionales, entre ellos los religiosos y restar importancia a la familia y promover la homosexualidad.

Objetivo 5: Lograr la igualdad de género y empoderar a las mujeres y a las niñas.

Traducción: Penalizar y marginar la heterosexualidad, demonizar a los hombres y promover la agenda LGTB en todas partes. El objetivo real no es la igualdad, sino solo marginar y avergonzar a todo el que exprese cualquier característica masculina, para mantener a la población en un estado de aceptación represiva. 

Objetivo 6: Asegurar la disponibilidad y gestión sostenible del agua e higiene para todos.

Traducción: Permitir a las corporaciones tomar el control de las reservas de agua del mundo y que cobren precios de monopolio para construir una nueva infraestructura de suministro de agua que garantice la disponibilidad. 

Objetivo 7: Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos.

Traducción: Penalizar el carbón, el gas y el petróleo, mientras empuja subsidios a la energía verde manejada y centralizada por la élites e impide el acceso, de los países en desarrollo, a fuentes de energía propias.

Objetivo 8: Promover un crecimiento sostenido, inclusivo y sostenible de la economía, del pleno empleo y del trabajo decente para todos.

Traducción: Regular hasta la extenuación a la pequeña empresa y el emprendimiento, eternizar los salarios mínimos impuestos por las autoridades... destruir la economía de libre mercado y negar permisos y licencias a las empresas que no cumplan u obedezcan los dictámenes del gobierno.

Objetivo 9: Construir una infraestructura flexible, que promueva la industrialización inclusiva, sostenible y el fomento de la innovación.

Traducción: Poner a las naciones en una deuda extrema con el Banco Mundial, para contratar empresas multinacionales que construyan proyectos de infraestructura a gran escala que atrapen a las naciones que se encuentran en desarrollo, en una espiral sin fin para el pago de la deuda.

Objetivo 10: Reducir las desigualdades dentro y entre los países.

Traducción: Sancionar a los ricos, empresarios y innovadores, confiscando todas sus ganancias, si optan por salirse del molde y sobresalir. Distribuyendo la riqueza confiscada a los parásitos que dependerán políticamente del gobierno central y delegados dentro de cada uno de los países.

Objetivo 11: Convertir a las ciudades y a los asentamientos humanos en inclusivos y lugares seguros y sostenibles.

Traducción: Concentrar el poder en manos de fuerzas que obedezcan a los que gobiernan, a través de una clase desarmada y esclavizada de trabajadores empobrecidos. Tratar como criminales a quienes viven con valores tradicionales, por ejemplo en las zonas más rurales. Forzar a todos los seres humanos a vivir en ciudades densamente pobladas y fuertemente controladas, en las que se encuentren bajo vigilancia las 24 horas y los 7 días de la semana y estén sujetos a una fácil manipulación por el gobierno. (Es lo que ha puesto en marcha el gobierno chino)

Objetivo 12: Velar por patrones de consumo y producción sostenible.

Traducción: Comenzar a recaudar impuestos punitivos sobre consumo de combustibles fósiles y de electricidad, lo que obligará a la gente a vivir en peores condiciones en sus niveles de vida, que cada vez se asemejaran más a las condiciones del Tercer Mundo. Establecer patrones de consumo de alimentos, a través de créditos por comida que uniformará a la población.

Objetivo 13: Tomar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus impactos. 

Traducción: Establecer cuotas de consumo de energía por cada ser humano y empezar a castigar incluso a penalizar las decisiones de estilo de vida que excedan los límites de uso de energía establecida por los gobiernos. Penalizar la propiedad privada de vehículos y obligar a las masas a usar el transporte público, donde las cámaras puedan monitorizar y registrar los movimientos de todas las personas de la sociedad. (Ya tenemos ejemplos en muchas ciudades europeas)

Objetivo 14: Conservación y utilización de océanos, mares y recursos marítimos para el desarrollo sostenible.

Traducción: Prohibir la pesca en el océano, sumiendo el suministro de alimentos en una escasez extrema y causando una galopante inflación en los alimentos que pondrá a la gente en una desesperación económica. Penalizar la explotación de los buques de pesca privados y colocar todas las operaciones de pesca del océano, bajo el control de la operación del gobierno central. Permitir, solo a las empresas favorecidas, llevar a cabo las operaciones de pesca del océano.

Objetivo 15: Proteger, restaurar y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, administrar de manera sostenible los bosques, combatiendo la desertificación, detener y revertir la degradación del suelo y la pérdida de la diversidad.

