José Luis Abellán (Historia del pensamiento español) de Séneca a nuestros días


En lo que se refiere al origen de nuestro conocimiento, debemos destacar la teoría de las anticipaciones, de gran trascendencia en su pensamiento y en la posterior influencia de éste. Llama Vives <<anticipación>> a una serie de informaciones naturales que recibimos directamente de la Naturaleza o, mejor dicho, de la existencia sensible. No son, pues, ideas innatas, ni pueden confundirse con ningún tipo de platonismo o apriorismo; son huellas indelebles que la experiencia corporal deposita en nosotros desde el primer momento y van a servir de base a nuestro conocimiento posterior. Vives las llama semillas del saber y afirma así la primacía del espíritu frente a las cosas en la actividad cognitiva.
Esta teoría de las anticipaciones le llevará a otra de sus doctrinas características, que es la del sentido común.


Walter Pater (Mario el Epicúreo)

Ésas fueron las conclusiones prácticas a las que llegó Mario por sí mismo, cuando algo más tarde abandonó la autoridad de los demás, a partir del principio de que <<todo es vanidad>>. Si no podía contar más que con el presente, si en el mejor de los casos una vida breve no puede conducir a ningún lugar fuera de sí misma, si la más elevada curiosidad de los hombres se ve tan persistentemente estorbada, entonces, como los cirenaicos de todas las edades, al menos, llenaría la medida de ese presente con sensaciones vivas y con esas aprehensiones intelectuales que, por la fuerza, la dirección y los valores inmediatamente entendidos de una experiencia real, son en su mayor parte igual que las sensaciones. Así han hablado algunos en todas las épocas, pues este tipo de reflexión es una tradición constante en la filosofía, al igual que todas las teorías que expresan realmente una poderosa tendencia natural de la mente humana, o incluso algunas de sus debilidades características.

François Furet y otros ( El hombre romántico)

El trabajador
Sidney Pollard

El necesario control sobre grandes números de trabajadores en las fábricas y lujares semejantes llevó a la imposición de una dura disciplina que cayó pesadamente sobre las primeras generaciones de obreros fabriles. Se imponían castigos no sólo por llegar tarde al trabajo, sino también por hablar o silbar, por insubordinación y por otras faltas que hasta entonces habían sido desconocidas para el trabajador. Los castigos eran especialmente brutales para los niños y producían especial agravio al no ser impartido por los padres, que hubieran mostrado algún cariño al castigar, sino por completos desconocidos cuyos ingresos dependían en gran parte del volumen de trabajo que pudieran extraer de los niños a su servicio.

José Rafael Hernández Arias (Nietzche y las nuevas utopías)

En las utopías actuales, la técnica ya no se puede entender como la consecuencia de una carencia estructural antropológica, más bien la aceleración en el ámbito de la técnica se debe a una novedosa cualidad de la conciencia que aspira a la creación de una nueva humanidad que se asegure el control de la naturaleza y del futuro. Una vez que ha perdido la confianza en un orden cósmico, el hombre se ve condenado a superarse continuamente y a expandir su poder en todas las direcciones para cubrir el vació metafísico. En este caso, la ideología tecnocrática surge de una extremada impaciencia con los procesos naturales, eso implica una neutralidad moral ante los experimentos y una obsesión por alcanzar sus objetivos en el menor tiempo posible. Como defecto principal, la técnica pierde su neutralidad, se erige en un sistema que domina al hombre, obligándole a que se adapte a las nuevas necesidades, pero no a las <<suyas>>, sino a las de la <<técnica>>. Lo que hoy aún puede parecer una relación equilibrada entre la técnica y el ser humano oculta un proceso por el cual el hombre se hace superfluo, sustituible; en realidad sólo la técnica es libre, no el hombre, cuya existencia se ve determinada <<esencialmente>> por el mundo técnico.

Azorín (La voluntad)

En la placidez de este anochecer de agosto, Yuste y Azorín pasean por el tortuoso camino viejo de Caudete. El cielo se ensombrece poco a poco; comienzan a titilear las estrellas; una campanada toca el Angelus. Y a lo lejos un cuclillo repite su nota intercadente...
Yuste se para y dice:
- Azorín, la propiedad es el mal... En ella está basada la sociedad actual. Y puesto que a su vez la propiedad está basada en la fuerza y tiene su origen en la fuerza, nada más natural, nada más justo, nada más humano que destruir la propiedad...
Azorín escucha silencioso al maestro. Yuste prosigue: -La propiedad es el mal... Se buscarán en vano soluciones al problema eterno. Si el medio no cambia, no cambia el hombre... Y el medio es la vivienda, la alimentación, la higiene, el traje, el reposo, el trabajo, los placeres. Cambiemos el medio, hagamos que todo eso, el trabajo y el placer, sea pleno, gustoso, espontáneo, y cambiará el hombre. Y si sus pasiones son ahora destructivas -en este medio odioso- serán entonces creadoras -en otro medio saludable... No cabe hablar del problema social: no lo hay. Existe dolor en los unos y placer en los otros, porque existe un medio que a aquéllos es adverso y a éstos favorable... La fuerza mantiene este medio. Y de la fuerza brota la propiedad, y de la propiedad el Estado, el ejército, el matrimonio, la moral.
Azorín replica:
- Un medio de bienestar para todos supone una igualdad, y esa igualdad...

Konrad Lorenz (Los ocho pecados mortales de la humanidad civilizada)

Una de las perniciosas repercusiones de la prisa ansiosa -o quizá del miedo que genera esa prisa- es la confesa incapacidad de los hombres modernos para estar solos consigo mismo, aunque sea por breves momentos. Evitan toda posibilidad de introspección y de recogimiento con una diligencia angustiosa, como si temieran que la reflexión fuera a ponerles delante una imagen de sí mismos poco agradable, parecida a aquella que Oscar Wilde describe en su clásica novela de horror El retrato de Dorian Gray.

Ernesto Sabato (La Resistencia) Una reflexión contra la globalización, la clonación, la masificación


Las dificultades de la vida moderna, el desempleo y la superpoblación han llevado al hombre a una dramática preocupación por lo económico. Así como en la guerra la vida se debate entre ser soldado o estar herido en algún hospital, en nuestros países, para infinidad de personas, la vida está limitada a ser trabajador de horario completo o quedar excluido. Es grande la orfandad que cunde en las ciudades; la gran soledad de la persona original, es una de las tragedias del vértigo y de la eficiencia.
La primera tragedia que debe ser urgentemente reparada es la desvalorización del sí mismo que siente el hombre, y que conforma el paso previo al sometimiento y a la masificación. Hoy el hombre nos se siente un pecador, se cree un engranaje, lo que es trágicamente peor. Y esta profanación puede ser únicamente sanada con la mirada que cada uno dirige a los demás, no para evaluar los méritos de su realización personal ni analizar cualquiera de sus actos. Es un abrazo el que nos puede dar gozo de pertenecer a una obra grande que a todos nos incluya.

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