Traducción: Forzar a los seres humanos a abandonar sus tierras por ciudades controladas. Penalizar como un delito la propiedad de tierras privadas e incluyendo ranchos y extensiones agrícolas. Controlar firmemente la agricultura a través de una burocracia gubernamental empresarial, cuyas políticas estén determinadas casi en su totalidad por la producción transgénica. Prohibir estufas de leña, recolección de aguas pluviales y jardinería doméstica, con el fin de penalizar como delito a la autosuficiencia y forzar la dependencia del gobierno (y empresas afines).

Objetivo 16: Promover sociedades pacíficas e inclusivas para un desarrollo sostenible, proveer acceso a la justicia para todos y la construcción de instituciones eficaces, responsables en todos los niveles. 

Traducción: Conceder inmunidad legal a los inmigrantes y a los grupos minoritarios protegidos que serán libres de participar en cualquier actividad legal, porque estos serán la nueva clase protegida en la sociedad. Instituciones inclusivas significa la concesión de estructuras fiscales favorables y subvenciones del gobierno para que las empresas contraten a cualquier grupo que se encuentre a favor de los planificadores centrales del gobierno. Utilizar las oficinas de recaudación de impuestos para castigar selectivamente a grupos desfavorables, con auditorías punitivas y acoso regulatorio, a la vez que se hará caso omiso de las actividades criminales en corporaciones favorecidas que sean amigas de la Élite política. (Algunos de nuestros autónomos y pequeños empresarios ya han tenido experiencias semejantes)

Objetivo 17: Fortalecer los medios de aplicación y revitalizar la alianza mundial para el desarrollo sostenible.

Traducción: Promulgar mandatos de comercio global, que anulen leyes nacionales, mientras habrá concesión de poderes ilimitados a empresas que trabajan para la Élite. Se aprobarán pactos comerciales globales que omitirán a los legisladores de la nación y anularan leyes de propiedad intelectual nacionales, para así asegurarse que las empresas más poderosas del mundo mantengan los monopolios totales de drogas, semillas, productos químicos y tecnología. (Alarmante la desaparición de productos agrícolas que ya no llevan semillas, imposibilitando la autosuficiencia de los campesinos que tienen que comprar, cada año, las semillas modificadas para poder plantar).

«La sociedad que describe George Orwell en su novela 1984, finalmente ha llegado»

Objetivos y metas del desarrollo sostenible.

Rubén Juste (La nueva clase dominante) Gestores, inversores y tecnológicos. Una historia del poder desde Colón y el Consejo de Indias hasta Black Rock y Amazon

DE AMAZON A FACEBOOK: LA ALIANZA ENTRE CIENTÍFICOS E INVERSORES

Jeff Bezos era ingeniero informático por la prestigiosa Universidad de Princeton, aunque conocía a la perfección el mundo financiero. Trabajaba en un fondo de riesgo novedoso, formado por brillantes ingenieros que vestían de manera informal y focalizados en compañías del sector tecnológico. Su foco en internet lo demuestra el hecho de formar antes que nadie su dominio web, en 1992, muchos años antes que cualquiera de las grandes firmas de inversión (Goldman Sachs, fue la siguiente, en 1995). Su presidente, David Elliot Shaw, era un profesor del departamento de ciencia de la computación de la Universidad de Columbia que dejó la bata de profesor para embutirse a principios de los años ochenta en el traje de inversor en Morgan Stanley, en la famosa década de la fiebre de Wall Street. A finales de los ochenta creó el fondo que lleva su nombre e integró a matemáticos e informáticos, uno de ellos Bezos, que trabajaron en los primeros algoritmos para el comercio de valores y que luego registrarían para mantenerlo en absoluto secreto. Era el viejo modelo de James Watt. Hoy el fondo de riesgo es uno de los más grandes del mundo y de los más lucrativos. 

Lou Salkind, el segundo empleado que contrató Shaw, describió la idea de negocio del nuevo sector en una entrevista a la revista Institutional Investor: «Fuimos a comer, describió su visión de combinar capital y la disruptiva capacidad de la tecnología, y dos horas después supe que iba a unirme a la compañía». Hoy puede sonar una reflexión fácil, pero entonces nadie podía ver más allá del valor bursátil de una empresa tecnológica. Bezos fue conocido inicialmente en los foros inversores por tener la tienda de libros más grande del mundo, pero poco se conocía el algoritmo de recomendaciones de Amazon, base del negocio posterior, que relacionaba libros entre sí basándose en una tabla de artículos que los consumidores suelen comprar conjuntamente. 

Cuando Buffett anunció ante una audiencia —entre la que destacaba Bill Gates— que se había equivocado al no invertir en Amazon o Google, puso en evidencia la magnitud del proyecto tecnológico: «Siempre he admirado a Jeff; quiero decir, le conozco desde hace al menos veinte años, y pensé que era especial, pero no pensé que pudiera ir de los libros a lo que ha pasado ahí». Y es que más que una empresa tecnológica, Amazon constituía un mercado de intercambio regido por sus propias normas (algoritmos), bajo los límites naturales de una corporación virtual, es decir, ninguno. Hoy Amazon es la compañía más grande del mundo por ingresos y valor en bolsa y emplea a más de medio millón de personas. 

[...] El caso puso en evidencia que el esquema de Amazon es un desafío para el comercio tradicional al que es difícil enfrentarse. En 2009 adquirió la empresa de venta de zapatos Zappos en estado de quiebra, tras utilizar una política agresiva de bajada de precios. Mismo método utilizado con la empresa de venta de productos de bebé Diapers.com, que se negó a ser comprada por Amazon y tras iniciar una guerra de precios de los productos diapers por debajo de costes de producción fue finalmente vendida a Amazon.

Hoy Amazon domina el 46% del comercio online de Estados Unidos. Una posición que no solo amenaza a las grandes empresas distribuidoras, sino también a las tiendas. Entre 2005 y 2015, en Estados Unidos han cerrado 85.000 pequeñas tiendas, incapaces de competir en costes al tener que afrontar individualmente una infraestructura física (local), costes laborales (empleados) y fiscales (impuestos sobre inmuebles, productos, facturación y beneficios).

Uno de los productos estrella de Amazon es Prime, el sistema de envío urgente (junto a otros servicios) que es la clave para desestabilizar a la competencia. Su fundamento no es la rentabilidad (produce pérdidas anuales de mil millones de dólares), sino ofrecer un nivel de exigencia al consumidor que termine por fidelizarse en Amazon y desestimar otras opciones más baratas. En 2018 un total de cien millones de personas eran usuarias de Prime. Por su parte, Amazon Logistics ofrece hoy oportunidades de negocio a aquellos que quieran sumarse a su red logística, que agrupa ciento setenta y cinco centros logísticos en todo el mundo y ciento cincuenta millones de metros cuadrados. La empresa suma más de cien mil repartidores y señala que para ser distribuidor solo se necesita una inversión inicial de diez mil dólares que cubra el alquiler de la furgoneta, el seguro y el resto de los gastos. Amazon garantiza que «los propietarios individuales pueden crear su negocio sabiendo que van a tener el volumen de entregas de Amazon», y promete un negocio que puede crecer hasta facturar trescientos mil dólares al año. En requisito para Amazon es que la empresa colaboradora se haga cargo de todos los costes laborales, mientras que ellos ponen a disposición «la tecnología y la experiencia logística», y la obtención de un certificado como «Delivery Service Partner». La consecuencia de subcontratar a los repartidores supone circunscribir la responsabilidad de posibles accidentes a las empresas contratadas. La empresa también cuenta con un servicio de contratación temporal de conductores a través de Amazon Flex.

En España, los accidentes de tráfico de vehículos de transporte ligero se han disparado con el boom del comercio online. Según la Dirección General de Tráfico (DGT), entre 2012 y 2017 el número de accidentes aumentaron un 50%, y en autovías y autopistas la subida ha sido de más del 100%. Los afectados por accidentes de tráfico de estos vehículos han subido a seis mil, un nivel récord desde 2003. Cumplir con los tiempos y entregar el mayor número de paquetes es un objetivo fundamental de las empresas contratadas, algo que obliga a estirar las jornadas de trabajo y los días laborables. La siniestralidad es uno de los elementos que pueden haber llevado a Amazon a apostar por la conducción autónoma a través de drones o los llamados «coches autónomos», sector en el cual Amazon es pionero.

José R. Ayllón (Ética Actualizada)

Posverdad y fake news

Nuestro tiempo posmoderno —tan bien descrito por Bauman y Lipovetsky— es relativista, declaró superada la verdad y se instala en la posverdad. En 2016, posverdad fue elegida palabra del año por el Oxford English Dictionary, donde leemos que se trata de una predisposición a poner los sentimientos y las convicciones personales por encima de los hechos. Eso fue lo que determinó, según parece, la controvertida victoria de Donald Trump y del Brexit. Orwell, profético en su novela distópica 1984, describe el clima de posverdad cuando el término todavía no se había acuñado. Darío Villanueva, director de la Real Academia Española entre 2014 y 2019, la aborda con clarividencia en el artículo 174 de Nueva Revista:

La post-truth se nutre básicamente de las llamadas fake news, falsedades difundidas a propósito para desinformar a la ciudadanía con el designio de obtener réditos económicos o políticos. Eso es lo que con una precisión y economía lingüística admirables nuestra lengua denomina bulo: "Noticia falsa propalada con algún fin", según reza el diccionario.

Una falacia posmoderna —pensar que todas las opiniones son igual de respetables y valiosas— ha facilitado el auge de la posverdad. Esa falacia arraiga y crece fácilmente en un mundo donde la sobredosis de información hace que todo nos parezca confuso, profuso y difuso. La posverdad proporciona una tabla de salvación en medio de ese caos, nos brinda un mecanismo psicológico de defensa, la ilusión de saber a qué atenernos. Por eso aparece en cuestiones tan abiertas como el cambio climático, el feminismo o la inmigración, donde la ideología ayuda a tomar postura ante problemas que se nos escapan. Pero la ideología simplifica, distorsiona y barre para casa. Ya lo había dicho Nietzsche: no hay verdades; solo interpretaciones.

La situación descrita parece tan vieja como la humanidad. Tucídides observó que la primera víctima de toda guerra es la verdad. Maquiavelo no tiene empacho en afirmar que un gobernante prudente no puede ni debe mantener la palabra dada, cuando tal cumplimiento redunda en perjuicio propio y cuando han desaparecido ya los motivos que le obligaron a darla. Según Hannah Arendt, el "estar en guerra con la verdad" va implícito en la naturaleza de la política, definida en su día por Disraeli como "el arte de gobernar a la humanidad mediante el engaño".

Cervantes, por boca de don Quijote, nos previene contra la legión de encantadores que constantemente nos engañan. Sin duda habría aplaudido el magnífico libro Imperiofobia y Leyenda Negra, de María Elvira Roca. Entre sus innumerables ejemplos de manipulación, relativos a cinco siglos de historia de Occidente, encontramos el conocido casus belli que acabó con las últimas posesiones de España en América. 

Víctima de guerra, la verdad es también la primera víctima en la era digital, donde comprobamos a diario la proliferación de fake news, y se nos hace patente que los seres humanos somos "animales pirateables", pues las redes sociales adaptan y personalizan sus mensajes gracias a la información que nosotros mismos facilitamos. 

Decíamos que nada es nuevo bajo el sol. El el diario El País, en 2017, Julio Llamazares afirmaba con desparpajo que "la posverdad no es una forma de verdad, es la mentira de toda la vida". Pero es preciso añadir que la situación actual presenta dos preocupantes novedades: la amplia aceptación social de la mentira y el porcentaje creciente de los que mienten, pues convierten los casos puntuales en epidemia. 


La eutanasia

La opinión pública admite de buen grado que el primer derecho humano es el respeto a la vida. Al mismo tiempo cuestiona o niega ese derecho cuando se trata de enfermos incurables, deficientes mentales, minusválidos o embriones. A diferencia de la opinión pública, los profesionales de la salud suelen ser contrarios a las excepciones. El Código Español de Ética y Deontología Médica, en su artículo 28.1, es muy claro:

El médico nunca provocará intencionalmente la muerte de un paciente ni por propia decisión, ni cuando el enfermo o sus allegados lo soliciten, ni por ninguna otra exigencia. La eutanasia u homicidio por compasión es contraria a la ética médica. 

La palabra eutanasia está compuesta de dos términos griego: eu (buena) y thánatos (muerte). Significa causar directamente la muerte, sin dolor, a un enfermo incurable, a personas minusválidas o ancianas. Si se lleva a cabo mediante intervención médica, de ordinario administrando un fármaco, se llama eutanasia positiva. Existe también la eutanasia negativa, que consiste en la omisión de los medios ordinarios para mantener la vida del enfermo. Si la eutanasia es provocada por el propio sujeto se califica de suicida, y si busca eliminar de la sociedad a personas con una vida "sin valor", estamos ante una eutanasia eugenésica, como la practicada por los nazis con el fin de "purificar" la raza aria. 

Media docena de países (2019) han despenalizado la eutanasia. En otros se discute su posibilidad, a pesar de que en ninguno es percibida como prioridad por los ciudadanos. Sin demanda social, parece que estamos ante un caso de agenda ideológica. Tampoco la demanda justificaría la despenalización, pues el respeto a la vida es una cuestión prepolítica que debe estar blindada, no sujeta a votación. Cualquier marino sabe que una pequeña grieta en el casco puede acabar en hundimiento.

La tradición hipocrática en la que hunde sus raíces la medicina ha rechazado siempre, de forma taxativa, la utilización de la ciencia médica para causar la muerte. El artículo citado condena sin atenuantes ni excepciones la eutanasia, por ser objetivamente un homicidio, aunque subjetivamente se haya ejecutado por compasión. Y es que ningún sentimiento, por bueno y comprensible que sea, nos autoriza a eliminar una vida humana. Se debe legislar con buenas razones, no con buenos sentimientos. Y las leyes regulan conductas comunes que pueden ser tipificables. Los casos límite, particularmente dolorosos, en los que se dispensa la muerte no necesitan una ley despenalizadora, pues un juicio justo contemplará las circunstancias atenuantes o eximentes. 

Al código penal le atañe toda muerte producida a una persona por la mano de otra. De lo contrario, la supuesta compasión sería la más eficaz de las coartadas. No puede quedar fuera del código penal ningún tipo de homicidio, y la eutanasia los es.

Con frecuencia se plantea la cuestión como un dilema: sufrimiento o eutanasi. Pero el dilema deja de existir si somos capaces de aplicar unos cuidados paliativos que minimicen los padecimientos del enfermo hasta su muerte natural. Suprimir la vida en condiciones desesperadas es una reacción de huida comprensible, pero de huida al fin y al cabo. En cambio, luchar para evitar esas condiciones es un deber moral. 

Elettra Stimilli (Deuda y culpa)

ENTRE TEOLOGÍA POLÍTICA Y TEOLOGÍA ECONÓMICA

Más allá de los límites de la ciencia económica 

El predominio de la economía en todos los ámbitos de la vida política y social al que hemos asistido en los últimos treinta años lleva a reflexionar sobre la inédita relación que este proceder ha instaurado entre las modalidades de existencia de los individuos y la gestión económica global. No es que esta relación no existiera también en el pasado; la economía capitalista ha instituido siempre un íntimo vínculo con la vida individual, antes basado fundamentalmente en la explotación de capacidades específicas en forma de trabajo. Lo que hoy ha cambiado sustancialmente es el hecho de que entran en consideración no solo, y no únicamente, prestaciones específicas, sino la vida entera y la misma capacidad humana de dar valor a la vida. Este fenómeno es particularmente evidente en el actual proceso de financiarización de la economía.

Como sostiene el sociólogo Luciano Gallino, en los últimos tiempos hemos asistido al desarrollo de una «megamáquina» construida con «el objetivo de maximizar y acumular, en forma de capital y a la vez de poder, el valor extraíble del mayor número posible de seres humanos». El aspecto inédito de esta nueva forma de «extracción de valor» es el hecho de que «tiende a abarcar cada momento y cada aspecto de la existencia». Su fuerza y su éxito no se deben «a una economía que con sus innovaciones ha transformado la política, sino una política que ha identificado sus propios fines con los de la economía financiera».

Como máquina social, el capitalismo financiero ha superado todas las formas anteriores [...], debido a su extensión planetaria y a su penetración capilar en todos los subsistemas sociales y en todos los estratos de la sociedad, de la naturaleza y de la persona.

Por un lado, las operaciones económicas han alcanzado hoy un grado extremo de abstracción y son cada vez más dependientes de transacciones financieras que determinan el curso del mundo de una manera aparentemente autónoma con respecto a la economía real y las existencias individuales. Pero, por otro lado, invertir en la vida de los individuos es el objetivo central de las nuevas formas de espíritu emprendedor, que han caracterizado el giro neoliberal y el proceso de financiarización de la economía.

Lo que ha permitido a esta «megamáquina» funcionar de manera tan ramificada es justamente la estrecha relación instaurada con las vida de las personas. Condición imprescindible de este fenómeno es que la empresa —la empresa capitalista— ocupe el centro de todas las relaciones sociales, individualizándose en la forma de «empresa de sí mismos». Los individuos han sido inmersos en el proceso de extracción de valor, que es el punto de partida de la máquina capitalista, mediante una inversión sobre su misma existencia. A pesar del nivel extremo de abstracción alcanzado por las operaciones económicas que determinan la economía mundial y paralelamente con el vínculo cada vez más estrecho que se ha instaurado entre empresas y mercado financiero, la creciente incidencia de las finanzas en los mercados se conecta profundamente con el ritmo de la vida de las personas concebidas como «capital humano» y «empresa de sí mismas». La distinción entre economía real y economía financiera, en la que se basa gran parte de los estudios en este terreno, parece hoy muy problemática. Pero sobre todo pasan a primer plano elementos antes subvalorados o en todo caso considerados secundarios en el desarrollo de los procesos económicos. 

[...] El predominio de los mercados financieros sobre los gobiernos estatales es particularmente evidente en las políticas neoliberales relativas a la financiarización de las deudas soberanas. Fenómeno particularmente evidente en la actualidad en la Unión Europea, donde el proceso de financiarización de las deudas públicas de cada uno de los Estados se ha sancionado a menudo con tratados. Después del tratado de Maastricht de 1992, por ejemplo, los bancos centrales no pueden financiar directamente a los miembros de la Unión, que han de encontrar así en los mercados quién los financie. 

En este sentido, para los regulacionistas, el problema no es propiamente el relativo a la cuantía de la deuda pública, porque los Estados, en efecto, no pueden no endeudarse para ofrecer servicios y favorecer el desarrollo; la cuestión está, según ellos, en que con el predominio de los mercados financieros promovidos por las políticas neoliberales se debilita el papel regulador de los Estados nacionales. Estos pasan a ser sujetos económicos entre otros muchos, agentes económicos constantemente en déficit. Como se lee en el manifiesto de los economistas aterrorizados, «los Estados, por naturaleza supuestamente derrochadores», se han sometido «a la disciplina de los mercados financieros por naturaleza implícitamente eficientes y omniscientes». 

La perspectiva de los regulacionistas, aunque convincente en muchos puntos, quizá no tiene en cuenta de modo suficiente el papel activo desempeñado por los Estados en el giro neoliberal, su transformación en Estados generenciales y su participación directa en la implicación de las «empresas capitalistas» en los mercados financieros, de manera que en los últimos años hemos asistido prácticamente a una fusión entre empresas y finanzas con la participación de las mismas instituciones estatales.

Otro asunto que tal vez se subestima en la escuela de la regularización concierne al predominio de la deuda privada —origen del colapso de Estados Unidos en 2008 y de la propagación de la crisis por todo el planeta—, que ha precedido al problema de la deuda pública en los países miembros de la Unión Europea, distorsionando de alguna manera el sentido de este último o pasando tal vez definitivamente a un primer plano el papel en la vida económica. Para intentar reflexionar sobre estos puntos y profundizar en la cuestión sobre la relación entre economía y religión, de donde hemos partido, es particularmente útil una confrontación con los estudios de la Escuela de Regulación especialmente dedicados a la deuda.

R.R. Reno (El retorno de los dioses fuertes) Nacionalismo, populismo y el futuro de Occidente

La obra de Gianni Vattimo cayó en mis manos hace más de doce años. Aquello fue una bendición, porque me ha ayudado a ver la lógica subyacente al consenso cultural dominante, que cada día encuentro más disfuncional y represivo. Vattimo toma las ideas culturales y económicas de reconstrucción de Occidente, planteadas como respuesta al desastre civilizacional que acaeció entre 1914 y 1945, y las transforma en un «destino antimetafísico>>. Y no se equivoca, al menos en lo tocante a las décadas recientes. El debilitamiento ha sido la trayectoria del Occidente de la posguerra, en especial desde 1989. El consenso de la posguerra que quedado calcificado en una serie de dogmas aperturistas, hasta tal punto que algunos líderes europeos y estadounidenses se las ven y se las desean para articular una justificación socialmente respetable para los controles fronterizos y las leyes de inmigración que hasta hace sólo una generación eran de sentido común. El debilitamiento del Ser se ha convertido en la forma de pensar obligatoria. El consenso de la posguerra es incapaz de imaginar siquiera su propio fracaso, su propia contingencia. Se imagina así mismo como la forma última, esencial y perfecta de nuestra tradición liberal, como la culminación de los logros de la modernidad... como nuestro «destino».

Aunque Burnham escribió Suicide of the West como una polémica contra el liberalismo de su tiempo, hoy el libro se entiende mejor como una advertencia contra los peligros debilitadores del consenso de la posguerra. Estaba de acuerdo con la premisa mayor del consenso: debemos resistirnos al totalitarismo en todas sus variantes. Pero Burnham intuía que, tomado de forma aislada, el liberalismo de la «apertura» (Popper) conduce a la disolución de las energías colectivas y al debilitamiento de las lealtades fuertes y aglutinantes. Lo mismo puede decirse del amor por el «orden espontáneo» (Hayek) que caracterizaba al movimiento conservador del que Burnham formaba parte. Como él señaló, muchos de los liberales de su tiempo eran anti-anticomunistas. Luchaban ardientemente contra todo lo «fuerte», incluso contra las críticas fuertes al comunismo, que rechazaban sobre la premisa de que toda convicción firme llevaba en sí el germen de la personalidad autoritaria. En sustitución de las lealtades tradicionales a «Dios, el rey, el honor y la patria», y del «sentido del deber absoluto y la visión exaltada del sentido de la historia», el liberalismo «propone un repertorio de abstracciones deslucidas y exangües». Se nos invita a unirnos en defensa del «diálogo», de las Naciones Unidas, del «progreso», y de tal o cual proyecto del moderno estado del bienestar. ¿Es entonces sorprendente, se pregunta, que algunas personas digan eso de better red dead? Solo un tonto es capaz de morir por sus pequeñas cosas y sus «pequeños mundos», por una mayor utilidad o eficiencia, o por bienes procedimentales como el «debate libre y abiertos». 

Burnham era un conservador americano, lo cual significa que pretendía defender la tradición liberal americana, ampliamente entendida. A principios de la década de 1960, no obstante, articuló la intuición certera y esencial de que ninguna cultura puede sobrevivir sin dioses fuertes. Esto es tan aplicable a una sociedad abierta como a una sociedad tradicional. Una sociedad vive de respuestas, y no sólo de preguntas: de convicciones, y no de meras opiniones. La crisis política y cultural que caracteriza hoy a Occidente es el resultado de nuestra negativa a —o acaso a nuestra incapacidad para— honrar a los dioses fuertes que infunden valor e inspiran lealtad. Estamos sometidos al martilleo cada vez más intenso y estridente de que el «juicio crítico» es el sumo bien y la «diversidad es nuestra fuerza. Nos dicen que el debilitamiento, la dispersión, el desencantamiento y todos sus parientes sirven al bien común porque impiden el retorno de Hitler.

Pero no estamos en 1945. Nuestras sociedades no se ven amenazadas por organizaciones paramilitares impulsadas por ideologías enérgicas. No nos enfrentamos a un adversario que ambiciona conquistar el mundo. Las tentaciones totalitarias, en la medida en que están hoy presentes en Occidente, surgen en el seno de un consenso de la posguerra que se encuentra bajo asedio y se está volviendo cada día más punitivo el ascenso del populismo político y su rebelión contra los dogmas de la apertura. Nuestros problemas son la antítesis de los que hubieron de enfrentar los hombres que marcharon a la guerra para detener a Hitler. Estamos amenazados por un vacío espiritual y por la apatía, que es su consecuencia. La cultura política de Occidente se ha vuelto políticamente inerte, quedando reducida a la gestión tecnocrática de utilidades privadas y libertades personales. La terrible amenaza que nos acecha es una sociedad en disolución, no una sociedad cerrada; es la personalidad terapéutica, no la autoritaria.

Esteban Hernández (Así empieza todo) La guerra oculta del siglo XXI

LOS ANGLOSAJONES MARCAN EL CAMINO

Las repercusiones de este desanclaje son de todo orden, pero quizá las menos subrayadas sean las que afectan a las élites. La arquitectura global incluía un acuerdo tácito entre las clases con más recursos de las grandes urbes, ya que favorecía el desarrollo de su posición: era una organización económica que permitía espacio para todos. Los vínculos crecientes entre países abrían mercados, debilitaban las posiciones de cierre nacional y producían crecimiento en una dirección de la que podían sacar mucho partido. Las grandes empresas buscaban la expansión en el exterior, encontraban fácilmente financiación para ese objetivo y las rentabilidades financieras eran elevadas. Ese conjunto de factores ligaba a las élites nacionales a una comunidad global en la que su prosperidad parecía asegurada. Pero eso, cuando Estados Unidos y el Reino Unido dieron el golpe en el tablero, las élites occidentales percibieron rápido la amenaza: la alianza se había roto.

El desacople anglosajón significaba más que el regreso de los aranceles o la insistencia en la conversión de las fábricas nacionales. Era, ante todo, la ruptura de ese consenso que establecía que el reparto de los beneficios se realizaría de una manera amplia: implicaba que el país hegemónico y los centros financieros anglosajones iban a ser mucho menos generosos con sus socios. Los intentos de descarrilar a Trump o al Brexit fueron infructuosos, cuando no contraproducentes, y las ideas globalistas fueron declinando a la par que Estados Unidos fortalecía su posición. La aparición de China había cambiado todo, ya que suponía una competencia seria al dominio de las élites occidentales sin necesidad de que entraran en juego elementos ideológicos: no había otro modelo de Estado al final del horizonte, sino una pelea evidente por la influencia y los recursos entre las dos grandes potencias. La penetración china suponía menos fortaleza estadounidense, y por lo tanto una disminución de los beneficios para sus empresas, con lo que Trump respondió con la fórmula típica de nuestro sistema, repercutiendo las hacia abajo. Su discurso sobre la falta de solidaridad internacional fue a la par de una presión cada vez mayor por captar más recursos y más poder; es decir, por restárselo a sus antiguos aliados, ya que no podía minar sustancialmente al régimen de Xi Jinping. 

Estados Unidos ha ligado ya la idea de su supervivencia hegemónica a la lucha contra el país dominante en Asia, una postura asumida por republicanos y demócratas. La insistencia en la relocalización de las fábricas para reducir la dependencia en los recursos estratégicos y para fortalecer la economía interior se ha acompañado de una campaña exterior agresiva para alejar a China de países aliados en los que está penetrando en exceso como ocurre con Alemania, y para expandir al máximo sus empresas. Mucho más que en el terreno productivo, Estados Unidos es fuerte en el ámbito financiero, ya que sus fondos son los más poderosos del mundo, y en el tecnológico, donde cuenta con gigantes como Google, Apple, Microsoft, Facebook o Amazon, además de con un buen puñado de firmas con posibilidades, desde Uber hasta Netflix, y es en esos terrenos donde presiona para que se abran otros mercados. 

[...] Reforzar lo interno para fortalecerse exteriormente, como está haciendo Estados Unidos, supone convertir lo geográfico en dominante, lo que obliga a poner el énfasis en aspectos distintos de los precedentes. Obliga a formular muchas preguntas acerca de qué ocurrirá en el plano internacional, de quiénes y en qué condiciones serán sus aliados, y a plantearse qué hacer con los perdedores. Las respuestas son necesariamente ambiguas. Esas preguntas se trasladan hacia la parte de debajo de la estructura y provocan contradicciones sustanciales. El ejemplo de las grandes empresas nacionales las ilustra a la perfección. Su regreso a la lógica territorial supone deshacer las cadenas de valor globales, lo que conduce a una disminución de los beneficios. Al mismo tiempo, esa clase de empresas estuvieron dominadas por un valor esencial, el de la cohesión y la lealtad, que se conseguía mediante una mezcla de retribuciones compensadas y estabilidad laboral para sus empleados. En las firmas contemporáneas, por el  contrario, las virtudes esenciales son la delgadez y la flexibilidad, ya que a corto plazo es prioritario y los proyectos estratégicos son cambiantes. Girar de un lado a otro no es nada sencillo, porque implica rehacer su estructura de nuevo. El patriotismo que se les exige mediante la relocalización es lo suficientemente costoso como para que lo acepten de palabra, pero encuentran muchas dificultades para llevarlo a la práctica. 

Estas contradicciones operan también en el plano de las élites nacionales, que no ven adecuado renunciar a las ventajas que les había traído la globalización, y también en el de las grandes ciudades, que esperan que su desarrollo siga teniendo lugar gracias a las interconexiones con el resto de las megaurbes. Regresar al plano territorial implicaría tejer una sociedad más cohesiva en lo social y en lo regional, lo que supondría una pérdida de recursos significativa para las clases y las ciudades que salieron beneficiadas de la anterior arquitectura global, por lo que no están dispuestas a ello, a pesar de que el nuevo escenario les resulta desfavorable.

La manera de solucionar esta encrucijada, hasta la fecha, ha sido retórica: ha consistido en reconocer los problemas y tejer discursos reparadores, que van desde la necesidad de recuperar el empleo nacional, del lado de Trump, hasta poner en marcha el Green New Deal como remedio a la falta de trabajo, desde el mundo progresista, pero sin efectos prácticos, porque las medidas que irían en una nueva dirección no son las que se están tomando. Dar un giro a la política vuelve a poner encima de la mesa todo aquello que se había olvidado, que se entendía prescindible y no se sabe cómo recuperar. Todo esto tiene serias consecuencias, en especial en lo que respecta a los recursos y al poder de que disponen los habitantes de los países occidentales. O, por decirlo de otra manera, cambia muchas cosas en el terreno de las clases sociales. 

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